8/09/2009

Los orígenes del boom de la prensa en Tánger contados por Alberto España

Tánger, capital diplomática de un Imperio en revuelta, iba ensanchando su participación en la historia de Marruecos. A Tánger llegaban periodistas de todas partes. Aquí establecían su cuartel general. Y de aquí irradiaban noticias y comentarios que, si no expresaban la verdadera situación del país, por lo menos procuraban acomodarlos a las aspiraciones de cada una de las Potencias en juego.


…El caos era imponente…Aquellos pintorescos corresponsales que se presentaban en el Zoco Chico, tocados con un enorme Salakoff, ataviados con sus breeches de montar, las correspondientes polainas y la inevitable fusta, constituían un grupo muy peregrino. Aunque no salían de la periferia zocochiquesca, venían preparados como para llegar hasta el mismo corazón del África tenebrosa o en llamas, títulos que dependían de la fantasía, más o menos fecunda, de cada uno.

Nunca podré olvidar aquel enviado especial del Heraldo de Madrid que, además del consiguiente atuendo, traía consigo la fama de consumado arabista por el simple hecho de haber traducido unas kasidas..del francés al español..Porque de árabe, ni el infeliz álif de los primeros signos. Algunos años antes había pasado también por Tánger el que luego fue gran escritor y novelista don Pío Baroja. Vino como redactor de El Globo..Sus crónicas tenían ya el sello característico de su prosa fuerte, rotunda, matizada de observaciones agudas y de hondo contenido. Y para ello no necesitó salakoff ni breeches ni tampoco leggins. Una simple maletita con unos modestos trapitos –como él decía- pero con ojos perspicaces, acuciosos, que se asomaban a todos los rincones y atrapaban al instante el detalle singular o el contraste interesante.

Por ese mismo Zoco Chico vi más tarde –y acompañé en ocasiones- a Leopoldo Romeo, Ruiz Albéniz, y aquel famoso Leopoldo Bejarano, de El Liberal, inquieto, travieso, rebosante de gracia y simpatía. Con su ingenio supo mantener en constante regocijo a moros, judíos y cristianos una noche memorable en La Imperial…Representando a La Vanguardia de Barcelona, vino, primero, Alfredo Opiso, que suplía la agilidad necesaria al periodista con sus atisbos profundos y acertados de historiador inteligente y sagaz. Después vino también Emilio Clavet o Calvet –no recuerdo exactamente- cronista admirable, que supo llevar a los lectores con su porosa galana todo el color de las escenas pintorescas vistas en Tánger. Pasó asimismo por el Zoco Chico, en representación de Las Provincias de Valencia, Eduardo López Chavarri, músico, formidable pianista, que hizo grata inolvidable una tarde entera a los que, en el Casino de Tánger, pudimos oírle interpretar de memoria, a los mejores y más grandes compositores, con Wagner a la cabeza.


Datos tomados de Una Vida en Tánger. Confesiones de Alberto
España
. Alberto España, Tánger 1962

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