9/21/2009

Tánger vista por el político español Maura Gamazo (1905)

Cuando en España se hablaba en los siglos XVIII y XIX de política africana, se estaba hablando en realidad de política marroquí. Marruecos ha acaparado, hasta el presente, lo esencial de la acción exterior española en África. Por ese motivo no existe político relevante que no haya escrito y teorizado sobre Marruecos. Las alusiones a Tánger son también muy frecuentes porque el colonialismo español se consideró burlado en el Tratado no respetado de 1902

Tánger (1), la población menos mora del Imperio, era, y seguirá siendo, campo de nuestra emigración. Abundan allí los españoles pobres, que hacen gran competencia à los indígenas en el desempeño de los oficios más humildes. Un hermoso barrio de la ciudad se llama de San Francisco, y contiene el magnífico hospital que pregona nuestra ya antigua acción civilizadora.

Pero Tánger la perra, como la nombran los marroquíes viéndola por tantos cristianos profanada, no es productora, sino comercial, y si en la estadística del capítulo anterior vimos que, España ocupa el segundo lugar, tanto en lo que se refiere al número de navíos que entraron en el puerto, como en su total tonelaje; ello procede de que el vapor Joaquín del Piélago, de la Compañía Trasantlántica, que sirve de correo entre Algeciras y Cádiz, con escala en Gibraltar y Tánger, entra en este puerto trescientas veces al año, y cada una de ellas se inscribe en los registros consulares todo su tonelaje.

Este es, sin embargo, el único puerto marroquí en el que nuestro comercio ocupó en 1901 el segundo lugar (el primero correspondió al inglés), sumando importaciones y exportaciones; pero mientras Francia importaba allí por valor de dos millones y exportaba sólo seiscientos mil y pico francos, nuestras importaciones no llegaban à cuatrocientos mil francos y nuestras exportaciones de Marruecos, por Tánger, pasaban de dos millones y medio.

También en Tetuán hay recuerdos españoles; no sólo las tumbas de los héroes del 60, situadas en una colina, al noroeste de la población, sino el camino que une à la ciudad con el puerto, en la desembocadura del Gelú; poco más de dos leguas, cruzadas por la mejor, si no la única carretera marroquí, construida por los españoles durante su ocupación, y respetada luego por los moros, que no hicieron otro tanto con las importantes obras urbanas, entonces también realizadas.


(1) Aprovecho en todo esto capítulo los datos y noticias acopiados en la obra de Budgett Meakin, The Land of the Moors, que con las otras dos del mismo autor, tantas veces citadas, constituyen lo más completo de cuanto acerca de Marruecos se ha escrito.

Tomado de:
La cuestión de Marruecos desde el punto de vista español
Gabriel Maura Gamazo, Diputado a Cortes
M. Romero. Impresor. 1905

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