2/06/2010

Moshito, el mago de los botones

La tendencia a hablar y escribir de los personajes sobresalientes se impone en todas las literaturas. Todos olvidan a aquellos sin cuyo concurso la vida corriente se paralizaría, y las cosas dejarían de funcionar. Este relato de Luis Orchevecs sobre un personaje entrañable como Moshito el rey de los Botones tiende a subsanar en lo posible ese olvido.


Por Luis Orchevecs


En la calle Senmarín, también conocida como cuesta del francés, en la parte izquierda, bajando a la izquierda, acostumbraban a colocarse unos vendedores de hilos que exponían sus carretes, bobinas, botones y pressboutones, en unos carros muy bien concebidos, que divididos en dos partes, servían de expositor para toda la mercancía.

Cuando terminaban la jornada laboral, la parte superior del caro servía de tapadera, la cerraban con candados y empujaban el carro hasta donde solían guardarlo.

Entre los vendedores de este tipo de mercancía, había uno que era mi preferido, porque mi madre siempre le compraba a él. Se llamaba Moshito, y yo le consideraba un alquimista del hilo y del botón.

Cuando los carretes y bobinas, envejecían y se descoloraban por los efectos del sol, Moshito, iba y compraba hilos nuevos, carretes, bobinas, hilos para bordar y otros artículos de pasamanería, y con gran ceremonia, vertía el contenido de las cajas recién compradas, hilos nuevos y relucientes, botones brillantes, trencillas de vivos colores, sobre los viejos artículos descoloridos.

Luego metía sus manos, con cara de satisfacción y mezclaba hilos viejos y nuevos. Inmediatamente, la alquimia se producía. Después de unos breves instantes, todos los hilos se volvían….viejos y descoloridos, tomaban aspecto de haber estado expuestos al aire y al sol durante meses y lo mismo ocurría con los demás artículos.

No me cabe duda que conocía los secretos de la alquimia y eso, con el paso del tiempo, me llevó a llamarle, el Fulcanelli de los hilos. Seguro, que alguno de vosotr@s habréis conocido a Moshito, si es así, podéis dejar vuestro testimonio en esta web, que pretende revivir nuestros recuerdos. Con suerte quizá alguno de vosotros hayáis asistido alguna vez a la transmutación de los hilos...

3 comentarios:

  1. Este artículo me hace recordar a otros personajes que recorrían las calles de Tánger durante los años 60-70 uno de ellos era un vendedor de escobas de caña , siempre vestía un traje negro y sombrero solía vérlo por el Bulevard .
    Otro personaje era un señor que sabía siempre la hora exácta , siempre que le veíamos le preguntábamos la hora, miraba al cielo y contestaba el momento preciso.

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  2. Este comentario al de Pedro Maté procede de Luis Orchevecs:

    Sí, el que daba la hora exacta se llamaba Marchena, tenía un hermano con el que tocaba por los bares y cafés de Tánger, bandurria y guitarra eran sus instrumentos y no tocaban mal. Con el tiempo, se hicieron viejos, y ya pasaba parte de su vida apoyado en una pared del boulevard Pasteur o calle Goya, dando la hora con voz lastimera a quien se la pidiera y aceptando la voluntad que, algún antiguo cliente de los viejos café donde tocaba, le daba al pasar por su lado.Desapareció un día, nadie le echó de menos, creo que su hermano había fallecido ya, puede que entrara al asilo judío del hospital Benchimol o de la Calle Buarrakía, desapareció como tantas cosas desaparecían de Tánger, sin que aparentemente, nadie las echara de menos, como ha ido desapareciendo la memoria tangerina, que se ha vuelto selectiva y solo quiere recordar lo bien que se vivía en esa ciudad, olvidando lo mal que también lo pasó mucha gente, incluídos los que tan bien hablan de esos tiempos...Lo he dicho antes, la memoria es selectiva y a menudo, ingrata.

    En cuanto al de las escobas le recuerdo bien, era bajito, enjuto de carnes, siempre con sombrero y bigotillo, y llevaba su hatillo de escobas, muy bien hechas por cierto, que vendía fácilmente ya que , como he dicho, eran de muy buena calidad y duraban, y duraban...En ese tiempo todo el mundo tenía una escoba en casa, que se usaban para su cometido que era el barrer, y también para ahuyentar a un visitante pesado que no terminaba de irse, poniendo la escoba al revés detrás de la puerta de la cocina. Las de este escobero eran las más efectivas, las visitas no deseadas, tardaban muy poco en ahuecar el ala, después de la operación escoba tras la puerta...Recuerdo que mi madre me envió varias veces a colocar la escoba al revés, y yo contaba el tiempo que tardaría en hacer efecto el sortilegio. A veces era inmediato...Creo que este señor terminó por irse a Ceuta, cuando ya quedaban pocos españoles en Tánger, y allí se le veía con su mujer, mendigando y siempre pelando con ella...

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  3. Un relato de los que me atraen .. con misterio
    ( es real!)
    Estoy segura que Moshito era alquimista, quienes somos nosotros para dudar de ello?

    Un beso Luis.

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