4/12/2010

Tánger: el mito secuestrado.

La opinión es libre pero los hechos son sagrados, decíamos los periodistas cuando aún nos movía el deseo de informar y no la ambición de opinar. La historia y la novela, en otra dimensión, constituyen el equivalente a hecho y opinión. Si el novelista es bueno, la novela tiene la ventaja sobre la historia de crear mundos mágicos donde manipular la realidad hasta el nivel de sueño. La diferencia de Tánger con otras utopías es que su sueño fue su realidad. Ese sueño/realidad le ha sido arrebatado a los tangerinos por un sueño ajeno, mejor o peor, pero ajeno. Lean el emocionado alegato de Emma Abrines publicado en este sitio con el nombre de La mansión de Felipe González en Tánger. No apto para nostálgicos empecinados como yo.





Por Domingo del Pino


Primero fue la beat generation que pasó unos días de vacaciones en Tánger y creó un relato completamente personal de sus breves estancias en la ciudad.  Después fue Paul Bowles, el único de ellos que se estableció y permaneció en la mítica Tingis, quien mide el tiempo de la ciudad desde su llegada a ella. Ahora son todos aquellos que sin haber vivido en Tánger en el tiempo objeto de la nostalgia, crean otros relatos que engordan la bola de nieve en que se ha convertido esta historia.

Convendría preguntarnos qué nos pasa a los españoles para que seamos tan miserables con nuestra propia historia; para que le escatimemos a nuestros compatriotas méritos que no dudamos en reconocer a otros. Y no está de más preguntarnos por qué nuestras instituciones culturales no han intentado convertir a nuestro escritor e insigne tangerino Antonio Ángel Vázquez en el Paul Bowles de españoles y tangerinos. Se trata de un misterio que escapa a mi comprensión como escapa el por qué en la puerta de la casa donde vivió o en aquella donde nació no existe ni una triste placa que le recuerde.

Tampoco se entiende por qué los numerosos institutos españoles, y gobiernos locales o autonómicos, incluyendo el de su Málaga natal, prefieran seguir la corriente americana e ignorar a un compatriota de familia originaria de Jubrique, un pueblo maravilloso de la serranía malagueña. Antonio Ángel Vázquez sí que fue un producto de aquel Tánger y de aquel tiempo y un escritor cuya importancia en la historia de la narrativa española está ya demostrada. Si hubiese nacido americano su pueblo natal sería hoy objeto de peregrinación de escritores y turistas, el alcalde organizaría coloquios y seminarios sobre su figura literaria, tendría tal vez un busto o una estatua en su pueblo, y el gobierno se habría preocupado de que a la puerta de su casa natal en Tánger se colocase una placa conmemorativa y de que sus institutos culturales organizaran, al menos en Tánger, jornadas sobre la vida y la obra de Ángel Vázquez.

He mencionado al autor de La Vida Perra de Juanita Narboni y de algunos formidables cuentos como El Cuarto de los niños, pero no es el único español ignorado. El pintor Antonio Fuentes, cuya vida y obra están también asociadas a la ciudad, y su familia, cuyo Café Fuentes fue tan importante en la vida de Tánger como la tertulia del Café Gijón  en el Madrid del siglo XX, son igualmente ignorados. La lista de españoles, y por supuesto de marroquíes, portugueses, italianos, franceses, israelitas, etc asociados a aquella experiencia vital sería interminable. Su participación en aquel sueño constituye el mejor ejemplo de un entendimiento entre gentes de culturas diferentes que ahora el gobierno busca con el pomposo nombre de alianza de civilizaciones entre la gente inconciliable de religión. Esta breve reflexión me ha surgido motivada por la explosión de enfado cargada de razón de Emma Abrines que pueden leer en esta misma página bajo el título de La segunda residencia de Felipe González.

1 comentario:

  1. Estimado escritor;
    Cuando leo cosas como las que usted piensa doy gracias a la vida ya que así es como se mantiene viva la verdad.
    Gracias.


    Juan Angulo
    juanangulo77@gmail.com

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