10/18/2010

La operación de apendicitis del Príncipe Juan Carlos en 1954

El hoy rey Juan Carlos I, antaño príncipe Juan Carlos, fue operado de apendicitis en Tánger el 23 de septiembre de 1954. Aunque no debería ser de mayor relevancia puesto que a los ojos de todos está que el príncipe hoy rey fue intervenido “felizmente”, la operación ha suscitado una cierta controversia en parte por la pretensión atribuida al Dr. José Edery, que él he negado, de haber sido quien le operó en el Hospital Español de Tánger. Lo que sigue son algunas aclaraciones elaboradas con la información fragmentaria de que dispongo y por lo tanto abiertas a toda corrección o aclaración.

En el inicio, una afirmación atribuida al Dr. José Edery Benlluch según la cual él habría operado al Príncipe Juan Carlos de apendicitis el 23 de septiembre de 1954, ha suscitado una cierta controversia al responder Paz Amsselem, la hija del conocidísimo médico tangerino Dr. Armando Amsselem, hoy fallecido pero durante muchos años director del Hospital Español de Tánger, que fue en realidad su padre quién le operó. Según la prensa española de la época el príncipe Juan Carlos fue operado por el Dr. Alfonso de la Peña, médico de la familia real, enviado especialmente para ello desde Madrid. Verificada la información parece ser que en realidad todos llevaban razón, menos quienes le atribuyeron la operación al Dr. Edery, que entonces debía ser un muchachón simpaticote, estudiante de medicina quizá en práctica en el Hospital Español.

Esta foto del Príncipe Juan Carlos en 1954 en el Hospital Español de Tánger es cortesía de mi querido amigo y compañero de los Marianistas Pedrito Sánchez.

Según otras fuentes el Dr. De la Peña, por los azares y las dificultades de las comunicaciones de la época, llegó a Tánger pero no con la urgencia que el estado del príncipe requería. El Dr. Amsselem, ayudado por el Dr. Agulló, fue quien inició la operación a la cual se incorporó el Dr. De la Peña cuando en verdad ya estaba prácticamente concluida.

El conde de Barcelona, Don Juan, y la familia real, visitaron varias veces Tánger en la década de los años cincuenta. El Príncipe Juan Carlos debía tener, el año que le extirparon el apéndice, dieciséis años. El príncipe acompañaba a Don Juan en aquellos desplazamientos durante los cuales su padre se reunía en Tánger con destacados monárquicos españoles llegados de España o residentes en Tánger, como la familia Brufau, con los cuales hacia planes de futuro para una monarquía con destino aún incierto.

Las reuniones de 1954 pudieron ser transcendentales y probablemente preparatorias del acuerdo que en 1955, un año más tarde, concluirían Franco y Don Juan mediante el cual la educación del Príncipe quedaba confiada al Caudillo. Cuando la silueta blanca del yate real, el Giralda si no recuerdo mal, hacia su aparición en la bahía de Tánger el Hotel Minzah (que significa mirador), construido en la antigua residencia del ciudadano norteamericano de origen griego Ion Perdicaris, colocaba siempre el cartel de completo porque lo ocupaban los nobles y títulos de España, mezclados con algún que otro político transicionista, que tenían la ilusión de convertirse algún día en el nuevo poder bajo la protección de la monarquía.

Desde su fundación, en el Hotel Minzah se alojaron siempre las grandes personalidades y artistas del mundo lo cual le ha dejado, y la empresa lo cultiva, una imagen de hotel selecto y refinado. Tres cuartos de siglo después, los extangerinos que nunca pudimos alojarnos en el Minzah ahorramos y peregrinamos por un cortito fin de semana a esa Meca del refinamiento, donde siguen sirviendo a los huéspedes “bagarirs” para el desayuno hechos in situ, tagines de pollo o de pescado, cuscuses o alcuzcuces como diría Juan Goytisolo, y en realidad toda la panoplia de la gastronomía marroquí.

El príncipe Juan Carlos juega al ajedrez en el Hospital Español de Tánger con D. J. Antonio González Vera, campeón de Marruecos de ajedrez, al cual dedica la foto.

Todavía se puede encontrar algún empleado del hotel superviviente de aquella belle epoque, en la que por el tiempo transcurrido solo podía ser botones del hotel, que recuerda o fabula con “pelos y señales” añadidos por él, cómo le gustaban las tostadas o el café a algunos ilustres huéspedes, los lugares que visitaban, los espectáculos a que acudían, si la propina era generosa, e incluso los servicios particulares o especiales que le requerían.
A través de sus cónsules en la ciudad y de sus adeptos, el Caudillo, que aún no contemplaba la posibilidad de que algún día, después de su muerte por supuesto, le sucediese un rey, vigilaba los movimientos y encuentros de la familia real en Tánger, como ya lo hacia en el refugio de Don Juan en Cascaes. Eran encuentros pretendidamente secretos que tanto al Régimen como la Casa Real luego se encargaban de que fuesen públicos. Y es que Tánger era una ciudad abierta donde nada se podía ocultar ni nada se ocultaba.

El Hospital español de Tánger en una postal de unos años antes de que fuera operado de apendicitis el príncipe Juan Carlos.

Una semana antes de las visitas de Don Juan los monárquicos desplegaban una nerviosa y febril actividad preparando lo que ya había sido preparado. La operación de apendicitis del príncipe fue un acontecimiento inesperado que contribuyó a la mayor visibilidad del viaje de su padre esa vez. Aquel año Marruecos no era aún independiente y el rey Mohamed V se encontraba todavía en el exilio de Madagascar a que le había forzado Francia. Su tío Ben Arafa ocupaba el palacio real de Rabat aunque le quedaba poco para marchar a su vez al exilio primero a Tánger, y a la independencia de Marruecos en 1956 a Niza, donde Francia le había proporcionado una residencia y una renta vitalicia.

 El crecimiento demográfico y urbanístico de la ciudad ha rodeado hoy al emblemático hotel Minzah de un formidable bullicio y tráfico rodado, pero cuando fue construido en 1904 para residencia de vacaciones del ciudadano norteamericano Ion Perdicaris quedaba extramuros de esa ciudad fuera de serie que entonces estaba formada por el zoco Chico, el Zoco de Fuera, la Medina, la Casbah, la Fuente Nueva, la calle Tetuán, el Paseo Cenarro y dos o tres barrios populares. El Boulevard Pasteur no era entonces más que un arenal donde solo había la Huerta del Señor Frasquito el Sevillano.


El Hotel Minzah en la actualidad.


A don Juan aún no le habían regalado un lugar más discreto en forma de  palacio en las playas de Temara, en las afueras de la capital del reino de Marruecos, que en realidad no sé si alguna vez llegó a utilizar aunque al parecer lo devolvió al rey Hassán II. Por ironía del destino el franquismo y las dificultades económicas de la posguerra española habían lanzado a Tánger a un cierto número de monárquicos, el más famoso de todos el Duque de Tovar que muchos de nosotros conocíamos de vista, de la misma manera que a partir de 1820 la ciudad había acogido a  un buen número de liberales españoles perseguidos por Fernando VII.

La prensa tangerina de la época se hizo eco de la operación de apendicitis del Príncipe y de ella ha quedado constancia en las fotos incluidas en esta nota propiedad de Mari Celi González, hija de D. J.Antonio González Vera, contrincante en ajedrez ocasional del príncipe Juan Carlos en aquel septiembre de 1954. La otra foto es una gentileza de Pedro Sánchez, entonces compañero y alumno de los Marianistas como yo.

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