8/18/2009

Judíos de Marruecos: el comienzo de los comienzos

El escritor Haim Zafrani cuenta en su libro Mille ans de vie juive au Maroc que históricamente los judíos son el primer pueblo no bereber que llegó a las tierras que hoy se conocen como Magreb y que ha continuado viviendo en Marruecos hasta el presente. Según Zafrani, Joab ben Seruya, jefe de los ejércitos de David, llegó la actual isla tunecina de Djerba, a Tánger, a Fez y al valle del Draa en los confines del Sáhara persiguiendo a los filisteos.



Zafrani reconoce no obstante que no se poseen documentos epigráficos ni otros testimonios sobre estos hechos que pertenecen a la leyenda. Leyenda cuestionada porque incluso en Israel se duda sobre la existencia del rey y el reino de David, que supuestamente envió a Seruya a combatir a los filisteos tan lejos de sus fronteras. El periodista israelí Daniel Gavrón, escribía en Ariel, la Revista Israelí de Artes y Letras 2 en 1996, el año en que los judíos del mundo celebraban el tercer milenario de la fundación de Jerusalén por el rey David, que "La mayor parte de los israelíes acepta, en forma axiomática, que las celebraciones del 3.000 aniversario de la conquista de Jerusalén por el rey David señalan un acontecimiento real y tangible, pero está lejos de ser así.

El relato bíblico sobre la toma de la ciudad es el único con que contamos y en opinión de la mayoría de los estudiosos modernos, la Biblia no constituye un documento histórico enteramente confiable... lo más que se puede decir es que probablemente existió un gobernante israelita llamado David, que convirtió a Jerusalén en su capital en algún momento del siglo X a.c.".

Los cronistas del siglo XIV relatan que ldriss II, el fundador en el siglo IX de Mulay Idriss y de Fez, de la dinastía de los idrissis, ya encontró a su paso tribus bereberes, judíos, y cristianos, lo que confirmaría la precedencia de los judíos sobre los árabes en tierras del norte de África. No todos habían llegado en esa presunta persecución de filisteos, sino que muchos procedían de la Península Ibérica y se habían trasladado a lo que hoy es Marruecos y Argelia huyendo de las persecuciones de los vándalos.

Las conquistas árabes a partir de 636 modificaron favorablemente para los judíos su estatuto en las tierras que antes habían estado bajo la dominación de Roma y los judíos, al igual que los cristianos, recibieron el estatuto de dhimmis (protegidos) bajo el cual vivieron con una cierta autonomía desde el siglo séptimo hasta el final del Imperio Otomano. Autonomía por supuesto onerosa, a cambio de una tributación especial, la jyzia o capitación, y las hedyas o regalos al sultán, pero autonomía al fin y al cabo. El destino de los judíos marroquíes dependió siempre del talante hacia ellos de los sultanes marroquíes. De una manera general, los idrissis les trataron bien y la prosperidad y el esplendor cultural de Fez atrajo a judíos de Túnez, de Egipto, de Persia, de Babilonia y de Iberia. Cuando los reyes ziris, una dinastía bereber originaria de la Cabilia argelina, ocuparon Fez en 1032 masacraron a los judíos de la ciudad.

Con los almorávides siguientes (1060-1130) la ciudad de Fez pierde poder, la capital se traslada a Marraquech, fundada en 1070, y por África y al-Andalus se extiende un islam rigorista y fanático predicado por Ibn Tumert (1080-1128) fundador del movimiento almohade al-Muwahidun - los unitarios- que se propuso liberar a Marruecos de toda presencia no musulmana. Muchos judíos emigran a la Península Ibérica y otros como Maimónides, que defendía la emigración como solución, se trasladaron a Egipto. Para 1224 todas las sinagogas de Marruecos habían sido destruidas.

Los merinidas siguientes permitirán el renacimiento judío y gracias a ellos y bajo el reinado de Mulay Yakub al Mansur (1269-1286) Fez se convierte de nuevo en gran centro cultural judío y de comercio internacional. Para proteger a los judíos les instala cerca de su palacio en Fez-Jdid. Al final de su reinado los merinidas se alían con los turcos contra los saadis y atacan a los judíos del Suss marroquí a la vez que les imponen fuertes tribu-tos para financiar las guerras del momento.

La expulsión de los judíos del Reino de Aragón en 1340 y la represión desatada contra ellos en 1391 en al-Andalus lleva a muchos de ellos a emigrar a Argelia y Marruecos. En Fez se reservó un barrio especial para los llegados de España, en adelante conocido como el barrio de los Andaluces. Por su proximidad al mercado de la sal, meleh en árabe, desde entonces los barrios donde se con-centran los judíos serán conocidos como mellahs.

La expulsión de los judíos de España en 1492 ve llegar a judíos en gran número. Se les reagrupa en Fez en un inmenso campo de tiendas de campaña y cabañas, pero el hambre se extiende y muchos emigran a Tierra Santa y a Oriente Medio. Esos judíos que venían de lo que hoy es España y Portugal, los megorashim (expulsados), se instalaron en las ciudades costeras mediterráneas o atlánticas de Marruecos y en menor medida de Argelia, y se encontraron con los toshabim (judíos indígenas) lo cual no dejará de acarrear problemas litúrgicos, legales y rituales.

En 1574 Ahmed al Mansur vence en la famosa batalla dinástica de Los Tres Reyes, que los judíos celebrarán como el Purim de los Tres Reyes en agradecimiento a las buenas relaciones que Al Mansur (1578-1603) mantendrá con ellos. A la muerte de Al Mansur la anarquía se extiende por Marruecos y las cuatro sequías de 1604-1606, de 1614-1616, de 1621-1622 y de 1624, y los fuertes impuestos, empobrecen y diezman a las comunidades judías.


Los alauitas, una nueva dinastía



En 1659 una nueva dinastía, los alauitas, originarios de Tafilelt comienza a gobernar en Marruecos y los judíos renacen para volver a ser perseguidos en el siglo siguiente. Las hambrunas de 1735 y 1737, y la venganza del sultán Mulay Yazid (1790-1792) contra los judíos, que no habían querido ayudarle en su revuelta contra su padre, hizo que Fez decayera y que surgieran Tetuán, Mogador, Mequinez y Tafilelt, como nuevos centros del judaísmo en Marruecos.

Las grandes potencias europeas preparaban ya la colonización y los judíos, unas veces solicitados por los sultanes y otras por las potencias coloniales, ayudarán al comercio de Marruecos con ellas, o al de esas potencias con Marruecos. Un caso muy especial es el de la mediación del judío Samuel Pallache con Las Provincias Unidas, cuando los Países Bajos luchaban contra el imperio español, que tendrá como resultado que la piratería desde Marruecos se prolongase bastante años más. Cuando los británicos se instalan en Tánger a partir de 1661 los judíos de Tetuán se convierten en los intermediarios del comercio marroquí con Inglaterra.

Otro grupo de judíos norteamericanos, junto con otros de Marruecos como Isaac Cardoso Núñez, traductor del sultán en Marraquech, e Isaac Pinto se convertirán en los facilitadores del primer tratado de Marruecos y Estados Unidos de 1787, por el cual el Congreso norteamericano pagará a Marruecos por la protección de sus barcos en el Mediterráneo. Dos epidemias, en 1799 y 1818, despoblarán práctica-mente a Marruecos y muchos judíos emigrarán entonces a Inglaterra. El último shock para las comunidades judías en Marruecos y en el mundo árabe en general, vendrá dado por la creación del Estado de Israel en 1948, sobre todo tras las independencias de los países árabes en las décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta. En Marruecos, como en la mayoría de los países árabes, se produjeron numerosos asaltos y disturbios que dieron lugar a un importante éxodo de judíos marroquíes.

A la independencia del país, el rey de Marruecos decretó en 1956 la suspensión de la emigración judía a Israel, que Hassán II restablecerá en 1963 y que aprovecharán alrededor de 100.000 judíos para abandonar el país. Hassán II fue considerado siempre protector de los judíos de su reino y uno de los pocos dirigentes árabes amigos de Israel, una actitud no desmentida por su sucesor Mohamed VI y demostrada en octubre del año 2000, cuando fue atacada la sinagoga de Tánger, y posteriormente el 16 de mayo de 2003, tras los atentados terroristas contra cuatro objetivos judíos de Casablanca y la Casa de España.

De una comunidad que en los siglos XV al XVII, e incluso mucho antes, podía contar entre 150.000 y 250.000 personas, hoy solo quedan 3.000 judíos en Marruecos, según datos de Simón Levy, director del Museo Judío de Casablanca. Hombre a carta cabal, luchador en las primeras revueltas marroquíes por su independencia, y a partir de 1956 por la democracia, Simón Levy, es hoy el símbolo viviente y depositario de la historia de los judíos en Marruecos que tiene sus raí-ces en aquellos remotos tiempos en que la historia se confundía con la leyenda y con el mito. Su vida misma es un resumen del drama y a la vez de la grandeza de la historia de los judíos en tierras del islam.

Por Domingo del Pino. Publicadeo en Diálogo Mediterráneo Nº 50 Mayo 2009

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