5/17/2011

Tánger en la paleta: Consuelo Hernández

Consuelo Hernández nació en Tornavacas (Cáceres), un hermoso pueblo del Valle del Jerte. Desde su infancia y adolescencia alternó los estudios de Bachillerato y de Dibujo y Pintura. Se licenció a los 22 años en Filosofía y Letras por la Universidad de Salamanca. Sus inicios fueron neoimpresionistas pero fue evolucionando hacia el realismo, al que se ha mantenido fiel en de los últimos veinticinco años. En su obra se encuentran numerosas pinturas relacionadas con Tánger. Por eso hemos querido saber más de su persona y su relación con la ciudad.


Consuelo Hernández en acción. De su archivo personal.


Diversos críticos han situado la obra de Consuelo Hernández en la línea del realismo poético. En octubre de 1995, a propósito de su exposición individual en la galería Santa Bárbara, de Madrid, el crítico de arte José María Medina escribió en el suplemento cultural del diario ABC: “Quienes se interesen por la nueva pintura de paisanaje encontrarán en esta exposición a una artista nada común, Consuelo Hernández, en el trance de su conformación estilística. Perteneciente a las filas juveniles del nuevo realismo, Hernández alcanza su primera madurez en la práctica de un paisaje independiente, desafiante, que, a pesar de la aparente fuerza de su verismo, lo que realmente busca son los dones de la invención imaginativa…”

En la obra de Consuelo figuran numerosas pinturas relacionadas con Tánger por eso hemos querido saber más de su persona y de su vida.

 ¿Consuelo, cuándo te tropiezas con Tánger?

Teatro Cervantes. Archivo personal C. Hernández

En el año 1997, tras haber conseguido una plaza como catedrática en el instituto Severo Ochoa, llego a Tánger para desempeñar mi trabajo como profesora, aunque he de confesarte que en el fondo de mí misma iba ya, (aun sin haber conocido antes la ciudad) con la intuición y el deseo de que no sólo haría mi trabajo docente sino que también me esperaba un grandísimo encuentro pictórico en la ciudad de la que tenía alguna referencia como "paraíso perdido".


Realmente no me tropecé con Tánger sino que se produjo un encuentro y un flechazo mutuo entre las    dos. Recuerdo mi primera noche allí, sentada en una tumbona en el recinto de la piscina del hotel, mirando al cielo, tuve tal sensación de paz, de bienestar, de gozo, que permanecí así, profundamente relajada e inmóvil, hasta bien entrada la noche. ¿Fue ese, quizás, el toque mágico del que tantas veces oí hablar posteriormente? Puede ser. Lo cierto es que esa vivencia no la he olvidado ni creo que la olvidaré.

¿Cuál es tu relación con Tánger? ¿Qué te ha gustado o enamorado de la ciudad?

Zoco Chico. Archivo personal de C. Hernández
Durante el primer año de mi estancia en Tánger viví en una bonita villa en las afueras de la ciudad. Allí pude instalar mi estudio de pintura sin problemas de espacio. Comencé mi actividad docente y la preparación de los lienzos que se convertirían en las primeras pinturas tangerinas. Frecuentaba las playas de Cap Spartel, paseos entre villas y eucaliptos, y me internaba en la ciudad, cuestas arriba y abajo, Miramonte, Marshan y café Hafa. Muy pronto descubrí los restos de aquel esplendor de la época internacional, en especial la hermosa fachada del Teatro Cervantes.
Podría reunir en dos grupos lo que me más me enamoró de la ciudad: por un lado, el mar y la vegetación en todo su esplendor, y por otro, los edificios venidos a menos, monumentos que habían sido la estampa maravillosa de otros tiempos. Desde el principio tuve la impresión que la naturaleza de los alrededores era la carta de presentación de un Tánger arruinado por el paso del tiempo. Y ese primer año usé mis pinceles para reflejar el fuerte impacto del olor a mar y eucalipto. Y entre bancales, mar y árboles pinté a las personas que empecé a querer o a amar.


Tu pintura le ha devuelto dignidad al teatro Cervantes. Pero la verdad es que está un poco abandonado. ¿Qué te parece ese abandono?.

Teatro Cervantes. Archivo C. Hernández

Recuerdo mi constante deambular por las calles que rodean el teatro Cervantes y la tristeza que sentía por el deterioro de este hermoso edificio. Durante un tiempo viví con la idea de que "antes de que se arruinara del todo tenía que pintar el teatro". Y así fue. El teatro Cervantes se convirtió en leit motiv de la exposición dedicada a arquitectura tangerina, de modo que fue protagonista indiscutible de esta segunda exposición. Y aún tengo que finalizar el proyecto titulado: "Las estaciones en el teatro Cervantes". Voy a retomar en estos días el lienzo de "La primavera" y acabaré con "El invierno".
Ese abandono me parece lamentable. ¡Todo un emblema español representativo de una época, sumido en la ruina. Sigo con interés las noticias sobre su restauración, pero todo se va reduciendo a palabras vacías.


¿Has agotado ya como tema de tus pinturas a Tánger o sigue presente en tus proyectos?


Bvd. Pasteur. Archivo C. Hernández

Tánger es inagotable, al menos para mí. Tánger sigue estando presente en mi vida actual y también en mis proyectos pictóricos. Te decía que me pondré en breve con la pintura "Primavera en el teatro Cervantes"; y acabaré con el "Invierno". Tengo una gran ilusión en reunir las pinturas sobre el Teatro Cervantes en una futura exposición. Dos de ellas "Noche en el teatro Cervantes" y "Otoño en el teatro Cervantes", que pertenecen a colecciones privadas, están colgadas, la primera, en una propiedad particular de Alicante y la otra en otra propiedad francesa. "Verano en el teatro Cervantes", que no se ha expuesto aún, está en mi colección.

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