3/16/2013

Reeditan Historia de Tánger de Leopoldo Ceballos


Reseña sobre la reedición del libri de Leopoldo Ceballos, Historia de Tánger, presentada el día 3 de Avril en la Casa ÁRabe por el director del centro, Eduardo López Busquets; el Presidente de editorial Almuzara, Manuel Pmentel; el escritor e historiador, Jacobo Israel Garzón; el periodista Domingo del Pino, y el autor Leopoldo Ceballos.




 Historia de Tánger                                                    
Leopoldo Ceballos
Almuzara (2ª Edición)

En los tiempos de crisis por los que atravesamos publicar un libro ya es una hazaña. Pero lograr una segunda edición en un plazo relativamente breve de tres años, me parece un milagro. La primera Historia de Tánger del buen amigo Leopoldo apareció en 2009 bajo el sello editorial Almuzara. La segunda edición, que acaba de salir a la venta publicada también por Almuzara, al decir de Leopoldo "no cambia nada ni en su estructura ni en su planteamiento" la primera edición, pero incluye, según él también confiesa. "las numerosas sugerencias que he recibido para que corrigiera errores, supliera algunas deficiencias y olvidos, y ampliara algunos contenidos".

Se trata, puedo añadir, ni más ni menos que de un formidable ejercicio de modestia, que periodistas y escritores practicamos poco a pesar de lo mucho que se echan en falta este tipo de actitudes. Dicho esto, creo que afortunadamente, la segunda edición de la Historia de Tánger, mantiene su carácter histórico, la historia es a veces rígida, e incluye una notable aportación de la memoria, la del autor y la colectiva, que en mi opinión es más significativa que la historia formal de documentos y legajos. Me explico: la historia documental, imprescindible desde luego, congela en la escritura lo que debió ser una sociedad, pero no necesariamente lo que fue. La memoria, que ahora ocupa un lugar destacado en el libro de Leopoldo, sirve para restituir en este caso el periodo internacional de Tánger tal como lo vivimos quienes lo disfrutamos, y desde luego cómo lo recordamos.

España es, probablemente, un caso exacerbado de una permanente doble historia de todo lo importante que nos ha ocurrido a lo largo de los siglos. El libro de Leopoldo encierra un esfuerzo de síntesis muy de agradecer, aunque para alguien como yo que llegó como hijo de republicano a Tánger, y que viví muy dentro de ese ambiente de exiliados, algunos episodios que relata Leopoldo, como la ocupación española de la ciudad de 1940 a 1945, o la percepción del significado de Tánger para la política exterior española en ese período, evoca sentimientos más fuertes que los descritos en el libro. De todas maneras, subscribo ese desapasionamiento de la historia, la de Tánger incluida, que muestra Leopoldo, en parte porque una mayoría de españoles de su edad, y de la mía, hemos vivido permanentemente entre dos Españas, si es que las hay.

No me refiero a ese lugar común de las dos Españas políticas simbolizadas en el binomio franquismo-República. Estoy hablando de las dos versiones de una misma realidad en que con frecuencia se debatieron muchas familias españolas. Desde que yo recuerdo, en los anales de mi familia, que hemos remontado hasta  finales de siglo XVI, los varones siempre fueron liberales, anticlericales, Rotarios, esperantistas, y de todas aquellas tendencias a través de las cuales se expresó el amor a la libertad, a la igualdad y a la justicia. Las hembras, en el mismo periodo de tiempo, demostraron una notable constancia articulada alrededor de la Iglesia. Yo he pasado  durante toda mi infancia, sin ningún trauma y sin percatarme de ello, en el mismo día y, en la misma hora, de una España familiar a otra.

Por eso el libro de Leopoldo me resulta tan atractivo porque prescinde de ese aspecto binario de nuestra personalidad y reflexiona sobre el respeto del otro, el reconocimiento de la diferencia como igual, y la importancia que tiene y tuvo en Tánger la creación de riqueza, que es la mejor y tal vez la única forma de poder repartirla. Como corresponsal de prensa he vivido años en casi todas las grandes ciudades multi-confesionales del Mediterráneo y de Oriente. He pasado años en Beirut, en Nicosia, en Alejandria, y en Bagdad y en Damasco, que también son o fueron ciudades multi-confesionales, y me ha tocado ser testigo de la muerte de toda convivencia plural. No he vivido en Israel, pero a nadie escapa la tensión pasada y presente de la convivencia entre comunidades, como parte del fracaso global de las sociedades multiconfeionales. He sido asimismo testigo de la estupidez humana que puede llevar, como en Chipre, para evitar el contacto de confesiones y de razas, a construir dos carreteras paralelas para unir Nicosia con Kyrenia,  una para griego-chipriotas, y otra para turco-chipriotas. Discurrían una por el sector griego y otra por el turco, a menos de diez metros la una de la otra, pero separadas por una valla metálica.

En Tánger la diversidad y la diferencia, la convivencia respetuosa entre la gente de las tres grandes confesiones, no solo no murió nunca sino que las comunidades, que nunca se enfrentaron, supieron crear instituciones de derecho, de beneficencia y solidaridad comunitaria, de jerarquías religiosas y cívicas, como  demuestra el libro de Leopoldo. A la desaparición del régimen internacional de la ciudad a la independencia de Marruecos, se marcharon la mayor parte de los ciudadanos de las dos otras confesiones judía y cristiana, pero aquel espíritu de convivialidad sobrevivió y subsiste en nuestra reconstrucción virtual de la memoria y en la forma de ser tangerina que creo que nos caracteriza allí donde estemos. Tánger sigue pues viva y presente y se presta, como reconocíamos en nuestras conversaciones mi buen amigo Emilio Sanz de Soto y yo, a mil versiones y a mil interpretaciones, todas ellas ciertas. Enhorabuena al autor y al editor por esta segunda edición de la Historia de Tánger.

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