6/11/2009

Herbert R. Southworth: con la guerra en los talones

El historiador Herbert Rutledge Southworth, creador allá por los años cuarenta de la primera emisora de Tánger, Radio Internacional, desmitifica en este artículo 40 años de propaganda franquista




Domingo del Pino, El País 8 de Junio de 1986


El equipo de Radio Tánger International
En la Asociación de la Prensa de Tánger: Herbert R Southworth a la derecha, Adelino Cuetos en el centro sentado, Samuel Cohen y JL Navarro, arriba a la izquierda, Manuel Cruz de pie a la derecha,y el abogado J. Pargada, con pajarita, a la derecha de pie.Foto cortesía de Concha Cuetos

Para la mayoría de los españoles nacidos después de la segunda mitad de los años treinta, la guerra civil es un episodio de nuestra memoria colectiva que se puede contemplar ya con el gran distanciamiento que dan las cintas magnéticas de los bancos de datos. Los 40 años de propaganda institucional facilitada por el monopolio de los medios de información por el régimen anterior parecen haber resbalado sobre la piel de esta generación como una lluvia de primavera sobre el asfalto.


Un grupo de historiadores, en su mayoría extranjeros, como Hugh Thomas, George Bernanos, Gerald Brenan o Herbert R. Southworth, aportaron en las tres últimas décadas una reconfortante visión diferente sobre aquella fiesta nacional en la que nadie sabía al principio quién iba a ser el toro y quién el matador.

Herbert R. Southworth, que he entrevistado en Sitges, es uno de esos a quienes, como a nuestros padres, la guerra le viene todavía pisando los talones. Para quienes de alguna manera recordamos aún el pan de estraperlo, el SEU, las vacaciones en los campamentos de Falange y los niños Plus Ultra, resulta encantador oír a un extranjero filosofar sobre "las resistencias que todavía hoy existen a historiar la guerra como realmente fue".

A sus 78 años de edad, bajito, con una generosa barriga que le cae por encima del cinturón y unos inteligentes ojos azules, su herencia irlandesa, Southworth habla de la guerra civil española con ese divertido acento del que sólo son capaces los norteamericanos, aunque hayan vivido 25 años en España; confunde irremediablemente los verbos "ser" y "estar" y convierte las jotas en haches aspiradas, lo cual resulta particularmente pintoresco cuando rebate que en España se pueda escribir ya todo sobre la guerra civil.

Southworth no ha vivido 25 años en España, pero ha dedicado toda su vida desde 1961 a estudiar la historia de España entre 1931 y 1975, es decir, la guerra, sus orígenes y sus consecuencias. "No es verdad", dice Southworth, "que se pueda escribir todo, porque los archivos del _ehercito _ (ejército) no son (están) todavía abiertos. Los papeles del cuartel general de Franco los días antes, durante y después del bombardeo de Guernica, no los ha podido estudiar nadie. Tal vez ni siquiera existan ya".

Southworth es autor de varios libros clásicos como El mito de la cruzada de Franco, Antifalange y La destrucción de Guernica, por el cual la universidad de la Sorbona le concedió un doctorado en historia; editados por Ruedo Ibérico y prohibidos durante largos años en España. El primero de los mencionados, El mito de la cruzada de Franco, ha sido editado por primera vez en España y será presentado el día 10 en Barcelona en un acto que presidirá el honorable Josep Tarradellas.

Southworth prepara ahora otro libro, que aparecerá en octubre, para desmitificar aquel supuesto levantamiento comunista contra la República que Franco dijo haber impedido con su propio levantamiento. Ha polemizado con numerosas personalidades del régimen anterior, sobre todo con Ricardo de la Cierva, a quien acusó de "carecer de dignidad intelectual". De la Cierva le devolvió el cumplido y llamó a Southworth "vendedor de bibliotecas por las que consigue precios fabulosos".

Southworth nació el 6 de febrero de 1908, "tres años antes, exactamente, que Ronald Reagan", en un pueblecito de Oklahoma llamado Canton. Su padre era banquero, "de uno de esos bancos de madera, en pueblos de tierra, del Oeste americano. Perdió mucho dinero perforando pozos en los que no encontró petróleo. Yo fui a la Universidad sólo seis años después de acabar en el Liceo, porque no encontré trabajo. Pasé cuatro años en el Texas Technological College de Lubock. Después me fui a Washington y comencé a trabajar en la biblioteca del Congreso. Roosevelt era presidente. Había una gran agitación izquierdista. Yo era activo en todo eso, porque desde los 17 años, en que me iba a leer a la biblioteca pública de Havelin, Texas, me convertí al socialismo, como manera de ver la historia y la vida.

Cuando estalló la guerra española me entregaban los libros sobre España y yo hacía sus reseñas para el Washington Post. La Embajada de la República Española me ofreció entonces trabajo en Nueva York. Luego hice un poco de periodismo. Cuando estalló la II Guerra Mundial escribía para The Nation y Post Meridien. Por esos años, Estados Unidos preparaba ya una campaña de propaganda contra Hitler, y yo entré en la oficina que se iba a ocupar de ello, que cuando comenzó la guerra tomó el nombre de Office of War Information. En 1943 fui a Argelia, donde me ocupé de dirigir emisiones de radio en castellano destinadas a España".


Una emisora


El final de la II Guerra Mundial cogió a Southworth trabajando en la biblioteca norteamericana de Casablanca. En Tánger, Marruecos, conoció a Suzanne Mauri, primer magistrado femenino del tribunal internacional de Tánger, que más tarde sería su esposa y "que me convirtió", afirma Southworth con humor, "en un businessman".

Con unos amigos de la familia judía marroquí de Arthur Cohen, que había conocido cuando éstos eran estudiantes en Toulouse, Southworth compró en 1946 material de la radio militar norteamericana de Casablanca y con sus socios judíos se dirigió a Tánger, que entonces estaba en pleno boom económico, alquiló un piso, y con una antena tendida entre dos edificios montaron lo que luego sería Radio Tánger. La emisora funcionó hasta diciembre de 1960, en que el Gobierno marroquí decidió nacionalizarla. Por cierto, y cosa rara en Marruecos, Southworth se las arregló para obtener por ella un precio que él mismo califica de justo.

A las pocas semanas de instalada la radio, dice Southworth, "con una carta del embajador norteamericano entré en contacto con la SER" y de esta manera la familia de Antonio Fontán, Antonio Garrigues y Díaz Cañabate, Virgilio Oñate y Mariano Gómez Mir, y el republicano y periodista español Aladino Cuetos, se convirtieron en asociados de Radio Tánger, que pudo constituirse legalmente gracias a la ayuda de otro español, el magistrado del tribunal internacional de Tánger, Díaz Merry, que había sentado jurisprudencia declarando que la radiodifusión era un comercio como otro cualquiera, y por lo tanto podía funcionar.

Radio Tánger transmitía en francés, árabe, inglés y español. Luego hizo emisiones en onda corta pagadas por misiones evangélicas norteamericanas, entre ellas una organización luterana que transmitía en 24 lenguas diferentes, sobre todo las habladas en los países del Este. Fue un buen negocio, reconoce Southworth, que le permitió realizar su sueño de recopilar información sobre la guerra civil española, para dedicarse a ello por completo y vivir holgadamente el resto de su vida.

Como prueba su biografía, Southworth no sólo es historiador, sino un auténtico especialista en cuestiones de propaganda, el aspecto de la guerra española, junto con el periodismo, que más ha investigado. "Ambos aspectos", afirma Southworth,
"estuvieron extraordinariamente desarrollados en la guerra de España. Durante la II Guerra Mundial no hubo tanta propaganda ni tantas versiones periodísticas como durante la guerra de España, que en realidad interesó al mundo entero.

En España había periodistas de todas partes del mundo. Durante la II Guerra Mundial los periodistas recibían dos o tres comunicados al día y ya está. En mi libro sobre Guernica yo he estudiado los reportajes sobre este hecho en la Prensa mundial y le puedo asegurar que ningún acontecimiento de la II Guerra Mundial fue tratado desde tantos puntos de vista diferentes. En mi libro El mito de la cruzada de Franco_ he revelado a los españoles la amplitud del interés mundial por la guerra de España y las simpatías que en todas partes despertó la causa del pueblo español".

Tres internacionales

Yo me he interesado mucho en la propaganda durante la guerra española, que desde el punto de vista de su producción es una de las más importantes del siglo. Ésta no era sólo del Gobierno de Franco, o del Gobierno de la República, sino en parte el producto de varias internacionales. Tres internacionales, por lo menos — los anarquistas, los socialistas, los comunistas de Moscú, e incluso trostkystas — la hicieron en favor de la República. Del lado de Franco fue la internacional de la Iglesia. En mis libros he querido hacer la crítica de la propaganda católica en favor de Franco.

Aunque yo no soy creyente de ninguna religión, soy, como todos, producto de una educación, y para mi educación protestante, un poco rígida, tal vez yo era muy simple en mis ideas, resultaba asombroso comprobar las falsedades sobre las que se basaba la propaganda de Franco, hecha en gran parte por curas y jesuitas. Tanto en El mito como en mi libro sobre Guernica, creo haber demostrado que la propaganda franquista, apoyada por la Iglesia católica, no solamente era históricamente falsa, sino socialmente retrógrada. Durante la II Guerra Mundial, la Iglesia católica norteamericana controlaba por completo la propaganda de la Embajada norteamericana en Madrid, con el propósito de apoyar a Franco. ¡Ah, si yo pudiera rehacer la guerra con lo que sé ahora! Nuestra propaganda, la propaganda republicana, era muy mala".

Southworth reconoce que en España existe ahora un interés renovado por la historia, que atribuye a que "al fin y al cabo el país está celebrando el décimo aniversario de su fundación. De todas maneras, me siento un poco desilusionado por la indiferencia oficial en relación con los problemas de la guerra. Por ejemplo, el Gobierno puede abrir los archivos, pero si no lo hace es porque hay personas que no quieren, y en una democracia no debe haber personas que puedan oponerse a que esos archivos se abran 50 años después de la guerra".

Southworth, que hace 10 años se mostraba escéptico en cuanto a la posibilidad de una transición sin ruptura, rehúye hablar de estos años de régimen democrático. "Todo el mundo sabe", afirma, "que España tiene hoy un gran problema con el paro. Es muy posible que si Europa fuera socialista las cosas irían mejor, pero España sola no podrá convertirse en un Estado realmente socialista. Francia tampoco. Eso lo sabe todo el mundo. De todas maneras, lo importante en España es que hay elecciones honestas, y por lo tanto el pueblo español tiene la posibilidad de cambiar lo que desee cambiar".

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