1/25/2010

El Cuarto de Los Niños y otros cuentos, viaje al interior de Angel Vázquez

Antonio/Ángel Vázquez fue un genio, con todos los atributos de los genios no "orgánicos": se alojaba en apartamentos que le avergonzaba mostrar a sus amigos; ganaba sueldos que no le llegaban a fin de mes, llevaba parches en los codos de las chaquetas para ocultar el tejido gastado, sus zapatos tenían siempre las suelas agujereadas, y no llegó a saber nunca qué era un billete de mil pesetas. Al recoger la obra cuentística dispersa de Antonio en un solo volúmen, El Cuarto de los niños y otros cuentos,de Editorial Pretexto, Virginia Trueba ha puesto de relieve lo que aquellos tienen de monumento a las cosas cotidianas y
pequeñas.







Cuarto de los Niños: Un viaje al interior de Ángel Vázquez
Por Domingo del Pino

Con el título de El Cuarto de los Niños y otros cuentos, la Editorial Pre-Texto de Valencia ha publicado el 20/04/2009 un libro en el que Virginia Trueba recoge todo el legado escrito de Ángel Vázquez, autor de La Vida Perra de Juanita Narboni. Con la complicidad que ya ha adquirido con la obra de Antonio – Ángel/ Vázquez, Virginia no solo nos ofrece una edición mimada y cuidada, sino la posibilidad de una visión de conjunto de la obra de aquel ser estupendo, gentil, y probablemente irrepetible, que dio Tánger. Bajo una apariencia de frivolidad en algunos casos, los doce cuentos ahora presentados se convierten en monumento literario de las cosas pequeñas y cotidianas de la vida, que es de lo que tratan.

El cuento El Cuarto de los Niños deja entrever ya al gran escritor que luego nos regalaría La Vida Perra de Juanita Narboni. Si La Vida Perra cierra el capítulo del sueño tangerino de Antonio Vázquez, los cuentos saldan cuentas con su niñez y su juventud, las etapas menos conocidas de su vida. Ángel Vázquez fue, durante todo el tiempo que le frecuenté, un niño con pantalón largo y necesidades de adulto. Sus cuentos, entre ellos uno inédito que yo publiqué en mi página web, Bárbara y los Cisnes, me fue regalado hace años por Carmencita Palma. Antonio lo había escrito expresamente para la hija de Carmencita y para agradecer el trozo de tarta con que le habían obsequiado en uno de sus cumpleaños.

Ángel Vázquez, un genio inorgánico




A su manera Antonio/Ángel Vázquez era un genio, con todos los atributos de los genios no “orgánicos”: se alojaba en apartamentos que le avergonzaba mostrar a sus amigos; ganaba sueldos que no le llegaban a fin de mes, llevaba parches en los codos de las chaquetas para ocultar el tejido gastado, sus zapatos tenían siempre las suelas agujereadas, y no llegó a saber nunca qué era un billete de mil pesetas.


Para Antonio Vázquez vivir era un ejercicio difícil y complicado; se sentía indefenso en un entorno de banqueros que hacían fortuna de la noche a la mañana, para algunos de los cuales trabajó. Le rodeaban contrabandistas que pasaban mercancías de Tánger a la Península o al Marruecos francés y español. Se codeó, sin saberlo, con espías alemanes y aliados durante la II Guerra Mundial y a partir de 1954 con agentes del FLN argelino, que duraron poco en Tánger porque unos “banqueros” americanos a los cuales habían confiado sus fondos, un buen día cerraron y se fueron a Panamá con la caja.

En el Tánger de esos años, mientras algunos perdían sus ahorros en bolsa persiguiendo el sueño de que la empresa surafricana en la que habían invertido encontrase una mina de oro que les hiciera millonarios, Antonio inventaba mundos mágicos en los cuales refugiarse y protegerse de la vida real. Escribía a trancas y barrancas en sus trabajos, en los cafetines, y en los bares. No era bohemia, era pura necesidad.

Aquel Tánger había alcanzado tal grado de bonanza para algunos que varias casas de prostitutas ofrecían los servicios de sus chicas a crédito. Los clientes consideraban estas deudas tan sagradas como las del juego. A fin de mes no dejaban de venir a pagarlas como pagaban al tendero o al de los electrodomésticos comprados a plazo. Estaba también la homosexualidad. Tánger no era solo una ciudad comprensiva: era el cuartel general de la flor y la nata de los homosexuales del mundo. Nada de petite homosexualité. Grandes homosexuales, aristócratas estirados, nobles, millonarios, escritores, pintores, ingleses, americanos, franceses, españoles y de todas las nacionalidades, vivían o pasaban temporadas en la ciudad.

La obra y la vida de Antonio Vázquez hubiera sido probablemente más difícil sin ese otro personaje irrepetible que ha dado Tánger que fue Emilio Sanz de Soto. Antonio y Emilio eran dos personalidades totalmente diferentes que se entendían a la perfección incluso sin hablar. Antonio llamaba a Emilio, con cierta ironía, el aristócrata o el mushasho. Pero entre los dos existía esa relación que a veces surge entre el genio incapaz de probar que lo es, y quien es capaz de convencer a los demás de que comparten el mundo con un gran escritor.

Emilio Sanz, un gran escritor verbal

Antonio y Tánger no tendrían seguramente la actualidad que hoy tienen si Emilio Sanz, un prolífico autor-verbal, no los hubiera lanzado. Desde tiempos remotos Tánger era una de esas insólitas escalas autónomas de Levante en la que todos podían considerarse en su casa porque no era la casa de nadie en particular pero si la de todos. La Vida Perra le proporcionó el espacio literario, la referencia simbólica, la patria de papel, que buscaban todos aquellos que en el Mediterráneo habían sido expulsados, se habían tenido que marchar, o se habían sentido agobiados, en su patria de origen.

Tánger ha sido y puede ser contada y fabulada de mil maneras, la mayoría de ellas sin ninguna correspondencia con la realidad. Tánger fue sobre todo una aventura histórica hispano-sefardí-árabe que había reconstituido extramuros de Sefarad/España, amablemente – hasta allí donde las culturas se tratan con amabilidad – la utopía de la España multicultural que no pudo ser. Pero los cuentos de Antonio no tienen mucho que ver con La Vida Perra que es obra de madurez.

Los cuentos recogen las fabulaciones de un niño adulto que tiene que explicarse a sí mismo cómo salir adelante en la rutina y en los ritos de la vida diaria, no siempre amables. En Tánger ricos y pobres, españoles, judíos y árabes soñaban las mismas cosas, aunque los primeros las alcanzaban y los segundos no. Pese a esa limitación, el solo hecho de vivir en aquel Tánger y en aquellas épocas podía ser entendido como un privilegio en una Europa donde se moría de una guerra a otra y en una España de guerra y de muerte civil.

Si Tánger constituye hoy un lugar virtual de peregrinaje emocional y retrospectivo, si acapara todas las nostalgias de mundos libres y de comprensión entre las culturas, es sobre todo porque Emilio Sanz así lo ha contado y Antonio Vázquez así lo ha escrito. Los cuentos permiten conocer mejor a Antonio Vázquez pero solo se entienden con el complemento de la palabra de Emilio Sanz que nos pide, bajo parole, que creamos que un mundo mejor es posible.

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