9/21/2009

Tánger, según Tomás Garcia Figueras

Tomás Garcia Figueras es probablemente el hombre que mejor ha expuesto las ambiciones de aquellos militares africanos que en 1936 se sublevaron contra el legítimo gobierno de la República. Dejando a un lado los aspectos ideológicos de sus escritos, de los cuales sus textos son inseparables, su obra sigue haciendo autoridad para conocer política marroquí (africana) de España. Aunque Tánger ocupa un espacio mínimo en su libro Marruecos, sus reflexiones constituyen una buena sinstesis de la frustración del colonialismo español por la separación de esta ciudad del Protectorado adjudicado a España en el Tratado del Protectorado de 1912 y sus siguientes modificaciones



Los extractos que siguen han sido tomados de:
Marruecos
T.G. Figueras
Ediciones FE, 1939


El Cuerpo Diplomático de Tánger, en la segunda mitad del siglo XIX, tuvo participación en la administración de la ciudad. En los de tratados de 1904 y 1912 se escamotea a España la posesión de Tánger y su zona, y se decide dotarla de un régimen especial. Estaba pendiente de firma, cuando se produjo la guerra europea; el Convenio relativo al Estatuto de Tánger se firmó al fin, ya muy deformadas las ideas primitivas, el 18 de diciembre de 1923. Italia y los Estados Unidos no se adhirieron al Estatuto.

La rebeldía de Abdelkrim puso a prueba la ineficacia del Estatuto; Tánger fué el centro de la acción rebelde contra Francia y contra España, y todo género de contrabandos y de propagandas se hicieron desde la ciudad internacional. Este hecho, y la conveniencia de que Italia estuviera adherida al Estatuto, determinó una conferencia en París entre Inglaterra, Francia, España e Italia, en la que se acordó, el 25 de julio de 1928, la modificación del Convenio de 1923 ; España recibía concesiones que garantizaran, teóricamente al menos, que Tánger no pudiera ser un foco que turbase la paz de su Zona de Protectorado, a costa de tantos esfuerzos lograda. Los Estados Unidos continúan sin dar su adhesión al Estatuto.

A España no le satisfizo la solución dada; cabía, sin embargo, preparar la revisión prevista en el artículo 56 del Convenio de 1923 para fines del año 1935. La España oficial no hizo nada, y cuando llegó el momento, y pese a los sentimentalismos, que nada cuentan en política internacional, o a las actitudes momentáneas, que nada resuelven, no supimos rectificar nuestra incómoda postura en Tánger.

Aclaremos que esa incomodidad continúa y que se deriva, no del régimén internacional, sino del hecho que en la práctica esa internacionalidad resulta completamente desfigurada. España comprende y siente que la solución lógica es que Tánger y su zona sean incorporados a la Zona española; pero, comprendiendo también otras realidades no menos dignas de ser tenidas en cuenta, admite para Tánger un régimen internacional puro.

Lo que no es posible es que dentro de él Francia mueva el fantasma de la autoridad del sultán a través del Mendub, que mantenga cerca de éste un interventor, que tenga en sus manos la administración y la policía, porque entonces resulta una máscara de internacionalización cubriendo una acción preponderantemente francesa.

Este hecho no admite ya hoy discusión ni soporta el más superficial análisis después de julio de 1936. Tánger no ha sido neutral; en Tánger el partido rojo ha recibido aliento constante del Frente Popular francés a través de órganos que han debido de mantenerse rigurosamente neutrales; Tánger fué base de la escuadra roja hasta que puso fin a ello el gesto enérgico de Franco; Tánger ha sido una base constante de acción, tendiendo a turbar la paz de nuestro Protectorado; el complot de septiembre de 1938, tramado en la impunidad, más aún, con la complicidad de elementos que se tienen por oficiales, coincidiendo con la grave situación internacional, y tenía como finalidad provocar artificiosamente un foco en nuestra Zona que justificara, menguado taparrabo, una intervención más alta.

En la actualidad Tánger continúa viviendo una farsa de régimen internacional en provecho de Francia y en contra de la España Nacional. Con ello contribuye a ser más decisiva la victoria de Franco y a poner de relieve, en forma que no deja lugar a dudas, la necesidad de centrar justamente la cuestión tangerina para que siendo, como mal menor, una ciudad y una zona de régimen internacional, no pueda convertirse en el más encarnizado enemigo de la acción española en su Protectorado marroquí.

Un libro que se escribe en la España nacional bajo la égida del Generalísimo Franco, tiene que abordar con claridad todos los problemas; y se encontraría incompleto si no dijéramos palabras respecto a la colaboración francoespañola en Marruecos. La utilidad de esa colaboración como idea tendrá siempre el apoyo de cuantos la hemos venido defendiendo y practicando; que Francia y España, naciones que tienen en sus terri torios puntos de contacto y que realizan en Marruecos una obra común, deben marchar de acuerdo, es cosa que nadie puede poner en duda.

Lo que sucede es que la materialización de esa idea ha tomado formas fundamentalmente distintas. Francia, la Francia oficial, comprenderá bien un día su error de visión no apoyando a la España de Franco, error que, naturalmente, causa huellas profundas en el espíritu español. En Marruecos mismo, las disposiciones tomadas contra nuestra Zona de Protectorado (cierre comercial de la frontera, aumento de las fortificaciones, amenaza de un útil militar, acción roja contra nuestra Zona, dificultad para la recluta, apoyo decidido a la España roja), aunque ineficaces, tienen un carácter de marcada hostilidad que ningún pueblo joven y fuerte puede dejar de acusar.

Sin embargo, la existencia de una verdadera Francia, que no es la de su Frente Popular, y la generosidad de la España de Franco en su victoria, serán factores que contribuirán, sin duda, a suavizar ese estado de espíritu. En lo que Francia notará un cambio absoluto y completo es en las relaciones con nuestra España, a costa de tantos esfuerzos y de tantos sacrificios rescatada. Murió para siempre aquella España vacilante, sin ideas fijas, sin anhelos de ver triunfar esas ideas, pronta siempre a transigir aunque fuera dejando en la transigencia jirones de su prestigio ; murieron aquellos gobiernos que iban a salir del paso, a resolver las cosas como fuera. Hoy la España que resurge qué diferente es !

Francia encontrará a una España dispuesta, perdonando todos los agravios, aunque se hayan infligido a lo más sagrado de su carne, a vivir armónicamente en Marruecos con la verdadera Francia; pero su sorpresa será encontrarla con ideas claras, precisas y concretas a las que no está dispuesta a renunciar, y la colaboración habrá que hacerla sobre esas ideas, que por ser tan justas y por estar avaladas por el sacrificio de tantos españoles, no admiten rectificación posible. Estas ideas son: España anhela como fin de su Protectorado el respeto absoluto a la personalidad de Marruecos; en su Zona de Protectorado reivindica la devolución de Gueznaia y Beni Zerual; en el sur, la rectificación de los límites de Ifni, que no es una pesquería, sino un territorio de soberanía de España, como Ceuta y Melilla, y la unión con sus territorios de Cabo Juby del Sahara; en Tánger un régimen internacional riguroso que haga imposible la influencia preponderante de no importa qué potencia.

Nuestras colonias españolas en el Norte de África tendrán el apoyo que merecen y serán objeto de una preocupación sostenida de una España fuerte; con ese apoyo recobrarán la vitalidad perdida y merecerán de todos los respetos debidos.

En definitiva, las relaciones entre ambos países recobrarán el tono justo y digno que nunca debieron perder, y dentro del mutuo respeto no será posible que una nación aproveche en beneficio propio claudicaciones que no son ya posibles en la Nueva España. Es una España que ha luchado por un ideal definido, del que son estas palabras: Tenemos voluntad de Imperio. Afirmamos que la plenitud histórica de España es el Imperio. Reclamamos para España un puesto preeminente en Europa. No soportamos ni el aislamiento internacional ni la mediatización extranjera. Respecto a los países de Hispanoamérica, tendemos a la unificación de cultura, de intereses económicos y de poder. España alega su condición de eje espiritual del mundo hispánico como título de preeminencia en las empresas universales.

Y José Antonio subrayó estas ideas exaltando su apostolado con la corona del martirio, una mañana de noviembre, en la prisión de Alicante.

1 comentario:

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