8/07/2009

Antonio Fuentes

El Hotel Fuentes -o mejor: la familia Fuentes- era el punto de unión más concreto y preciso entre España y Tánger; y al decir de muchos y entre los muchos me incluyo, de manera mucho más directa y eficaz que nuestras autoridades diplomáticas con excepciones que, por supuesto, las hubo..


La obra de Antonio Fuentes se puede ver en Internet en:
http://www.antoniofuentes.org/fuentes.pdf


(Citas de un artículo de Emilio Sanz de Soto)
...
Y a modo de ejemplo, dos celebraciones que tuvieron lugar en el Hotel Fuentes, y a las que de haber prestado más atención los gobiernos españoles de entonces, nuestra realidad histórica hubiese despertado, al menos un poco, de su letargo secular. Me estoy refiriendo al reconocimiento racial y cultural de que, en su mayoría, dieron siempre pruebas más que palpables los judíos sefarditas españoles.

Dos españoles ilustres, el uno de nuestra historia política y el otro de nuestra literatura, merecieron el emocionado homenaje de la colonia hebreo-sefardí de Tánger: Emilio Castelar y Benito Pérez-Galdós. Y ello sucedió -sucedía siempre- en el Hotel Fuentes.

A Castelar el homenaje le fue ofrecido por el erudito Abraham Pimienta y a Galdós por una muy singular mujer, la escritora y periodista Rahma Toledano, que se adelantó a su tiempo en ideas e ideales feministas, y que fue la más decisiva colaboradora del doctor Angel Pulido a la hora de redactar su profético libro, "Españoles sin patria", obra a la que Galdós prestó una muy particular atención.

Un año después del homenaje a Galdós, don Antonio y doña Ana Contreras habrían de tener un nuevo hijo, con prematura vocación de pintor y que, con el tiempo, habría de vivir la bohemia artístico - literaria de París, en unos años tan míticos como irrepetibles. Nace así Antonio Fuentes, que se llamó como su padre y que fue una persona singular hasta extremos de muy difícil comprensión. Dijérase que llegaba al absurdo forzando su implacable lucidez. Sus opiniones de inmediato se nos aparecían como un contrasentido, pero una vez repensadas comprobábamos que obedecían a una lucidez muy suya. Algo similar a la imagen que Cervantes nos da del " loco cuerdo ". En Antonio Fuentes su esfuerzo de cordura resultaba evidente. Eso sí: un esfuerzo de cordura para evitar cualquier asomo de locura.

Durante años creí que Antonio Fuentes era, cronológicamente hablando, el primer pintor español nacido en Tánger, hasta que descubrí que el dibujante -ilustrador- excelente ilustrador -de nuestra triste guerra civil, en el bando franquista, Carlos Sáenz de Tejada, nació en Tánger en 1897, donde su padre estaba entonces en misión diplomática. Y, tras Antonio Fuentes, el otro gran pintor nacido en Tánger es José Hernández.

Antonio Fuentes vivió en un mundo no ajeno al arte y, concretamente, a la pintura.
Su familia era muy amiga de la del extraordinario acualerista catalán Josep Tapiró, que llegó a Tánger invitado por Mariano Fortuny y en esta ciudad se quedó a vivir.
A la madre de Antonio Fuentes , doña Ana, la recuerdo vagamente, ya de mayor, como a una señorona andaluza, siempre muy erguida, muy solemne, de andares seguros, aunque sostenida por un bastón de ébano con empuñadura de plata y con vistosos sombreros de exquisito gusto francés, de seguro salidos del taller de madame Boissonet, famosa sombrerera parisina que hubo de refugiarse en Tánger tras un escándalo que puso en peligro al mismísimo Presidente de la República Francesa. Madame Boissonet fue la segunda madre y la profesora de Mariquita Molina, que habría de heredar la sombrerería y cuyo único hijo fue el insólita novelista tangerino Angel Vázquez, autor de una obra impar : "La Vida Perra de Juanita Narboni".

Antonio Fuentes veneraba a su madre, y al enterarse de que iba a asistir al entierro de Josep Tapiró, que era íntima amiga de su mujer que, si mal no recuerdo , pertenecía a una notable familia de liberales españoles que al adquirir la protección inglesa cambiaron de apellido; el de la peña de convirtió en Lepen ( léase en inglés: Lepin ), y dado que el niño Antonio Fuentes, entonces de 8 años, se había empeñado en acompañar a su madre a aquel entierro, doña Ana accedió, pues sabía del entusiasmo que despertaba en su hijo las obras del genial acuarelista catalán.

A través de Josep Tapiró se despierta la vocación de pintor en Antonio Fuentes, hasta que, años más tarde, descubre en una Enciclopedia de Pintura a Rembrandt, en particular a través de su cuadro "El buey Desollado". El propio Antonio Fuentes se decía estar de acuerdo con quienes creían ver en el expresionismo siempre latente en toda su obra, la huella de su primer encuentro con "El Buey Desollado", de Rembrandt, cuya reproducción en forma de postal, casi a la manera de una imagen religiosa, habría de acompañarle a lo largo de toda su vida.
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Quien no visitó su estudio vivienda en la medina de Tánger no puede hacerse una idea por lejana que ésta sea , del ambiente caótico - surreal en el que, durante años, se mantuvo oculto Antonio Fuentes. Cuánto lamento que nadie filmara -el cineasta Mario Ruspoli pensó hacerlo- aquel mundo de tan inimaginable como increíble desorden, pero curiosamente para Antonio Fuentes este desorden era sólo aparente pues puesto a buscar el más insignificante de los papeles siempre sabía dónde estaba.

El estudio de Antonio Fuentes donde vivió escondido -sí, escondido- hasta la avanzada edad de noventa años, estaba ubicado como ya creo haber dicho, en la antigua medina de Tánger, concretamente en la plazuela de los Aissauas, frente a la Mezquita Nueva, a la que durante largas décadas le hizo siempre compañía una milagrosa palmera gigante que, en uno de esos días de viento de levante, su muy largo y esbelto tronco se quebró, y la palmera fue enterrada casi religiosamente en el viejo cementerio árabe cercano a la Mendubía.
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Sirvan pues estas líneas para sumar otro nombre a esos "olvidos de España" de los que ya hablaba Jovellanos. En el caso que nos ocupa es para añadir el nombre de un pintor español, aunque a muchos españoles aún no les suene: el nombre de Antonio Fuentes.

Antonio Fuentes: un recuerdo de Tánger y un olvido de España
por Emilio Sanz de Soto.
El País, Babelia, 23 de agosto de 1997

4 comentarios:

  1. Mi madre solía comprárle alguna pintura . Una tarde, le visitó en su estudio justo cuando se estaba preparando la cena, eran unos raviolis poco ortodoxos y como buena italiana quedó estupefacta al ver como los cocinaba sin agua y fritos en una vieja sartén .
    Quedó tristemente sorprendida del caos q reinaba en su "atelier", pero al mismo tiempo agradecida y feliz por haber podido estar con un gran pintor y haber conseguido comprárle algún que otro cuadro , a pocas personas les vendía su obra, a veces túvo que intermediar para que alguna amiga suya pudiera adquirir algo de su obra.
    Hoy conservo alguno de esos cuadros de nuestro gran pintor tangerino que me hacen pasear por esas callejuelas del zoco.
    Es una lástima que apenas sea conocido fuera de Tánger.

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  2. Es fascinante eso que cuentas de tu madre. Si pudieras enviarme fotos de esos cuadros que tienes las publicaba (con el debido crédito, claro está). Lo mismo que siquieres añadir algo más a ese conocimiento del pintor por tu madre.

    Saludos cordiales

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  3. Soy Maria Cristina Atalaya Fuentes, sobrina de Antonio y por supuesto estoy encantada que se le recuerde con tanto cariño, como bien dices éra único, y veia la vida a su manera ''muy inteligente''... su obra, una maravilla, verdaderamente genial.
    Un cordial saludo, desde El Puerto de Santa María.

    Fdo: Maria Cristina.

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  4. Soy Ana Amselem de Tanger, hija del Dr. Amselem.
    Nosotros fuimos muchas veces a casa de Antonio, algunas a llevarle comida, otras clientes, otras simplemente a ver si contestaba.
    Una manera de saber si estaba en casa era comprobar si la cadena con candado estaba puesta o no y entonces gritar su nombre o aporrear la puerta.
    Recuerdo las extravagancias de Antonio como cosas normales.
    Guardo sus dibujos con cariño.
    Ana

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