11/23/2009

La magnanimidad de Franco, según el diario España de Tánger

En estos tiempos en que tanto se habla de Tánger se dice que el Diario España de Tánger representó “una bocanada de aire fresco”, que “ayudó al advenimiento de la democracia en España”, y otras expresiones parecidas. Admito que no se puede hablar de un Diario España único; no fue el mismo el que crearon en 1938 Juan Luis Beigbeder y Gregorio Corrochano, que el dirigido por Haro Tecglen casi un cuarto siglo después. Pero de lo que no cabe duda es de que el Diario España de Tánger en todas sus etapas, cumplió su cometido de intentar presentar al mundo un rostro amable del régimen franquista. El editorial que se reproduce a continuación, publicado menos de un año antes de la entrada de las tropas de Franco en Tánger y antes de una desbandada de españoles demócratas y republicanos, pero también de una nueva preocupación de los judíos que pronto vieron circular por las calles de la ciudad los uniformes militares alemanes, es ilustrativo de esa primera época del Diario.





Meridiano de Tánger
Diario España de Tánger de 4 de Octubre de 1939

Magnanimidad de franco

El gesto del Caudillo al firmar un indulto tan amplio como el que ha concedido en el aniversario de su consagración como jefe supremo del Estado español, demuestra una vez más —estas pruebas son diarias en su actuación de jefe de la paz— no sólo la magnífica generosidad de su corazón, sino estas dos cosas: la consecuencia de su política de unidad y la exactitud de su apreciación y de sus modos en aplicarla.

Franco quiere y ordena la unidad espiritual de todos los españoles, y sabe que esa unidad es ardientemente deseada también por toda la nación, que él encarna y dirige. Por eso, a medida que los rigores de la guerra, que no
existieron únicamente en la materialidad de las destrucciones y de la lucha, se convierten en el orden y en la fecundidad de la paz, su corazón se abre a la indulgencia para los que cometieron delitos, a fin de sumarlos de un modo muy español, por medio de la generosidad, a la tarea común, y concede la libertad a muchos centenares de españoles, la mayoría de los cuales procedieron, sin duda alguna, engañados por falsas predicaciones y malos ejemplos.

Pero esta generosidad de Franco está informada, como todas sus decisiones, por un espíritu de suprema equidad y por una norma ecuánime que le da su verdadero valor de generosidad consciente y serenamente decidida. No se trata de un gesto alegre, abierto sin más ni más a un olvido que llevaría dentro de las bellas hojas de la magnanimidad la espina de la anulación de la ejemplaridad, y por ello los indultos son concedidos de modo que sólo sean como un escalón en el camino del perdón.

Su generosidad ha sido, sin embargo, total, ya que todos los que sufrieron condena, aun por los delitos más graves, recibirán la gracia de una disminución en la pena, o la suprema gracia de la vida quedando únicamente excluidos de aquélla los que son responsables de delitos de sangre.

Brilla también en este gesto de Franco una magnifica continuidad en su norma 'edifica'. Su espíritu ha estado siempre abierto y patente a España y todos y cada uno de los españoles, en los que ve, incluso en los descarriados, a hijos de la misma nación y de la misma sangre. Admite en todos, con arreglo al supremo ideal de la Hispanidad,la posibilidad de una recuperación total, como las doctrinas católicas disciernen a cada hombre, aun al sumido más profundamente en la abyección, si media la Gracia. Franco, que desea la perfección de todos los españoles, pone al alcance de cada uno, incluso de los que más se alejaron de sus deberes para con la Patria, la Gracia suprema, la posibilidad inmediata de poder rehacer su vida y de poder volver al seno común de la Patria para servirla
y honrarla.

Y en su ánimo, como en el de todos los españoles dignos, no queda, una vez concedido el perdón, ningún rencor, ninguna mancha en el recuerdo que pueda enturbiar la pureza de la magnanimidad.

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