9/26/2009

Tánger en el pensamiento colonial español

Entre las muchas frustraciones atribuidas en España a la actitud precolonial y colonial de Francia, se encuentra la internacionalización de Tánger sobre la que Madrid siempre creyó tener los mismos derechos (coloniales) que sobre Marruecos. Cuando Franco ordenó ocuparla en 1940, tal vez confiado en que un eventual triunfo alemán en la guerra le permitiría conservarla, estaba siendo consecuente con el pensamiento colonialista español de todo un siglo anterior.



Este artículo recogerá puntos de vista españoles diversos sobre este asunto que puedan aclarar la percepción de Tánger y en general de Marruecos por la España de la segunda mitad del siglo XIX y primera siglo XX. Los textos están registrados, como no podía ser de otra manera, con el lenguaje y el estilo en que fueron escritos.

Un punto de vista franciscano

Extracto de Historia de Marruecos 4ª edición
Por Fr Manuel P. Castellanos OFM. Anotada y continuada hasta nuestros días por
Fr. Samuel Eijan OFM Tomo II
Madrid 1946

Nuestros compatriotas, menos apurados que los franceses en implantar formalmente el Protectorado, no ocupan Tetuán —procedentes de Ceuta— hasta el 19 de febrero de 1913, bajo las órdenes del valiente general Alfau. Es extraño —tratándose de gente tan levantisca, habituada a considerar Tetuán como ciudad sagrada— que nuestras tropas hayan podido atravesar el territorio sin disparar un solo tiro; esto, sin embargo, no indicaba satisfacción entre los moros a los cuales se les predicaba que lo del Protectorado era una engañifa para someterlos y privarles de su religión, de sus propiedades, de sus costumbres, etc.

En tales circunstancias, la acción política de Alfau nada podía obtener. Hogueras encendidas por las cumbres durante la noche, falta de concurrencia de los indígenas al zoco tetuaní, síntomas de efervescencia mal encubierta en el campo y otros mil pormenores eran indicio nada sospechoso de que más tarde o más temprano, aparecería al descubierto la oposición armada de las cabilas, denunciada ya en varios puntos por agresiones aisladas, disparos nocturnos sobre Tetuán, etc., cuya primera resultante fué la huida de las familias pudientes a Tánger y el abandono del Fondak de Ain Yedida por el reducido destacamento del Tabor xerifiano de Tetuán allí situado en previsión de un asalto de los rebeldes.

A tal punto, en efecto, llegó la situación que Alfau hubo de efectuar operaciones de castigo por los alrededores, ocupar Laucién el u de junio de 1913 y solicitar refuerzos a cuyo frente vino el coronel D. Dámaso Berenguer.

Los hilos de aquel movimiento estaban en mano del cherif Muley Ahmed Raisuni, nacido en Cinat hacia el 1870 y que podía entonces ser considerado como el moro más valiente y astuto de esta época. Mezcla curiosa de señor feudal y bandido, diéronle gran fama los famosos secuestros del inglés Harris, del griego norteamericano Perdicaris y del escocés Mac-Lean, contra los que se estrellaron las amenazas de la Gran Bretaña y Estados Unidos, viéndose obligados ambos a rescatarlos con desembolso de fuertes sumas de dinero destinadas por el secuestrador a adquirir armas para los suyos.

Merced a esto y por no lograr imponérsele, Abd-elAziz confióle el mando del campo exterior de Tánger y Muley Haffid, en cuya rebelión tomó parte, le hizo gobernador de toda la zona atlántica, territorio ocupado por dieciséis cabilas, desempeñando además el bajalato de Arcila, donde tenía la vivienda.

El Raisuni, ardiente partidario de la independencia del Mogreb, comprendiendo que las circunstancias no lo permitían de momento, optaba por el Protectorado de España, en cuyo favor quería moverse tratando sin duda de merecer su apoyo haciéndose valer como personaje poderoso e influyente. Lo malo fué que entre el carácter del Raisuni y el de Fernández Silvestre no era factible concertarse armonías por ser genios profundamente antagónicos. Éste, desde el puesto de la comandancia general de Larache, fiándolo todo a la intrepidez de su valor, parecía tener empeño en humillarlo llevándole la contraria y aun a veces desautorizándolo formalmente.

Dicen que le dijo en cierta ocasión el Raisuni: "Tú y yo formamos la tempestad; tú eres el viento furibundo; yo el mar tranquilo; tú llegas y soplas irritado, yo me agito, me revuelvo y estallo en espuma. Ya tienes ahí la borrasca; pero entre tú y yo hay una diferencia; que yo, como el mar, jamás me salgo de mi sitio, y tú, como el viento, jamás estás en el tuyo."

Todas estas diferencias, sin embargo, no impedían a Fernández Silvestre reconocer lo mucho que valía el Raisuni, hasta el punto dé proponerlo a Alfau, en mayo de 1.912, y luego al Rey para ocupare en la zona española el puesto de Jalifa, puesto que el Raisuni ambicionaba y en el que nos hubiera servido lealmente. Semejante propuesta no fué entonces bien vista, dada la fama de bandido que el prestigioso moro se había conquistado anteriormente; por lo cual, amargado el ánimo al verse pospuesto para el jalifato a Mulay-el-Medhi Ben Ismael Ben Mohammed, nieto del sultán de la guerra del 59-60 y en la persuasión de contar siempre con un rival en Fernández Silvestre, tomó en Tánger un día de marzo de 1913, por el camino de Tazatut, des-de donde se puso a dirigir el movimiento de rebelión contra España obligando a aquél a solicitar refuerzos.

Vino, en efecto, la lucha, a cuyos primeros chispazos hemos aludido anteriormente, prolongándose todo el 1913 y parte del 14. El primer encuentro algo serio lo provocó el 5 de junio un ataque de las moros a cierta posición heliográfica situada entre Larache y Arcila y simultáneamente a un destacamento del zoco de Cenin, ocasionando en los nuestros rápido movimiento de dos columnas combinadas procedentes, respectivamente, de Alcázar y Arcila con que Fernández Silvestre castigó la agresión.

Seguidamente cobró vida la guerra de guerrillas, desarrollada por el enemigo en torno a Tetuán, obligando a Alfau a prohibir el trásito de noche hacia Ceuta; hostigó con frecuencia el paso de convoyes y sobresalió en el reñido combate de el Arba, de 13 de junio, entre el general Silvestre y la harca enemiga. En lo restante de junio y del mes siguiente menudearon cada vez más los ataques, extendiéndose hasta la región de Larache y llegando los moros el 7 de julio a atacar la posición y campamento de Alcázar y aun a penetrar en el interior de la misma ciudad, aunque con sacrificio de numerosas bajas, sin que ni con eso se diera por escarmentado en su empeño.

Tantas y tan frecuentes escaramuzas produjeron alarma en España, dando pie al Gobierno para sustituir en la Presidencia al gene-ral Alfau por el general Marina, alegando las buenas formas de este último en su trato con los indígenas, pero que de poco valieron en la presente ocasión en que no era fácil suspender las operaciones, en las que Silvestre se apoderó de la Cuesta Colorada, mientras el general Arraiz, partiendo de Ceuta, se las tenía tiesas con los cabileños de la costa, entre Castillejos y Cabo Negró, incendiándoles o destruyéndoles los aduares.

A pesar de todo, el poderío del Raisuni parecía ir en aumento, dado su plan de tener siempre intranquilas las plazas de Ceuta, Tetuán y Larache. En la misma Tánger, por el mes de agosto de 1914, cundió el pánico ante la noticia de que iba a ser asaltada por los montañeses a sus órdenes, sin que bastaran a sus ciudadanos, para tranquilizarse, las garantías de los cruceros Cosmoa (francés) y Príncipe de Asturias (español) surtos en su bahía, y del primer batallón de infantería de Marina dirigido por el teniente coronel Sevillano, dispuesto en Larache para acudir al primer aviso, y el servicio de armas que para mayor seguridad repartió el Consulado español de la ciudad por las casas de los españoles con miras a defender la población en lance de una primera fuerte acometida.

Mientras en Tánger ocurre esto último, el general Marina presenta la renuncia y le reemplaza el general Jordana. Al propio tiempo, Fernández Silvestre cede el puesto de Larache al general Villalba, pasando él al cargo de ayudante del Rey. Lo mismo Villalba que Jordana, co-nocedores perfectos de la vida marroquí, amoldándose a los proyectos del Gobierno, empeñado en mantener en el Mogreb un statu quo compatible con los problemas de la guerra europea, trataron en todo de lograr la paz, o lo que es igual, de entenderse buenamente con el Raisuni. Este, sin embargo, no se hallaba dispuesto a rendir acto de sumisión al Jalifa. La fórmula de conciliación consistió, al fin, en cederle el gobierno, en nombre del Mogreb, de las cabilas que lograse someter a su autoridad.

Con esto, la situación cambió al punto. Lo mismo en la región de Larache que en la de Ceuta-Tetuán, las sumisiones de las cabilas fueron abriéndose curso, y a vuelta de varias operaciones combinadas, el 20 de mayo de 1916, celebraron Gómez Jordana y el Raisuni su primera entrevista, tras la cual se logró la ocupación pacífica de Fondak de Ain Yedida, que favorecía grandemente la comunicación entre sí de las comandancias generales de Larache y Ceuta, dejando aisladas al Norte las cabilas de Anyera, Haus y una buena parte de la de Uad-Ras. Poco después, el 29 de junio, en que tuvo lugar el combate de Biut contra los rebeldes, ya el Raisuni se batía a nuestro lado al frente de su harca.

La paz así obtenida era, no obstante, harto costosa para España, y de su situación abusaba no poco el Raisuni para acrecentar su prestigio en daño nuestro, ocasionando a Gómez Jordana amarguras, expresadas al Gobierno en carta que estaba escribiendo al sorprenderle la muerte ante la mesa de trabajo. Tal vez por concluir de golpe con situación que al fin debería resolverse militarmente, se le ocurrió a Primo de Rivera pronunciar el 25 de marzo de 1917 —en que fué recibido solemnemente en la Real Academia Hispano-Americana de Cádiz—, su discurso sobre la Recuperación de Gibraltar a costa de Ceuta y de la cesión poco a poco del resto de nuestro suelo africano, no por "un puñado de pesetas, que habrán de ser muchas para resarcirnos de lo que había costado, sino para obtener expresas ventajas comerciales en tratados, que no sólo significan ingresos importantes y graduales, sino vida y desarrollo de industria y producciones".

Proximo resumen:
El régimen franquista y la reactualización de la cuestión tangerina.
Antonio Moreno Juste
Estudios Africanos. Revista de la AEA Vol.V 1990 Nos. 8 y 9

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