2/12/2010

La Hafita, un lugar intemporal en el Mediterráneo

small>Aunque es un nombre evocador solo para iniciados, La Hafita, el café Hafa de Tánger tiene una historia mágica que se mezcla con la magia de otras leyendas tangerinas. Yo le recuerdo como un antro oscuro, lleno de alfombrillas y esteras donde los parroquianos se agolpaban alrededor de esas mesas redondas coronadas por grandes bandejas de bronce desde las que subía un olor característico a yerbabuena o a kif. Delante había un terreno con más mesas y sillas que no se parecía mucho a la Hafita actual, pero ayer como hoy, cuando uno se sienta ante la inmensidad del Estrecho entre España y Marruecos, lo único que apetece es que el tiempo se pare y no moverse de allí.





Por Luis Orchevecs


Luis Orchevecs y Francisco Cardoso en La Hafita, 1967. Foto L. Orchevecs

La Hafita es un cafetucho cutre, las sillas y mesas cojean, el servicio es medieval, pero el té con hierbabuena es una delicia, y si te molesta la pata coja de la mesa o de la silla, te puedes tomar tu brebaje tumbado en una estera, con las costas de España justo enfrente, en silencio, absorto en tus pensamientos o en amigable charla en voz baja si vas acompañado.

Al caer el día puedes ves los guiños del faro de Tarifa, y en las noches claras, las luces de los coches que circulan por su paseo marítimo. Y estás en Tánger, sentado o tumbado en ese lugar intemporal que es el café Hafa, o de la Hafita, como lo llamábamos los nacidos allí.


No pasa el tiempo por él, su pequeña historia se nota nada más entrar, contar y nombrar los personajes que pasaron y siguen pasando por él no es mi intención, otros lo han hecho y lo siguen haciendo. Yo solo quiero contar que he pasado muchas tardes allí, plácidamente tumbado en una democrática estera, que igual recibía a un millonario americano que a un vecino del barrio que venía a echarse su sebsi de kif.

A mi vuelta a Tánger, de donde salí en 1984, con 40 años a las espaldas, llevé allí a mi mujer y a mi hijo, nos tomamos un té en la misma mesa donde me solía sentar a veces y que 20 años después, conservaba las muescas que hice con una navajita poco antes de dejar mi ciudad natal. Borrosas ya por el tiempo, pero tenaces e imborrables, como los recuerdos de un abandono amoroso.



Marina Lorenzo y su hijo Carlos en La Hafita, 2004. Foto L. Orchevecs

Fue un placer que a mi mujer, madrileña, y a mi hijo, madrileño también, les gustara el sitio y aunque no volvimos ya que solo estuvimos 3 días allí, he sacado a relucir el cafelito de la Hafa cuando hablamos de Tánger o escuchan pacientemente alguna de mis batallitas tangerinas. No se debe ir a Tánger y no visitar ese lugar, tomarse un té verde con hierbabuena, e incluso charlar un rato con Cherif, el encargado del cafetín que conocí de niño, con 4 o 5 años y que entonces regentaba ya un cafetín en la misma calle donde yo vivía, la Calle Tidjania, esquina a Ben Raisul, a 20 escasos metros de la plaza del Oued Ahardan. Le cambiaron el nombre a la calle hace ya mucho y hoy se llama Ben Abdessadak. Comprobé desolado que a mi casa le habían cambiado la puerta de recia madera por una acristalada de hierro. El magnífico picaporte de bronce que la adornaba también había desaparecido.

Ahora solo quedan los recuerdos y naturalmente el Café de la Hafita, sentado sobre un impresionante acantilado, con su cutrez, sus sillas y mesas cojas, sus esteras brillantes por el roce, y su historia, su pequeña historia tangerina.
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3 comments:

  1. Llevo un rato leyendo párrafadas de Luis Orchevecs y se nota que conoce bien Tánger. Yo conocí a otro Orchevecz , de origen húngaro, pero su apellido difiere ligeramente de éste que escribe sobre Tánger. Bueno solamente difiere en la última letra, quizás sean parientes.
    También el Orchevecz que conocí sabía mucho de Tánger.
    Saludos a ambos. Joao da Silva
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  2. Luis OrchevecsMar 8, 2010 04:07 AM
    Y tanto, como que somos la misma persona. Una falta de atención de un funcionario del ministerio, convirtió la z en s, y la verdad, como me daba igual, así quedó...
    Y como es que me conoces tan bien y yo no se quien eres?...
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  3. Leo, imagino, siento, hasta creo puedo oler la yerbabuena ..
    Lo has descrito, Luis, con esos detalles minuciosos que sólo recuerdan quienes sintieron que estaban en "su lugar en el mundo".
    Aunque puedan estar, y a gusto, en otros sitios .. la vida tiene caminos diversos, no?

    En todo caso, me ha servido para recrear el café frente al faro.
    No te quepa dudas que si algún día voy a Tanger (soy bastante viajera)pediré allí algún brebaje de los que mencionas.

    Sigo mi paseo virtual ...
    Un beso
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