6/16/2011

70 Aniversario del Diario “España” de Tánger

Intervención de Domingo del Pino Gutiérrez en las mesas redondas celebradas los días 23 y 26 de Octubre    de 2008 en la sede del Principado de Asturias en Madrid y en el Instituto Cervantes de Tánger respectivamente con motivo del septuagésimo aniversario del diario España de Tánger.

El diario España de Tánger, un periódico de transición


Domingo del Pino



Agradezco la presentación amable que de mí ha hecho Juan Manuel Menéndez, moderador de este encuentro y nieto del gran periodista y demócrata, colaborador que fue del diario España de Tánger, Jaime Menéndez. Juan Manuel me ha definido como periodista, una  especie en extinción,   y escritor aunque creo que hoy hubiera sido más apropiado llamarme jubilado,  una especie en plena expansión,  felizmente casado, o miembro de una comunidad de vecinos. En todo caso lo que más valoro hoy es estar felizmente casado con mi primera novia tangerina, tener un hijo pianista que vive en un mundo donde solo discuten por una corchea o un crescendo, y ser miembro de una comunidad de vecinos de dieciséis familias en donde afortunadamente sólo se dan dieciséis opiniones diferentes sobre los asuntos de la comunidad.

Siguiendo  en línea histórica en que nos introdujo nuestro admirado Jorge Manrique de que cualquier tiempo pasado fue -o nos parece-  mejor,  no está de  más recordar aquí que en Tánger, cristianos, musulmanes y judíos lograron, después de frecuentarse durante siglos, encontrar una fórmula original de vivir en paz, o por lo menos todo lo en paz de que son capaces de convivir las culturas diferentes. Siempre me he preguntado cuál era el secreto de esa amabilidad e incluso complicidad entre confesiones  pero nunca he encontrado una respuesta concluyente. La explicación que  me parece más razonable es que a lo largo de su historia Tánger siempre estuvo lejos tanto del  Majzen  marroquí como de los centros de poder de los países coloniales europeos que aspiraban  desde el siglo XIX a repartirse  aquel viejo imperio.

Durante la colonización, una etapa ciertamente conflictiva por las ambiciones en conflicto de Francia y España y las otras potencias interesadas, Tánger estuvo, desde la Conferencia de Algeciras de 1906,  tutelada por doce  potencias y España, que se neutralizaron unas a otras, regida por una Administración que administraba poco, y a partir de los años treinta sometida a un Estatuto Internacional en que los países garantes tenían a gala no molestar  mucho a los otros para que estos a su vez no les  incordiasen a ellos. La felicidad de los tangerinos la completaba una legislación de cambio realmente liberal, unas cargas impositivas francamente escasas porque las potencias administradoras suplían los déficits de los presupuestos, y un sistema  legislativo y de derecho complejo y sencillo a la vez que  remitía a unos tribunales mixtos todo aquello que hubiera sido difícil legislar o enjuiciar con unos criterios de derecho únicos para todos. Especialmente en lo que concierne al derecho de familia y a  las transmisiones patrimoniales. Esta proeza tangerina fue tanto más meritoria por coincidió con la guerra civil que desgarraba a España desde 1936 y con la guerra europea  desde 1940.

En 1938 el Alto Comisario español  en Tetuán, Juan Beigbeder, creó con su amigo el periodista taurino Gregorio Corrochano, el Diario España de Tánger, con la intención de que se convirtiese en un órgano de propaganda inteligente del  franquismo. Pero como nada surge en esta vida en nihilo el Diario España vino a continuar la importante tradición periodística de la ciudad, donde numerosas cabeceras habían surgido desde finales del siglo XIX impulsadas  por periodistas  y hombres de negocios judíos, españoles, británicos, franceses y  musulmanes. El primer director del España, Gregorio  Corrochano, encontró en la ciudad una cantera disponible de buenos profesionales con experiencia, y con cierta habilidad logró hacer del España de Tánger un periódico poco reconocible desde el punto de vista ideológico, aunque la simpatía por las causas del franquismo fueran evidentes en sus diez o doce primeros años de andadura.

En los años que precedieron a la guerra civil española y durante ella habían surgido en Tánger periódicos que apoyaron unos al bando republicano, hasta 1937 o 1938 mayoritarios, y otros que sostuvieron  al franquismo y a Falange.  El Porvenir y La Democracia se dirigían desde principios de siglo XX a unos lectores primero liberales y luego favorables a la República, y Presente, que apareció en febrero de 1937, se presentaba sin ninguna ambigüedad como el periódico de la nueva “Cruzada” que la mayoría prefería describir como “golpe de estado contra el gobierno legítimo de la  II República”. El periodista Alberto España, que trabajó y animó a muchos de aquellos periódicos, fuesen de derechas o de izquierdas,  en un libro amargo pero lleno de humor y de datos curiosos titulado Una Vida en Tánger.  Confesiones de Alberto España dice de El Porvenir, la Democracia y Presente que “mentían todos”.

Recuerda Alberto España con humor como a partir de 1936 la esposa de José Moreno Rojas, Conde de Casas Rojas y a la sazón cónsul general de España en Tánger, incluyó en su atuendo unos  “zapatitos rojos  y una corbatita roja”  para asistir a todos los mítines obreros que tenían lugar en la ciudad. Con el mismo humor refiere la emoción y  el tremolar de las carnes abundantes de la señora consorte del director de la Democracia cuando a partir de 1936 el Cónsul Casas Rojas, que  se imponía la obligación de conceder a la buena señora el primer baile en todas las fiestas, la cogía entre sus brazos. Era buen diplomático y estaba acostumbrado a esos sacrificios.

Cuando la rebelión contra la República triunfó, los directivos de Presente intentaron convencer a Beigbeder para que hiciese de ese periódico el órgano de propaganda por excelencia del franquismo en el Norte de Marruecos. Pero Beigbeder tenía otra idea y confiará ese papel al Diario España. La ocupación de Tánger por tropas españolas enviadas desde la vecina Tetuán a partir de 1940 reconfortará el carácter propagandístico del Diario España  de Tánger que no comenzará a  cambiar hasta la década de los años cincuenta y sobre todo sesenta bajo la dirección del periodista Eduardo Haro Tecglen. Pero hacer propaganda a favor del  régimen franquista en Tánger tenía sus exigencias y sus limitaciones y por eso Gregorio Corrochano pudo atraer al periódico a  plumas de reconocida trayectoria democrática como Jaime Menéndez, abuelo de nuestro moderador hoy, El escritor Héctor Vázquez Azpiri y los también asturianos Fernando García Vela, Juan Antonio Cabezas, Juan Manuel  Vega Pico y otros muchos  que coincidieron en Tánger con otros grandes republicanos como Aladino Cuetos, director de Radio Tánger Internacional.

Lo más interesante, en mi opinión, del Diario España de Tánger es que siendo un periódico franquista supo mantener una independencia controlada que le convirtió en el periódico de toda la colonia española de la ciudad y le atrajo numerosos lectores en la Península.  Por esos años el Diario España de Tánger llegó a distribuir 50.000 ejemplares, una tirada nada despreciable  para la época.  Fue, hasta que dejó de publicarse en 1967, un periódico moderado, con poco nervio pero que logró enganchar a la mayor parte de la colonia española y sirvió para aquello que sirven los medios de comunicación, para aglutinar a aquella  sociedad española tangerina, diversa en sus orígenes y en sus simpatías políticas.

Pero el  Diario España nunca reflejó en sus páginas, quizá porque la neutralidad a que obligaba el  Estatuto Internacional de la ciudad así lo aconsejaba, los movimientos políticos subterráneos antifranquistas que recorrían la ciudad. Históricamente Tánger había sido lugar de refugio  para todos aquellos que por su raza, su religión o sus ideas políticas iban expulsando o marginando los sistemas totalitarios del  Mediterráneo occidental. El famoso y conocido anarquista gaditano Fermín Salvochea había pasado por la ciudad y escrito en el Al Magrib al Aksa, el primer periódico publicado en Tánger, fundado  por el gibraltareño Gregorio Trinidad Abrines y dirigido desde su creación por José Nogales Nogales.

En Tánger se habían escenificado los poco decididos intentos republicanos de sublevar a Marruecos contra el Ejército africano de Franco. Carlos de Baraibar y Espondaburu, también periodista, había sido enviado a Tánger por Largo Caballero con esa misión, que fracasó tanto por un cierto amateurismo de Carlos Baraibar y sus acompañantes,  como sobre todo por una imperdonable falta de entendimiento entre la República y el  movimiento nacionalista marroquí, que pedía a cambio de esa ayuda que España reconociese el principio de la necesidad de conceder a Marruecos una autonomía que progresivamente desembocase en la independencia. El deseo de no incomodar a Francia fue esgrimido como razón de esa negativa pero  la correspondencia de la CNT, que desempeñó un papel destacado en este intento, demuestra que tampoco los republicanos españoles, incluso los más a la izquierda, estaban aún mentalmente preparados para entender la necesidad de independencia de  las colonias.

A lo largo de los años treinta las pugnas ideológicas de la Península, preparatorias de la guerra civil, tuvieron repercusiones en Tánger en cuyo Zoco Chico y sus cafés se escenificaban las controversias del momento. Dos cafés, el Fuentes y el Central acogían a clientela ideológicamente diversa que a veces se tiraban sillas y botellas de unas mesas a otras. El telegrafista Pepe Barrientos fue el primero en  colocar en 1936  la bandera republicana en el Consulado Español de la ciudad. Ha pasado a la historia gracias a Alberto España que también ha referido la influencia que tuvieron en la ciudad el primer cónsul republicano Plácido Álvarez Buylla y su hermano Vicente. En aquellos años la colonia republicana defendía el proyecto de implantar la jornada de ocho horas y la sede  de la Asociación Obrera, en la cual se agrupaban los trabajadores republicanos, fue asaltada  por la policía internacional entonces inspirada por Francia que veía esa reivindicación con muy malos ojos.

Derrotada la II República, en Tánger se exiliaron numerosos republicanos de partidos tan diversos como el Directorio Ibérico de Liberación, el Partido Comunista de España, que en los años cincuenta era ya, al igual que en la Península, la primera fuerza de la oposición y, después de fundada, una representación de la III República que en los años  cincuenta se trasladará  a Argelia, ex representantes de la Generalitat de Catalunya, y otros. El PCE fue  la organización más activa y actuó ocasionalmente de correo para algunos maquis, ayudó económicamente a los presos políticos y a sus familiares, e intentó movilizar a los españoles de Tánger a favor de las consignas del PCE en la Península. Salvo tertulias y reuniones políticas, proyecciones de documentales, actos políticos limitados, muy vigilado todo por el Consulado Español y los agentes de la policía franquista o sus confidentes en la ciudad, el PCE se limitó a apoyar a los antifranquistas en España.

Solo recuerdo una acción que tuvo muchísima repercusión más que por su importancia objetiva por la reacción airada a que dio lugar entre los franquistas tangerinos. En 1958 se había celebrado en Paris una conferencia por la amnistía de los prisioneros políticos en España. El PCE había lanzado una gran campaña nacional por ese objetivo. La movilización estaba pasando relativamente desapercibida  en Tánger. Fue entonces cuando Josep Andreu y Abelló, creador del Banco Inmobiliario y Mercantil de Marruecos, y uno de los fundadores de Ezquerra Republicana de Catalunya, el dirigente republicano de mayor relevancia en la ciudad, banquero y hombre de negocios, se dirigió al PCE para decirle que era necesario hacer algo en Tánger que llamase la atención sobre la situación en España. Así surgió la idea de llenar de pintadas a favor de la amnistía y la libertad de los presos políticos el monumento de Llano Amarillo, construido en  la zona del Protectorado español cerca de Ketama  para conmemorar el  levantamiento del  16 de julio de 1938 contra la II República.

Andreu Abelló financió la compra de pinceles, botes de pintura, gasolina y gastos del desplazamiento de cuatro miembros del PCE que llevaron a cabo con éxito la acción. El monumento del  Llano Amarillo estaba situado cerca de una unidad de las Fuerzas Auxiliares marroquíes con lo cual la operación tuvo que ser realizada de noche para no alertarles. Las pintadas irritaron sobremanera a los franquistas y el padre López se despachó a gusto en un artículo publicado en la revista Mauritania en el que sin ninguna información fiable dijo que la matrícula del vehículo utilizado era de un país del  Este, que sus pasajeros hablaban entre ellos ruso, y otras inexactitudes por el estilo.

A la mañana siguiente, cuando las pintadas ya habían sido descubiertas y los curiosos venían de Tánger, Tetuán y otras ciudades para verlas, los mismos que las habían llevado a cabo acudieron también y tomaron numerosas  fotografías. Esas fotografías fueron vendidas  luego entre los militantes y simpatizantes del PCE y el dinero recaudado fue destinado a socorrer a las familias de los prisioneros políticos. Poco después y con el apoyo de destacados marroquíes demócratas, entre ellos  Ahmed  Ziane, que en  la década de los años ochenta sería ministro, el gobierno marroquí pidió al español que retirara el monumento  que fue finalmente trasladado piedra a piedra a  Ceuta, donde en la actualidad se encuentra.

Coincidiendo casi cronológicamente con la independencia de Marruecos en 1961, el triunfo de la revolución castrista en 1959 vino a abrir otra válvula de escape para los antifranquistas españoles. En 1962 Cuba estableció  relaciones diplomáticas con Marruecos y desde entonces las revistas cubanas Cuba, Bohemia, Mujeres, e incluso el diario Granma, compitieron con el Diario España  por los lectores de la colonia española.  Esos medios cubanos circulaban ampliamente en Tánger y pasaban a la Península ocultos en los camiones españoles que transportaban mercancías al  otro lado del Estrecho.

En estos ejercicios saludables de recuperación de la memoria histórica dos situaciones pueden alterar la percepción de los hechos históricos mismos:  por un lado las reconstrucciones magnificadas y edulcoradas que los protagonistas hacen de su  propia participación;  y por otro lado el detestable afán de algunos hijos de los vencedores de usurpar hasta los relatos de hechos que ellos o sus padres vivieron desde el  lado confortable de los vencedores, y que los vencidos soportaron y padecieron desde el  lado de los vencidos. Así es que no basta con reivindicar esa memoria histórica que se desvanece,  sino que es necesario  recuperarla mediante la palabra y los recuerdos de los protagonistas verdaderos. En una guerra la brutalidad no es exclusiva de ninguno de los bandos contendientes en particular; en una posguerra la responsabilidad de la represión es sólo del vencedor  y ésta deben contarla quienes la padecieron

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