4/12/2010

Tánger: el mito secuestrado.

La opinión es libre pero los hechos son sagrados, decíamos los periodistas cuando aún nos movía el deseo de informar y no la ambición de opinar. La historia y la novela, en otra dimensión, constituyen el equivalente a hecho y opinión. Si el novelista es bueno, la novela tiene la ventaja sobre la historia de crear mundos mágicos donde manipular la realidad hasta el nivel de sueño. La diferencia de Tánger con otras utopías es que su sueño fue su realidad. Ese sueño/realidad le ha sido arrebatado a los tangerinos por un sueño ajeno, mejor o peor, pero ajeno. Lean el emocionado alegato de Emma Abrines publicado en este sitio con el nombre de La mansión de Felipe González en Tánger. No apto para nostálgicos empecinados como yo.


La mansión de Felipe González en Tánger. No apto para nostálgicos empecinados como yo

La cosa tiene bemoles -dice Emma Abrines, no os perdáis detalle de su escrito- y cómo la labia convence a unos imbéciles interesados y codiciosos. Una gran decepción. Pero... allá la gente y sus magouilles. Para mí, Tánger, que me vio nacer demasiado tarde para mi gusto, no tenía ya ningún charme desde hacía tiempo pero, después de esto, personalmente prefiero vivir de recuerdos a contemplar la decadencia de mi cuna, esos ecos de silencios contenidos, que retumban en mi cabeza como flotando en un mundo irreal, mágico.