2/26/2012

Alberto (Paños) España: El cronista de Tánger que aprendió a nadar en el Tajo.



Este documento, que recuerda una charla con la nieta de Alberto (España) Paños, me ha sido remitido por nuestra amiga Mª Victoria López Paños, la nieta en cuestión. El autor es Ricardo Lorenzo, argentino,  abogado y periodista y afincado en Aranjuez. Se emitió por primera vez el pasado 31 de Enero en Onda Cero, Aranjuez, y fue publicado en el periódico comarcal MAS el 3 de febrero. Lo reproduzco en estas páginas por su interés.


Ricardo Lorenzo

De Alberto España tuve noticias por primera vez en junio de 2009 en Aranjuez, cuando conocí a su nieta Mª Victoria López Paños. A primera vista nos hicimos amigos. Entre otras cosas nos unen el gusto por la poesía y el amor por Tánger. Políglota, filóloga, psicóloga, Mª Victoria nació cuando aquella ciudad gozaba de un estatuto especial  que la erigía en una isla cosmopolita en la que disfrutaban de libertad y tolerancia los afortunados sobrevivientes de variados naufragios. Mª Victoria creció en el Tánger que refleja Ángel Vázquez en "Se enciende y se apaga una luz", el que describen las memorias de Eduardo Haro Tecglen en "Hijo del siglo" o la novela de su primo, el también poeta Ramón Buenaventura en "El año que viene en Tánger". 

En nuestra primera charla me sorprendió su interés por mi ciudad natal, Buenos Aires. Al preguntarle el motivo comenzó a hablar de su abuelo. Inmediatamente quedé enganchado al personaje. Decidí entonces escribir sobre él un artículo (publicado en AL DÍA el 9/07/09). Nuestro primer encuentro, ya de trabajo, tuvo lugar en el Tapitas. Mª Victoria apareció con un tesoro escondido en una carpeta amarilla: un manuscrito (mecanoescrito, mejor dicho) de su abuelo, un ser importantísimo en su vida, un referente que la ha marcado. Hay familias en las que uno de sus miembros permanece en la memoria de los que vienen luego con fuerza novelesca. Este es uno de esos casos.

Aunque nació en Ronda, a  los cuatro años Alberto Paños (1886-1969) fue llevado a  Filipinas, aún bajo soberanía española, donde su padre militar, José Paños, había sido destinado. "Mi abuelo disfrutó de una infancia selvática que nos revelaba, a los nietos, con el asombro siempre pintado en sus ojos". Años más tarde vinieron otros destinos marcados por la historia: Melilla ("donde la estancia se limitó a unos pocos meses") y luego América: "en San Juan de Puerto Rico despidieron los restos del Imperio que había sido. La rosa de los vientos los empujó así hasta Aranjuez, “sede oficial de la Comisión liquidadora de Ultramar”, que presidía el bisabuelo. Corría ya el mes de noviembre, en 1898".

En el manuscrito leemos: “el invierno en Aranjuez, para quienes procedíamos de tierras calientes, fue una tortura. Sin embargo, cuando se tienen doce años, las torturas resultan leves; pasan pronto. Los días de nevada me escapaba a la explanada del Palacio Real, frente al camino que conduce a la estación. Allí nos reuníamos varios “proscritos”. Aquel espectáculo de la nieve era para mí emocionante. Aunque tiritara de continuo, me impresionaba hondamente. Entre los muchachos del pueblo y los que éramos foráneos menudeaban las refriegas, que culminaban frecuentemente en enconadas pedreas. El manejo de la honda era corriente, casi obligatorio. Nuestro jefe era Pepito S., de una inteligencia privilegiada y un valor singular, pues no retrocedía ante peligro alguno. ¡Qué admiración sentíamos por él! Le reconocíamos una superioridad indiscutida. Además de a manejar la honda, Pepito S. nos enseñaba a nadar junto a la presa del Tajo. Los domingos nos llevaba a su casa, donde nos daba una sesión de linterna mágica. Él mismo la había construido. No tenía madre, vivía solo con  su padre, Coronel de Ingenieros. Pepito S. se imponía siempre, en cualquier circunstancia… Un día estuvo a punto de ahogarse por salvar a dos excursionistas que iban en barca hacia el Jardín de la Isla. Una muchedumbre presenció el rescate y lo aplaudió con calor”.

Con tan sólo 19 años y el bachillerato cumplido Alberto Paños inició su aventura personal subiéndose a un carguero con rumbo a Argentina. Allí, después de varios oficios, encontró su destino: el periodismo. Conocerá la realidad del país, viajará por Uruguay y Brasil escribiendo crónicas. Tomará contacto con personalidades de la época y terminará trabajando en "La Nación", el decano de la prensa porteña. Más tarde regresará a la Península y, finalmente, desembarcará en Tánger donde dejará su impronta en el ya mítico periódico "España". Se transformará en librero y distribuidor de periódicos y revistas españolas y americanas. (Su nieto, Ramón Buenaventura, contará cómo se educó leyendo las populares revistas argentinas "Billiken" o "Rico Tipo").

En Tánger, Alberto España había formado su propia familia, transformándose en un relator apasionado de su ciudad de adopción. "La pequeña historia de Tánger. Recuerdos, impresiones y anécdotas de una gran ciudad" (Distribuciones Ibéricas. Tánger, 1954) es un compendio de estampas y reflexiones que se nutren de la singularidad humana, individual o colectiva. “Anciano, casi ciego, se lo llevó la muerte todavía cronista", comentó emocionada Mª Victoria en el Tapitas.

Hace muy poco, preparando una visita a Tánger, recordé al abuelo de Mª Victoria y tecleé su nombre en Google: "Alberto España. Tánger". Encontré mucha información sobre él, reproducciones de muchos de sus artículos, menciones de otros investigadores, anécdotas curiosas... Finalmente consulté el blog de su nieto Ramón Buenaventura y me alegré de que  comparta con su prima la voluntad de mantenerlo vivo y de la mejor manera, a través del rescate de su obra. Ramón Buenaventura anuncia que serán publicadas en breve tres obras inéditas: "Una vida en Tánger" (memorias); "La vida enseña pero duele" (novela); y "Desde Aranjuez hasta el horror" (novela).

3 comentarios:

  1. Quizá pueda añadirse que LA PEQUEÑA HISTORIA DE TÁNGER, en formato PDF, con alguna nota mía, está disponible en
    http://rbuenaventura.wordpress.com/la-obra-de-alberto-espana-2/

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  2. Mª Victoria López Paños. Email: robymarian@yahoo.es9 de marzo de 2012, 14:11

    A la nieta Mª Victoria que Ricardo Lorenzo destaca en el artículo le ha nacido, el 22 de febrero último, una nieta llamada Emma.
    Subrayo el hecho coincidente con esta publicación porque hasta ahora, en la familia, no se había retomado el nombre que llevó la segunda mujer de Alberto España.
    Emma tatarabuela está sepultada junto a Alberto desde 1984. Creo que ambos habrían festejado el particular homenaje que les hago aquí con motivo del nacimiento de mi nieta.

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  3. Estimado Domingo: Su blog y el mío tienen mucho que ver y aquí encontramos otra coincidencia. D. Alberto España fue un buen amigo de mi abuelo Adolfo y se conservan en el archivo familiar bastantes cartas que dan prueba de la amistad que los unió. Saludos Pepa.

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