5/20/2015

Tánger, memoria congelada



Decía el inolvidable amigo Emilio Sanz que Tánger puede ser contada de mil maneras. Lo demuestra la existencia de libros, estudios, y sitios web sobre la ciudad. La memoria, ahora congelada, se renueva y con frecuencia se inventa. Tánger, como tema literario, resulta inagotable porque la historia restituida es a veces real, a veces exagerada, y con frecuencia inventada. Su atractivo reside en que la restitución presenta a una ciudad en la que todo ser humano desearía poder vivir.

Tánger resurge como utopía de libertad, trabajo, bienestar, justicia, respeto entre seres de culturas diferentes, algo que si "non e vero e ben trovato". Es el Tánger congelado hasta los años sesenta, cuando la Zona Internacional se integró en el Marruecos que había recuperado su independencia en 1956. 

En ese periodo dos guerras europeas y otra civil española, y dos terribles totalitarismos, el comunismo al Este y el fascismo al Oeste, asolaron a Europa y dividieron a los europeos hasta tiempos muy recientes. Gracias a su estatuto internacional, Tánger y sus habitantes vivieron en una especie de limbo al cual las guerras solo llegaban a través de quienes se refugiaron en la ciudad para salvar sus vidas y, en muchos casos, sus fortunas. Fue el primer gran paraíso fiscal del Mediterráneo occidental, lo cual no evitó que la mayoría de tangerinos, marroquíes, españoles y europeos, y judíos, vivíeran muy modestamente y a veces en la pobreza.



El dinero, el primer desertor en toda contienda, llegó a Tánger y muchas fortunas especularon con las necesidades de los beligerantes. Eso trajo un periodo de excepcional prosperidad muy desigualmente repartida. La seguridad y la bonanza temporal convirtió a Tánger en un objeto del deseo para muchos de aquellos que sufrían persecución por sus ideas políticas, por su raza o confesión, y por lo que los místicos llamaron “inclinaciones del alma”.

Más  cerca de Tarifa, Algeciras, Cádiz y Málaga, que de Fez, Marrakech o Mequinez, y lugar inevitable de tránsito en las migraciones históricas Este-Oeste, Norte-Sur y Sur-Norte, Tánger fue siempre internacional en la práctica. Hoy la ciudad vive una realidad política y administrativa diferente. Cultivar aquella memoria congelada merece todo el apoyo aunque solo sea porque como podía haber escrito Jorge Manrique, a veces el tiempo pasado puede haber sido mejor.