5/16/2013

Desde la terraza del Hotel Fuentes

Artículo de Alfonso Fuentes sobre la vida de su familia,  entre ellos el famoso pintor Antonio Fuentes, y del no menos famoso Hotel Fuentes,
Por Alfonso Fuentes, 2013

Llegó la hora. Llegó el día tanto tiempo temido, retrasado y evitado, cuando todos sabemos que no se puede evitar lo inevitable. Hoy tengo que cerrar el hotel que más de medio siglo atrás abrió mi padre. Medio siglo en el que mi padre, el hotel y el Zoco Chico de Tánger compartieron vida e Historia. Se acabó ya. Desde primera hora de la mañana hemos ido cerrando las habitaciones. Luego, desmontado la cocina para que el chatarrero se lleve todos los cacharros y ahora recogiendo la plata que se ha tenido que vender para pagar las deudas.

Ya me voy.

No, Kiki. Todavía no. Ven al salón .

Una voz de hombre me llamaba. Igual Antonio andaba todavía por aquí. Con él nunca se sabe.

Al entrar en el salón me encontré no a mi hermano Antonio, sino a otro Antonio, mi padre, muerto muchos años atrás. Estaba de pie, al fondo, frente al gran espejo que era la única pieza que se mantenía del mobiliario original y que por sus dimensiones no pudimos vender. Su figura se reflejaba en el cristal. Su presencia no me desconcertó en absoluto, como si los dos estuviéramos en un espacio donde todo coincide, el ahora, el ayer y el mañana.

Me acerqué con toda naturalidad, sin necesidad de expresar nada, ni sorpresa, ni alegría, ni por supuesto temor, viviendo solamente eso, la naturalidad de los cariños que se encuentran.

Al morirse él, empezó la decadencia del hotel. Coincidió con el cambio que el Zoco Chico estaba viviendo. De ser el centro comercial de la pequeña ciudad árabe que fue en el siglo XIX, pasó a ser el centro financiero y diplomático de la ciudad ya internacional, para acabar siendo lo que es hoy, el centro de la vieja ciudad que se ha visto desplazado por la ampliación de la nueva, hacia la playa y los bulevares. El Zoco Chico es ahora para los extranjeros la anécdota de la ciudad, el sitio que se visita para ver cómo viven y trabajan los locales. El hotel compartió con el Zoco Chico sus años de esplendor, y los dos fueron cambiando a la vez.

El hotel dejó de ser el centro de reunión de la colonia europea, sin saber o poder adaptarse a la nueva realidad. Al Zoco Chico ya no se viene a vivir, a estar, a ver. Ahora a eso se va a otros sitios.

Al morir mi padre, mi hermano Antonio vivía por los cuartos de la azotea, donde se pasaba el día desnudo, pintando hasta las paredes y los techos con el humo de las velas.

Antonia, nuestra muy querida Antonia, que mi madre recogió siendo una niña de una familia gitana recién llegada a Tánger, no quería nunca subir la ropa que mi madre mandaba a Antonio " No señora, que no subo, que Antonio siempre está desnudo .... “ Supongo que además para evitar los requiebros que Antonio le haría. Hasta Apperley quiso retratarla como una " maja flamenca " de lo guapa que era, a lo que ella se negó, sabiendo cómo tendría que posar. Tuvo que ser mi padre quien le dijera a Apperley que no, que mejor no retratar a Antonia.

Antonio se dedicó una temporada a llevar el hotel. Viendo lo que le importaba a Antonio la dirección, me lo pidieron a mí. Y aquí me vine para ir gestionando la decadencia, hasta que las deudas nos obligaron a dejarlo.

Sí Kiki, todo ha cambiado, pero todos los cambios son para bien. Sal conmigo a la terraza .

Salimos los dos y nos encontramos la terraza del Fuentes, pero no la de ahora, sino la terraza que fue muchos años atrás y donde los personajes se solapaban sin la dictadura del tiempo. La transformación no fue inmediata. Más bien era como si la realidad se transformara a medida que mis ojos se posaban en ella.

La terraza estaba llena, y todos nos veían. Allí estaba sentada Alegría en una mesa, guapa como ella sola y dejándose mirar por todos. En otra mesa, las Abrines, ¡ quelle chic ! Y el doctor Cuenca rondando a alguna o a todas ellas. Al final, en tres generaciones reunían dieciséis nacionalidades distintas en la familia, y nunca dejaron de ser tangerinas. Más allá, el duque de Tovar, Alfonso Figueroa, y su hermana, que se negaban a poner los pies en España mientras siguiera Franco y en Tánger se murieron sin volver. El duque donó a la ciudad el Hospital Español y a su muerte, toda su fortuna económica.

Emilio Sanz tenía una reunión en la que discutía con Maître Saurin entre otros la situación actual de la ocupación española, de cómo se habían hecho las cosas. El pobre de Augusto Atalaya, mi cuñado, mantenía como podía las miraditas que desde el Central le echaban sus colegas, pero él por el cariño y respeto que siempre tuvo a su suegro, no dejó nunca de venir al hotel, a sentarse en la mesa de la esquina, con mi madre, con su mujer - mi hermana Maty - y mi hermano Carlos con Anita, rodeados de los niños. Pepe y mi cuñada Encarna Orellana venían poco. Encarna estaba siempre liada con las Damas de la Caridad y sus tómbolas benéficas. Conchi sí venía mucho a ver a mi madre. Todas las tardes nos reuníamos en la terraza, a merendar los fabulosos pasteles de Madame Porte, a ver pasar la gente y a reírnos entre todos. A veces se sentaba con nosotros la genial Mary Carrasco, íntima amiga de mi madre. Sus risotadas se oían por todo el Zoco Chico.

Y Vázquez, pero a él no se le veía. El genial escritor era transparente en Tánger. Al ganar el Premio Planeta, una " señorona " comentó delante de Emilio Sanz de Soto, el gran valedor de Vázquez aquí y en todos lados,
" ¿ Pero estos señores del Planeta no saben que es hijo de Álvaro, el camarero del Hotel Fuentes ?" Como si el hijo de un camarero no pudiera nunca ganar un premio. Efectivamente Álvaro trabajó con nosotros, pero ya bebía y se peleaba con los otros camareros. Parece como si contagiara a su mujer, a su hijo y a su suegra el virus del alcohol. Mi padre tuvo que despedirle por las constantes peleas. Poco después desapareció de Tánger, dejando a la pobre Mariquita sola para defender su familia.

Galdós apareció en la terraza. Salía del salón donde había ofrecido una conferencia. Todos los grandes acontecimientos culturales y políticos de la colonia española se celebraban en el hotel.

Camille Saint - Saëns se asomaba al balcón, respirando los sonidos del Zoco Chico y volviendo a entrar para sentarse al piano del hotel, como para no perder ni una sola de las notas que el zoco le acababa de dictar. Lola Flores se peleaba con Caracol en una esquina, para luego salir corriendo los dos para la habitación que no debían compartir; de repente, los italianos que desembarcaron durante la guerra europea asaltan el hotel, disparando al aire, con el consiguiente abandono de todos salvo mi padre, que se mantiene firme en el salón y al que hieren en un brazo con uno de los disparos perdidos.

El espía que el consulado nos mandó durante la ocupación española se paseaba entre las mesas para ver qué se cocía en ese Hotel Fuentes tan liberal e internacional y se enamoró de mí el pobre. Yo, por defender a la familia, le dejaba coquetear. Nunca se enteró de nada: " Calla, que aquí llega el espía " era una frase que se repetía de mesa en mesa cada vez que aparecía. Sus informes siempre nos fueron favorables. Años después me mandó una carta desde Almendralejo recordando los años del hotel como los mejores de su vida, donde por primera y única vez vivió como vivíamos los tangerinos.

Franco apareció por aquí, pero no volvió, no lo trataba nadie, no tenía ningún allure. Millán - Astray y Varela sí. Estarían muy a la contra del espíritu del hotel, pero las señoras elegantes venían por aquí y ellos eran grandes amadores, como decía la más guapa de las tangerinas que se preciaba de " conocer " a todos los hombres interesantes que se dejaban ver por Tánger.

-Lo de Franco Kiki fue otra cosa. Franco vino por lo de la masonería y ante nuestro rechazo, no volvió nunca, lo que le llevó luego al disparate ese de achacarlo todo a la conspiración judeomasónica. Ten en cuenta que por eso llegamos los tres hermanos Fuentes a Tánger a finales del siglo XIX, comisionados por la logia británica de Gibraltar para atender y ayudar a establecerse a los masones refugiados en Tánger, lo que nos llevó finalmente a abrir el hotel en 1914 tras la expulsión de los alemanes. Compramos el inmueble que fue sede del Correo Alemán en la planta baja y la Oficina Comercial en la primera, a la que añadimos dos plantas más para construir el edificio tal como hoy se mantiene. Al pobre del tío Luis lo secuestraron y mataron los rifeños en 1921 al volver de un viaje a Tetuán. Mi hermano Pepe no estaba muy interesado en el asunto masónico, y yo me convertí en durmiente tras la guerra de España."

" Este que ves en la terraza es el verdadero Tánger y no el de los extranjeros que vienen y van dando tumbos para vivir lo que en sus casa no se atreven.

Tánger no es ni fue ni será el Tánger del que se habla internacionalmente. Todos estos jet setters que vienen por aquí vienen a eso, a no ser tangerinos, sino a vivir Tánger como una excusa, para buscar o encontrar lo que no pueden en otros lados, sin implicarse con la ciudad ni tener con sus gentes ninguna relación, salvo para lo que les interesa. Aburridos de tener lo que buscan, se van, para dejar paso a otros iguales.

De los extranjeros solo se salvan algunos y a su manera. Paul y Jane Bowles que sí hicieron de Tánger su casa, o un David Herbert que se quedó aquí hasta su muerte. De Barbara Hutton para qué hablar. Vivía - o languidecía - en Sidi Hosni como lo hubiese hecho en Saint - Tropez o Bahamas. A este grupo en realidad sólo los conocieron Emilio y Pepe. Compartían con ellos sobre todo el interés por la actualidad cultural, lo que los demás tenemos que reconocer no teníamos. Hablaríamos muchos idiomas, tendríamos buenas profesiones, pero nuestro interés estaba en trabajar y ganar dinero para nuestras familias. Los Truman, Tennesse, Burroughs o los beats ya vinieron para otra cosa. Trabajarían aquí un poco, pero Tánger era su coartada.

Nuestro Tánger Kiki es el de los europeos que vienen a Tánger y se convierten en tangerinos desde el día de su llegada, para trabajar, vivir y educar a sus hijos, para darles una educación única en el mundo, que muchos de los recién llegados no pudieron tener, basada en el respeto al otro, a la diferencia cualquiera que sea.

Tú verás y conocerás otro Tánger, Kiki, ya lo estás viendo y viviendo. Un Tánger donde nosotros nos iremos porque no nos da la oportunidad de seguir viviendo como Tánger nos acostumbró y no sabremos adecuarnos al cambio, un Tánger donde los moros de ahora, que son tangerinos por encima de todo, se convertirán en marroquíes y acabarán por defender el Tánger que fue y que con su propio espíritu convertirán, chouiya chouiya, en otro Tánger. Es el desarrollo normal de la Historia, de la vida, de las familias, ups and downs all the time, y a veces mejor en el down que en el up. Se aprende más. "

De repente mi padre se volvió y salió de la terraza. Al seguirle yo y entrar en el salón ya no estaba. En la imagen del espejo sólo me reflejaba yo. Del esplendor del salón, con los muebles y reposteros del anterior consulado alemán, los sofás de terciopelo rojo, las kentias en grandes maceteros chinos y la plata en todas las mesas no quedaba nada. Solo los cuatro mueblecitos cubiertos por las sábanas que esa misma mañana habíamos puesto.

Todo volvió a la situación que había dejado en el momento que oí que alguien me llamaba.

Gracias papá. Gracias por tu visita y por ayudarme a entender todo esto para lo que no estaba preparada.
Apagué las luces y cerré la puerta del salón. Entré en la habitación de mamá y revisé que estuvier todo en su sito. Se me cruzó por la cabeza la ilusión de verla a ella también, para decirle adiós. No estaba.
No hacía falta. No hacen falta holas o adioses entre nosotros, entre ahoras, ayeres o mañanas.

Salí al Zoco Chico y disfruté del ajetreo de los marroquíes - ahora sí - que hacían lo mismo que generaciones atrás hicimos los europeos. Trabajar, vivir, defender sus familias y defender su ciudad.

Mektoub.




2 comentarios:

  1. Gracias Domingo.
    Abrazos tangerinos.
    Alfonso

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  2. Por un lado me ha encantado la historia, por otra me ha entristecido mucho que lugares como este hotel que tantos años de historia dio a la ciudad, tenga que cerrarse

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