3/11/2012

Recuerdos de Tánger de Isaac Chocron I

Isaac Chocron es un escritor y autor teatral venezolano de orígen judío que pasó brevemente porTánger en 1967, animado a ello por su amigo Emilio Sanz. En su novela Rómpase en caso de incendio, escrita en un original estilo epistolar, el personaje central, Daniel Benabel, cuenta a su amigos de Caracas sus impresiones de la ciudad que, en 1967, llevaba ya 11 años reintegrada en el reino de Marruecos, no era ni la sombra de lo que había sido, en donde estaba surgiendo una nueva realidad, que recordaba a la de la vieja Tánger. Lo que sigue y lo que seguirá en otras tomas, son extractos del libro de Chocrón.


Extractos de Rómpase en Caso de incendio, de Isaac Chocron,
seleccionados por Domingo del Pino

En Tánger se vive de día..Tánger, a pesar de su cosmopolitismo, no llega a comportarse como una gran ciudad...A solo pocos días de haber llegado, ya me levanto muy temprano...Todavía no llego al extremo del bueno de Alberto Pimienta, quien me cuenta que ya a las siete de la mañana está en la calle, bañado y desayunado...Es un hebrero que enseña piano en el Copnservatorioa...Dice Emilio (Sanz) con su proverbial ironía, que gracias a Alberto, las moritas aprenden a tocar Chopin...Tu comprends mon vieux, toutes ces petites marocaines qui frappent le piano et pensent qu'elles jouent Chopin?

A la una estoy en el Café de Paris, tomando un aperitivo, esperando a Emilio que cruza la calle desde su casa y me encuentra para charlar un rato..Anoche fui a cenar a casa de unos amigos de Emilio (en el Monte). Fuimos en taxi hasta la Montaña, donde viven en grandes casas muchos de los europeos que prefirieron quedarse...(Tánger internacional) Fue la gran época de esta ciudad y de todas partes del mundo vino gente a construir esas mansiones, muy inglesas o francesas, y a llenarlas de antigüedades europeas...Parmi eux, lords, tycoons, descendientes de zares, estrallas de Hollywood, amigos del cuento, encontraron su patria ideal en este Tánger...

Son poliglotas, talento nada raro en ese Tánger...Hay una condesa que habla quince idiomas y una "principessa" (nadie le llama princesa) que supera esa cifra...Son expertos en muebles antiguos europeos, en creencias metafísicas esotéricas, y en la vida sensual, quizá la razón principal por la cual hayan venido a anclar en Tánger...Mantienen dos o tres sirvientes moros que medio ayudan para que no se desmorone todo lo que les rodea.....vestidos con sus múltiples faldas, turbantes y babuchas..La platería ya no reluce y la vajilla está desconchada, y las alfombras parecen trapos desteñidos...La sopa evidentemente es de sobre o de pote, pero aderezada con suficientes especias que esconden su procedencia de polvo de fábrica...

Nos reclinamos en los gordos sillones forrados de terciopelo vino tinto e inmediatamente pidieron a Alberto que tocara el piano. Se negativa tenía toda la seguridad de quien quiere tocar, pero exige un poco más de mimos. "Alors mon petit, sois gentil", "Mi rey, si tocas mejor que Chopin...¿Quieres cantar Beatriz? reclama Alberto a la anciana flacuchenta que parece haber bebido demasiado...En medio de la gran escalera de mármol a mi lado izquierdo veo a una jovencita vestida de negro que nos mira a todos...C'est ma fille, Hortense, Saluda al Señor my baby..."Elle est un peu nerveuse", agrega la madre mientras acepta la invitación de Emilio y se levanta a bailar (el pasodoble que tocaba Alberto)...A mi lado, encima de una mesa redonda cubierta con un mantel de terciopelo rosado, hay varias fotos en marcos de plata: un árabe vestido lujosamente, una señora que parece una reina, y una niña bellísima de seis u ocho años, grandes ojos negros, pelo negro brillante, gran sonrisa. Es Hortense. Fue Hortense. Nada queda de esa foto. La Hortense que acabo de conocer es casi una enana gordita, con el pelo amarrado por detrás con una cinta negra, con marcas de acné en el cutis; una vieja prematura.

Al no más llegar estuve en la sinagoga Nahón. Muy imponente. Aquí quedan pocos hebreros, pobres, en su mayoría. Los ricos ya se las arreglaron para irse a Madrid, París o Israel. Parece que vivían muertos de miedo pensando que cualquier día les quitarían la plata. Vendieron y se fueron. Quedan los viejos pobres y algunos más jóvenes pero de escasos recursos. Estos trabajan en el zoco vendiendo telas y joyas.

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