6/11/2009

La imaginaria conquista de Marruecos por España en el siglo XVIII

A principios del siglo XIX, España todavía formaba parte del club de grandes potencias imperiales. Los reyes españoles seguían soñando con imperios. Al otro lado del Estrecho, el actual Marruecos estaba tentadoramente a mano. Españoles y marroquíes siempre hemos pensado en el otro para mayores glorias de las respectivas coronas. El intento de conquistar Marruecos que aquí se relata sorprende por la improvisación con que fue concebido


Engañoso espejismo de un sueño imperial

Las aventuras de Domingo Badía Leblich, alias Alí Bey



Domingo del Pino. Revista Española de Defensa. Octubre de 1989

Felices los tiempos en que turistas, aventureros y espías, antaño tan escasos como cotizados, viajaban y eran recibidos con los brazos abiertos en todas partes. Reyes, príncipes, sultanes, califas de los países que visitaban se interesaban personalmente por ellos, les abrían las puertas de sus palacios y les sentaban a sus mesas. En algún caso, como el del catalán Domingo Badía y Leblich alías Alí Bey,llegaron a regalarle un par de esclavas negras.

Para la aventura de gobernar había que tener entonces imaginación o, como en el caso de don Manuel de Godoy, duque de Alcudia, gozar del favor del rey Carlos IV, de quien fue primer ministro en 1792. Aunque tuvo que dimitir, volvió en 1800 al poder. Godoy gobierna una España derrotada junto a Francia en la batalla de Trafalgar, y abre las puertas a la invasión napoleónica. Con ello se gana la impopularidad, la cárcel y el exilio, pero desde su despacho llegó a soñar con la conquista de un gran imperio africano.

Por encargo suyo, Domingo Badía, un catalán afrancesado, viviría durante media década, bajo la identidad forjada de Alí Bey, la historia más fantástica jamás soñada por aventurero español: intentar conquistar para España el imperio de Marruecos. Domingo Francisco Jordi Badía nació en Barcelona el día 1 de abril de 1767. Su padre era secretario del Conde Ofelia. Su madre, Catalina Leblich, era hija de una familia belga afincada en Barcelona desde el siglo XVII. A los 14 años comenzó una fulgurante carrera que culminó como administrador de la Real Renta de Tabacos en Córdoba, donde aprendió botánica, astronomía, meteorología y geografía.

Incluso quiso volar su propio globo aerostático, artilugio del que escribió un Ensayo sobre el Gas, Máquinas y Globos que dedicó a Godoy. Pero hasta 1801 no presenta a Godoy su «Plan de Viaje al África con objetivos Políticos y científicos» que aquél acepta entusiasmado. Cómo y por qué ese viaje científico se transforma en proyecto de conquista de Marruecos es poco conocido. El coronel Francisco Amorós, hombre de confianza de Godoy y responsable del Legajo Marruecos hubiera podido dejar testimonio de las razones ocultas, pero no lo hizo.


Circuncisión

Sea lo que fuere, Domingo Badía, aprovechando una estancia en Londres, se hace circuncidar. Otros aventureros y espías disfrazados habían sido capturados en tierras del Islam por no estar circuncidados, aunque la historia no precisa en qué circunstancias fueron descubiertos. El coronel Amorós escribiría en su expediente: «Desde Pitágoras a Badía nadie tuvo el valor de hacerse circuncidar por la ciencia».

El proyecto elaborado y discutido en la más estricta confidencia, fue sin embargo publicado por un burócrata en el diario oficial de Madrid de 26 de diciembre de 1801. El mismo Badía, durante sus viajes a París y Londres, informó a los gobiernos de ambos países de que pensaba conquistar Marrueos disfrazado de príncipe musulmán.

Es curioso que el astuto Talleyrand creyera en la viabilidad del plan y recomendara a Badía al Comisario General francés en Tánger, pero lo asombroso es que los ingleses, a su vez, escribieran a comerciantes judíos en Tánger y Mogador rogándoles que «por tratarse de un espía disfrazado le facilitaran fondos si los necesitare».

Nadie se explica tampoco cómo el Sultán de Marruecos no se enteró de secreto tan pregonado. Más aún, cuando Alí Bey estaba ya en Marruecos, el propio coronel Amorós viaja a Tánger y pasa allí con Badía cuatro meses ultimando detalles. De vuelta a la corte elabora para Godoy un informe sobre elProyecto del viajero Alí Bey Abdala para conquistar el reino de Marruecos, perfeccionado después de mi sesión con él.


Contradicciones

Este proyecto lo describe Godoy así en sus memorias: «El objetivo del plan era ganar la confianza de Mulay Solimán y, presentada la ocasión, inspirarle la idea de pedirnos asistencia y alianza contra los rebeldes de sus reinos. Si no alcanza a persuadirlo debe explorar el reino con el achaque de viajero, reconocer sus fuerzas, enterarse de la opinión de aquellos pueblos, y procurarse inteligencias con los enemigos de Mulay por manera que, entrando en guerra, pudiésemos contar con su asistencia y hacernos dueños de una parte de su imperio, la que mejor nos conviniese».

El diplomático Salvador Barberá, que ha preparado una excelente edición de los viajes de Alí Bey y ha repetido sobre el terreno las presuntas rutas descritas por Badía en sus memorias a Godoy, señala algunas de las incongruencias del proyecto. «En 1803-1805, escribe Barberá, ya no había rebeldes contra el sultán de Marruecos, ni su corona estaba amenazada. La guerra dinástica había acabado en 1795».

Pero Badía y el coronel Amorós ignoraban estos y otros muchos detalles sobre Marruecos. La piedra angular del proyecto de Badía era dirigirse a Agadir, Tafilete y Ued Nun para sublevar a las tribus del Sultán prometiéndolas exonerarlas de impuestos. «Lo que no sabía Badía, escribe Barberá, era que aquellas tribus insumisas no pagaban impuestos».

Domingo Badía Al Bey, afirma en su correspondencia a Godoy que estaba en connivencia con el Príncipe Hicham, señor de la Casa Iligh y del Atlas, en la conspiración contra el Sultán. Sin embargo, el diplómatico Salvador Barberá afirma que Domingo Badía Leblich no pudo ver a ningún señor del Atlas porque se detuvo en Marrakech.

Lo que Alí Bey pretendía haber logrado con Mulay Solimán es también un espeso misterio. Badía Alí Bey conoció a Mulay Solimán por casualidad en Tánger en 1803. Mulay Solimán le autorizó a viajar por su imperio y gracias a ello Alí Bey pudo trasladarse a Fez. Allí estuvo hasta febrero de 1804 sin lograr volver a ver al Sultán, aunque predijo el eclipse de sol del 10 de febrero de 1804 y elaboró un almanaque, lo que le valdría una gran popularidad entre los notables de la ciudad. En Marrakech, adonde se trasladó con posterioridad, tuvo mejor suerte. Como entonces los países no estaban equipados para el turismo, el Sultán le cedió una finca de recreo en Semelalia y una casa en la ciudad. Según el entonces cónsul británico en Mogador, el Sultán estaba entusiasmado con los conocimientos astronómicos de Alí Bey.

Sin embargo, los gobernadores de Marrakech y Mogador ya habían comenzado a sospechar. Fue entonces, cuando sin haber preparado nada, al parecer, el aventurero Alí Bey envió una carta a Godoy para decirle que creía llegado el momento de pasar a la acción. «Todos los Bajás, escribe Alí Bey, son mis criados y soy tan dueño de este imperio que, o por amor o por respetado, me bastan 3.000 hombres para conquistarlo y ahora cuento con 10.000».


Sueño y realidad

 ¿Quiénes eran esos Bajás a su servicio? ¿Dónde estaban esos 10.000 hombres? Alí Bey omite esos detalles fastidiosos en su correspondencia. No se arredra por esas pequeñeces y solicita pertrechos, dinero y hombres a Godoy, quien da las órdenes oportunas para que le sean enviados. El plan, para suerte de Alí Bey, lo bloquea el propio rey Carlos IV, que, cuando es informado por Godoy, dice: «Jamás consentiré que la hospitalidad se vuelva daño y perdición de quien la da benignamente».

Pero las hostilidades de España y Francia con Gran Bretaña en diciembre de 1804 hacen que Carlos IV reconsidere su decisión y apruebe la conquista de Marruecos. Ali Bey elabora entonces un segundo plan que consistía en revolucionar contra el Sultán a las tribus de la región de Tadla, al santón de Bugad, Sidi Arabi, y a los habitantes del Este de Marruecos. Luego reitera su demanda de pertrechos y más dinero y solicita ahora que le envíen una banda de música de 40 hombres. Pero mientras Madrid espera la aplicación del plan, Alí Bey informa a Godoy que se sospecha de él y que su situación se vuelve insostenible. El 30 de mayo de 1805 abandona apresuradamente Fez.

¿Embaucador, aventurero, Rasputín visionario? Domingo Badía tiene un poco de todas esas cualidades idóneas para convertirse en un gran hombre en la época que le tocó vivir. Bien es verdad que no conquistó Marruecos, pero el mapa orográfico que levantó es el más preciso que existía hasta entonces. Su descubrimiento del famoso «corredor de Taza», que separa las montañas del Rif de las del Atlas, tendrá gran importancia durante la dominación colonial francesa. Sus agudas observaciones sobre la sociedad y las costumbres del reino de Marruecos son las mejores y primeras que se conocen y le convierten, en este sentido, en un precursor de los grandes aventureros franceses, británicos, y españoles, que siguieron sus pasos para preparar la penetración colonial.

A su regreso se puso al servicio de José Bonaparte e intentó repetir, en beneficio de Francia, la aventura que no había logrado llevar a cabo para España. Cuando lo intenta, Badía tiene ya 51 años de edad y en Damasco, su primera escala, enferma. La diarrea y la disentería acaban con él y fallece el 31 de agosto de 1818.

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