3/09/2010

Las Bodegas Chaves de Tánger: alcachofas, caracoles y garbanzos sin igual

Olores, sabores, sonidos, luz, viento, mar, gente, todo forma parte del recuerdo de una ciudad y lo hacen amable. Los seres humanos pasamos hoy mucho tiempo ante los televisores viviendo la vida sentados. Antes estaban los cines, las playas y los bosques, las cafeterías y los bares. Medio centenar de bares, casi todos con alguna oferta distintiva, nos permiten ahora afirmar que Tánger era una ciudad viva y profundamente española. Luis Orchevecz recuerda aquí a las Bodegas Chaves, uno de aquellos bares emblemáticos e inolvidables de nuestra juventud.




Bodegas Chaves y Chaveta, bares de Tánger para el recuerdo


Por Luis Orchevecz)

Mi primera cerveza, la bebí en un bar que se llamaba BODEGAS CHAVES. estaba situado en la calle Nacería, entre la Fuente Nueva y los Siaghins, cerca de la Papelería Elgaly, en la misma calle.
Tendría yo 17 años y me llevó un vecino diciéndome que ya tenía edad para tomar una cerveza. Solo me dejó beber una...

Recuerdo que era un bar grande, con un mostrador en forma de U muy abierta, y el suelo cubierto de serrín, lo que daba un olor particular a las tabernas de entonces y delataba en sus casas a los consumidores, porque siempre quedaba algo pegado a las suelas de los zapatos....Siempre me gusto el olor del serrín, aún lo tengo metido en la nariz, lástima que ya no se use en los bares y tabernas modernas.

Con el tiempo, los bares se trasladaron a la parte moderna de Tánger, uno de los hermanos Chaves abrió uno llamado CHAVETA, en la calle Méjico, justo al lado de lo que en su tiempo fue el Hotel Roma, y su hermano se instaló en un callejón paralelo a la misma calle, en un bar pequeñito. Algo más tarde cambió de local, y adquirió uno grande y luminoso, cerca del anterior y del que me hice cliente, ya que me pillaba camino de casa.

Tenía unas tapas excelentes, en ningún lugar he probado unas alcachofas como las que daba Paco ni unos caracoles como los suyos, por no hablar del potaje de garbanzos. En  ese local tan amplio, se jugaban unas estupendas partidas de dominó, a estilo antiguo, con golpes de fichas sobre el mármol, con sonoros cierres y estupendos comentarios sobre los fallos del compañero de turno...también se jugaba al tute, a la ronda y aunque menos, al ajedrez. El Chaveta desapareció un día, como desaparecieron otros bares tangerinos sobre los que hablaré otro día, pero el bar Chaves siguió en su sitio.

Paco era secundado admirablemente por el eficaz Abdeslam, que terminó convirtiéndose en el alter ego del propietario. En un momento dado, Chaves vendió su bar, con la intención de venirse a España, a Madrid concretamente. Toda la familia se instaló en esa ciudad, la mujer abrió una peluquería cerca de la calle General Perón, y él, esperó la ocasión de encontrar un local adecuado. No lo encontró, y eso unido a la nostalgia de Tánger, le impulsó a volver  y recomprar el bar que había vendido. Al que se lo había comprado no le había ido tan bien, el ambiente era diferente, yo había dejado de ir y como yo, la mayoría de la clientela.

Hay que decir que ya éramos pocos los que quedábamos y que a los musulmanes no les estaba permitido beber alcohol, al menos sobre el papel, porque muchos se saltaban a la torera la ordenanza. Volvieron las alcachofas, los caracoles y las partidas de dominó y de tute, y allí pasaba yo un ratito a mediodía cuando camino de casa, entraba al bar Chaves a tomar el aperitivo y gozar de ese ambiente, único ya en Tánger, donde señores de edad más que respetable, golpeaban el mármol de las mesas con las gastadas fichas de dominó,y  cantaban las cuarenta alto y claro.

Cuando me vine en 1984, - a mí también me tocó salir de Tánger-, aún seguía Paco regentando su bar, firme como una roca a pesar de su edad, y atendiendo a todos con su habitual tranquilidad y paciencia.
Hoy guardo contacto con la familia Chaves a través de su hija y amiga mía, Pepi, que vive en Málaga, y con la que comparto la afición, el gusanillo diría más bien, de la fotografía. Pero esas alcachofas...nunca las he vuelto a comer iguales, Los garbanzos y caracoles tampoco.

6 comentarios:

  1. ¡Qué bien! Me alegró mucho leer algo sobre aquella época en Tánger y el bar de Paco, mi buelo. Aunque no soy el hijo de Pepi; soy el de Margarita, Daniel. Sabía muchas cosas sobre mi abuelo y el bar del que toda la familia siempre cuenta algo, pero nunca me lo habían descrito ni estructural y humanamente, gracias a ti ahora también tengo la foto en mi imaginario.

    Un saludo,
    Daniel Aparici

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  2. Gracias Daniel

    Tienes una excelente familia. Cuídala. Siempre que pueda colocaré cosas de ella en esta web. Del Bar Chaves fui cliente. Estaba muy cerca de donde yo vivía.

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  3. Hola Daniel, lei tu libro, me lo envió tu tía Pepi. Me gustó mucho y, tal y como pedías, lo dejé en el asiento de un autobús urbano. Ví como se lo llevaba una chica joven, muy guapa, leyendo el comentario que puse en la contraportada...
    Saludos
    Luis Orchevecs

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  4. Hola Daniel, lei tu libro, me lo envió tu tía Pepi. Me gustó mucho y, tal y como pedías, lo dejé en el asiento de un autobús urbano. Ví como
    se lo llevaba una chica joven, muy guapa, leyendo el comentario que puse en la contraportada...
    Saludos
    Luis Orchevecs

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  5. Volví aquí después de mucho tiempo y vi los comentarios... Gracias Domingo, también a Luis... por ahí sigo dejando algunos y creo que la mejor sensación es cuando ves cómo se lo lleva alguien... Muchas gracias...

    Daniel Aparici

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  6. Me gustó leer sobre esos sitios entrañables que quedan en la memoria para siempre, un olor .. un hecho puntual, o simple rutina que son parte de la historia de las personas.
    Pero mucho más me conmovió leer los comentarios, creo entender que alguien deja en un asiento de bus, como al olvido, un libro que debe ser muy especial.
    Tanto que no puede ser comprado.

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