8/10/2012

Persecuciones a los judíos en el reinado de Mulay Yazid

El conde polaco Jean Potocki, un empedernido viajero, estuvo en Marruecos en el año de 1791. A diferencia de otros viajeros que entraban en el Imperio por Tánger, el conde Potocki llegó a Tetuán el 2 de julio de 1791. Su narración del  Imperio, un libro escrito en forma de diario, es una lectura recomendada para todos aquellos aficionados a los relatos de primera mano y por contemporáneos y testigos de los hechos relatados. Lo que sigue es la narración de las persecuciones a los judíos en tiempos del Emperador Mulay Yazid.


Por lo que se refiere a los motivos que han determinado al Emperador a conceder el pillaje, era éste en primer lugar el ánimo de contenta a los montañeses, quienes por precio de todas sus campañas exigían que les dejase "comer ciudades", es decir, saquearlas. Su intención era la de saquear asimismo las casas de los musulmanes, pero éstos estaban resueltos a defenderse, lo que les obligó a desistir de esta parte de sus pretensiones.

En segundo lugar, los judíos disfrutaban bajo el fallecido Emperador de una protección especial. Se habían hecho opulentos, insolentes y odiosos a los ojos de los moros. Así el emperador, al sacrificarlos, hacia una acción popular que complació a mucha gente. Debo añadir sin embargo que todas las personas como es debido de Tetuán, se negaron a comprar los enseres de los judíos puestos a la venta por los soldados, mirándolos como bienes mal adquiridos.

Mohamed Ben Abdelmalek, Caid de Tánger, al haberse malquistado con un judío muy rico llamado Jacob Ben Attal, le acusó de ser espía de los ingleses. El Emperador mandó llamar a Ben Attal a su presencia, lo hizo matar de un disparo de fusil, le cortaron la cabeza y esta fue suspendida a las puertas de Tánger. El judío que llevaba las comisiones de los españoles padeció un fin parecido.

Los cónsules europeos residentes en Tánger, fueron en comisión a Tetuán para presentarse ante el Emperador, quien los recibió muy mal. La memoria no refiere más datos, pero tras haberme informado por otros lados, reproduciré el diálogo de Su Majestad.

El Emperador: ¿Cuál de entre ellos es el Cónsul inglés?
El Caid: Este es.
El Emperador: Soy amigo de los ingleses. ¿Cuál es el Cónsul de los Ragusois?
El Caid: No lo hay y nunca lo ha habido.
El Emperador: Es igual, soy amigo de los Ragusois. ¿Dónde está el Cónsul de España?
El Caid: Este es.
El Emperador: Saldréis de mis estados lo mismo que vuestros negociantes. Os doy seis meses para concluir las cuentas.
El Caid: ¿Y los demás cónsules?
El Emperador: Que se vayan a a cenar con el español.

Tal fue la primera transacción del Emperador con las potencias extranjeras. Sin embargo, algunos días después, el Emperador fue a Tánger donde recibió perfectamente a los mismos cónsules, distinguiendo particularmente al de España, a quien hizo regalo de dos caballos y un leopardo.
El emperador pasó por Larache y fue a Mequinez, donde ordenó saquear a los judíos por los soldados de la tribu Ludaya. Hizo cortar en trozos al judío Bochá que había sido tesorero de su padre e hizo colgar por los pies al judío Ben Skiry y a su yerno.

La memoria no aclara cual era el crimen de estos dos últimos, pero lo supliré con mayor confianza aún puesto que esa historia está en boca de todos. El Emperador era aun muy joven cuando vio a la hija de Ben Skiry, quien estaba ya casada con otro judío.. Ella le agradó; la hizo secuestrar y la forzó a cambia de religión... Ben Skiry fue a quejarse al Emperador de la violencia que su hijo le había hecho y el Príncipe obligo a Mulay Yazid a devolver a su hermosa judía. Éste, al devolverla a Ben Skiry le preguntó cómo había sido tan audaz como para acusarle ante su padre. El judío le respondió: He hecho lo que mi ley me ordenaba hacer. Cuiando seáis Emperador, seréis dueño de hacerme prender.

Hacía tal vez veinte años de aquella escena. pero Mulay Yazid no olvidó. En cuanto estuvo en Mequinez hizo buscar a Ben Skiry y le preguntó si se acordaba de cierta conversación que había tenido en otro tiempo. Ben Skiry respondió que se acordaba perfectamente y que esperaba ser colgado. Efectivamente el
Emperador le hizo colgar por los pies, a la puerta del barrio judío, lo mismo que a su yerno.. El primero vivió nueve días en aquel estado, y el segundo siete.. He oído decir que la mujer fue quemada, pero esto no me atrevería a asegurarlo.

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