5/28/2012

Viajando por el Magreb Hispánico, una lección de erudición de José Edery

Cuántas páginas debe  tener un libro, es algo que ni está ni puede estar establecido de antemano. Entre las 586 páginas de “Viajando por el Magreb. Un intercambio de culturas”, del doctor y querido amigo José Edery,  y las 120 páginas de “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez, tenemos muchos folios de diferencia.  Aunque creo que a la “Crónica” no le falta ni le sobra una sola palabra, la obra monumental de Edery puede que necesite unos capítulos más.


Por Domingo del Pino Gutiérrez


No es que el relato no tenga intrínsecamente estructura, sino que Pepe se ha metido en una demostración de su enorme erudición que va nada menos que desde el big bang  de esa región que conocemos como Magreb, el Occidente árabe-africano, a las anécdotas  y movimientos de la diplomacia española,  que el Doctor Edery conoce mejor que la mayoría de los ministros del ramo. Pasando por la geología Magreb-Península ibérica,  la personalidad de los pueblos de esa parte del Mediterráneo, los rezos, santos y leyendas,  las mezquitas y las sinagogas, el temario es tan vasto que lo mismo se pueden escribir 500 páginas que 5000.

Cuando vi el índice por vez primera me dije: “Dios mío, se propone hacer una enciclopedia. Luego, a medida que iba leyendo, cambié de opinión. Creo que este es el libro que todos los que tenemos alguna afición por la escritura quisiéramos escribir. Contar la realidad con la necesaria dosis de fabulación no es nada fácil, pero Pepe ha  superado la dificultad  con creces, probablemente con el mismo espíritu que Jules Romains, en su libro “El triunfo de la medicina”, atribuye al Doctor Knoch, citado por el autor: “Curar o no curar es secundario; lo que importa es que el paciente sienta que el médico se interesa por su salud”.

Comparto la reflexión al cien por cien entre otras cosas porque a mí no me han curado los médicos en general, sino aquellos médicos amigos que me escucharon y se interesaron por mí. En dos médicos, uno español-palestino y otro español-judío Pepe Edery, he depositado el cuidado de mi salud en los últimos 40 años. El procedimiento fue siempre el mismo: cuando sentía alguna dolencia, leve por supuesto, me iba a sus respectivas consultas, me sentaba y  charlaba con ellos un ratito, de la familia, del gobierno, de política, y al cabo de un tiempo y sin mencionarles para nada mi problema, me levantaba y me marchaba curado.

El libro del Doctor Edery nos evita esa erudición que tanto abunda hoy tomada de Internet y desde el principio nos sumerge en una especie de diagnóstico elaborado con las cosas y los hechos vividos, con las anécdotas de primera mano, y nos baña en la intrahistoria que corre siempre paralela a la historia, aquella que podemos contar a veces a contracorriente con hechos supuestamente definitivamente establecidos, y que contradecimos porque podemos decir: es que yo estaba allí;  los he vivido desde pequeño.

“Viajando por el Magreb” es un compendio de historias de las que a mí me gustaría contar porque estoy convencido de que la vida no está en los documentos póstumos y archivados, sino en las percepciones que en cada momento tienen los seres humanos del presente que están viviendo. Solo así se le puede conceder una cierta jerarquía a las anguilas, citadas por Pepe Edery, que las tres culturas que pueblan  los espacios metafísicos del Mediterráneo han considerado símbolos de la resurrección y las mujeres de la fertilidad, al cuento de Los Dos Cabritillos, y a las vidas de santones venerados por las tres religiones, citados por el autor, que solo se dan en el Magreb .

Uno de los grandes méritos de “Viajando por el Magreb” es restituir con la mayor naturalidad y sencillez  a la cultura hebrea y al judaísmo  en este espacio en donde están muy  presentes en la vida cotidiana y en la idiosincracia de los pueblos, pero se las omite con frecuencia en los recuentos. Pepe las rescata con un espíritu integrador y resalta el inevitable sincretismo producto de más de cinco mil años de convivencia, en paz o en guerra, de los seres humanos de las dos orillas de la región que son, en definitiva, los que cuentan.

El libro, destinado originalmente a suplir ese déficit de conocimiento mutuo que el doctor Edery señala, vale para el servicio exterior español, pero también para hombres de negocios, turistas, y curiosos. El doctor Edery dedicó cuarenta años de su vida al Servicio Exterior de España, conoce a la perfección el estado de la salud de los diplomáticos españoles, sus achaques reales y sus hipocondrías; desde 1989 fue Director del Gabinete Médico del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Cooperación y está en posesión de la Gran Cruz al Mérito Civil, la primera, según reza en la solapa del libro, que se concedió a un sefardita español.

Su labor no se ha limitado al campo de su especialidad. Ganó, siendo judío de confesión, concursos de Catecismo y, sobre todo, como revela en el libro, reconcilió a la Comunidad judía de Marruecos con España al realizar la proeza de lograr que los más altos dignatarios de la Comunidad judía de Marruecos acudiesen por primera vez a la embajada de España en Rabat, el 21 de Noviembre de 1975, a firmar el libro de condolencias por la muerte de Francisco Franco Bahamonde. Su argumento final para convencerles, según relata, fue el hecho de que esos dos apellidos, Franco y Bahamonde, tuvieran un cierto origen judío.

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