11/19/2008

Tánger, encrucijada humana y cultural hispano-sefardí /1

Comunicación nº 1 presentada al IV Congreso Internacional de historia de Tánger celebrado en Tánger del 16 al 19 de mayo de 2008, organizado por el Centro Internacional de Estudios de Interpretación, y el Grupo de Investigación de Estudios de Interpretación de la Universidad Abdelmalek Essaadi, de Marruecos, el Centro de Paris de la Universidad de Londres, el Centro de Estudios del Oriente Medio de la Universidad Middle Tennessee, EE.UU y el Departamento de Lenguas Europeas de la Universidad de Aberysthwith, Reino Unido



Domingo del Pino Gutiérrez

Presentación


La novela es, entre otras muchas cosas, una manera personal de gestionar el presente, el pasado y – algo que los historiadores no pueden ni deben permitirse – el futuro. Por eso es el género preferido de muchos intelectuales que encuentran en ella un instrumento muy adecuado para expresar una visión de su mundo presente, pasado y futuro, libre de las ataduras que imponen los hechos concretos y probados. Considero pues a la literatura o la fabulación que se ha hecho y se hace en torno a Tánger como el ventanal abierto a los sueños, al mundo en que quisiéramos vivir y no vivimos.

Personalmente prefiero la novela y la ficción porque la historia, con sus salvajadas reales, a veces espanta y horroriza. Son salvajadas que el género con frecuencia mal llamado humano sigue cometiendo como si no hubiéramos dejado atrás los tiempos de las Cruzadas o de la colonización de África en que los colonos podían matar a los indígenas con entera libertad porque no estaban registrados en ninguna parte pero los colonizados no podían acabar con los blancos porque éstos “estaban contados” y censados.

Pero cuando el propósito es hablar de historia, como es el caso, entiendo que conviene rendir un mínimo tributo a los hechos, a los acontecimientos realmente ocurridos. No es que crea a la historia un arma infalible y ni siquiera un instrumento mejor que la novela para rendir cuenta de nuestras visiones. Las historias que conozco suelen enaltecer la andadura del pueblo, de la ciudad, de la nación, y a veces hasta de la familia del historiador.


Historias paralelas y opuestas

Enaltecer lo propio implica casi siempre presentar lo ajeno bajo un ángulo más desfavorable. No existen guerras ganadas sin un perdedor, ni hazañas históricas que no pretendan remediar un gran mal con un mal menor. Si la famosa alianza de civilizaciones que promueve el gobierno español tuviera que basarse en la reconciliación de la historia, probablemente no tendría futuro.

Las civilizaciones se han forjado y se siguen robusteciendo en lucha constante de intereses materiales y culturales y con relatos contradictorios sobre la manera en que cada actor defendió sus intereses y justificó esa defensa. Dicho de otra manera, los intereses opuestos existen y me parece legítimo defenderlos y ninguna alianza de civilizaciones –si es que las civilizaciones existen en tanto que flujos continuos diferentes y paralelos de historia “aliables”– va a eliminar esas pugnas razonables. Por eso creo que lo que debemos proponer no es una alianza de civilizaciones difícil de precisar, sino un género humano aliado y sobre todo solidario que pueda movilizar a las sociedades, con independencia de su supuesta civilización diferente, contra la barbarie, el saqueo del otro, y la exterminación incluida si el otro ofrece resistencia a la invasión o la ocupación.

Nadie de entre los promotores de la alianza de civilizaciones ha dicho aún cómo se pueden aliar las culturas o las civilizaciones que son precisamente las que separan y las que diferencian. Pero todo hombre y mujer, con unas necesidades básicas comunes, sabe cómo se puede ser solidario del “otro”, cómo se le puede respetar en lo que realmente cree no lo que otros dicen que cree. Digo cree a pesar de que el verbo creer lleva subliminalmente a la religión, porque es una palabra muy recurrente en el lenguaje cotidiano y convencional.

En realidad de lo que hablo es de esas necesidades culturales paralelas a las necesidades materiales, como la literatura, la música, la pintura, la danza, el teatro, la religión, etc.

La oportunidad de volver la vista a Tánger –a cuál Tánger– en mi opinión está más que justificada porque intuyo que en Tánger, no solo en ese Tánger breve de entreguerras europeas, sino en el Tánger de todos los tiempos, existen elementos interesantes para una forma de convivir diferente, probablemente humana o menos inhumana. Su situación geográfica en la periferia de tres continentes, de varios imperios, de tres comunidades oumma confesionales históricamente enfrentadas pero dependientes entre sí, de varias culturas mediterráneas viajeras, le confirió siempre una capacidad de acogida y de reconciliación de las diferencias probablemente única.

Pero esta es otra discusión en la que no deseo adentrarme para no apartarme del tema que aquí nos congrega. Solo quiero decir que el pasado, aunque no nos acerque, siempre nos aporta alguna idea para convivir.

Desde hace tiempo yo leo más libros antiguos que modernos y prefiero las historias escritas en tiempos lo más cerca posible a los hechos historiados. En caliente el historiador parece perder el pudor que el paso de los siglos hace aparecer para ocultar hechos poco edificantes. En caliente los verdaderos motivos, las verdaderas ambiciones detrás de los “descubrimientos”, la colonización, las guerras, las religiones, suelen contarse con mayor claridad. Me gusta la manera de algunos autores ingleses de hacer historia, la historia de los demás, no la propia.

Tengo en mente una estupenda historia de Martin A. S. Hume titulada The Spanish People. Their origin, growth and influence, publicada por William Heinemann de Londres en 1901. Lo que me gusta de ella es no solamente la manera desenfadada de relatar las virtudes pero sobre todo los vicios de los españoles sino esa predilección tan british de incluir siempre un Summary –en este caso de cada capítulo del libro– para proporcionar en unas cuantas líneas una receta de lo que el autor quiere que el lector retenga del relato que ha hecho.

Es algo así como lo que es ya usual en los modernos coloquios, de esos que solo duran 24 o 36 horas como máximo, a los que se suele invitar a decenas o cientos de participantes –coartada ideal para prestigiar los encuentros-, a los cuales en realidad no se les concede la palabra. Para que nadie quede frustrado por no haber podido exponer sus propias ideas casi siempre se les da la oportunidad de resumir lo que piensa sobre un asunto complejo en un máximo de tres a cinco minutos en el mejor de los casos, o se le pide un summary escrito de lo que hubiera sido su exposición medular de haber tenido la oportunidad de presentarla.

Hume va más allá de esa manipulación y en el libro aludido además del simple Summary general incluye otros dos sumarios que me parecen de gran interés simbólico: uno es el Summary of progress during this period, el periodo narrado en el capítulo en cuestión, y el otro What Spain did for the World in this period.

Resumir la historia en esos dos sumarios, lo que hicieron nuestros gobernantes por nosotros, y lo que hicieron o hicimos por el resto del mundo me parece una manera artificial pero legítima de intentar hacer creer que se quiere buscar un sentido positivo, generoso y altruista, a las acciones del otro.

Con ese espíritu de establecer sumarios positivos he abordado mi relato de Tánger, y como estoy en un coloquio de esos multitudinarios, en donde no voy a poder intervenir, sino que solo podré reforzar con mi presencia lo que digan los cuatro o cinco iniciados que van a hablar durante el tiempo que quieran, no voy a ser avaro con la extensión de una intervención escrita que tendré que resumir verbalmente en un máximo de cinco minutos.


Tánger está de moda



La primera constatación es que Tánger está de moda. Son cada vez más las páginas web que aparecen sobre aspectos de su historia, son muy numerosos los encuentros que organizan los antiguos alumnos de los liceos franceses, de las escuelas españolas, y son cada vez más numerosos los libros y artículos que aparecen sobre Tánger aunque muchos de ellos sean meramente el fruto de un fin de semana en la ciudad, o una ficción tejida en torno a algún relato real o no.

El valor de estos últimos libros o artículos ya no está en la historia que se cuenta y su correspondencia o no con la realidad, sino en la habilidad narrativa del autor. En este último dominio coloco a la mayor parte de las obras de los escritores norteamericanos. La fuerza literaria de los autores americanos que han pasado por Tánger, la potencia de los medios de comunicación y distribución en donde produjeron sus historias o las circularon, ha colocado en el último medio siglo en desventaja a todas las otras historias posibles.

Yo he vivido en Tánger, mi esposa nació allí y allí pasó sus primeros veinticinco años, conozco a cientos de tangerinos con los cuales mantengo aún algún tipo de relación, tuve una gran amistad con Antonio Vázquez y al igual que Tomás Ramírez creo que, junto a Emilio Sanz por supuesto que en cierta medida obligó a Antonio a soltar lo que llevaba dentro, fuimos sus mejores y más asiduos amigos. Pero yo no me reconozco y la mayoría de mis amigos tangerinos no se reconocen en los discursos y relatos dominantes sobre Tánger y mucho menos en los de los norteamericanos.

Sin que ello se entienda como un juicio de valor sobre los grandes escritores norteamericanos que pasaron por la ciudad, en la mayoría de los casos y descontando a las excepciones que siempre las hubo como Paul Bowles, Brion Gysin, William Burroughs, que hicieron en Tánger estancias más prolongadas, a veces de años, los hechos personales que ellos protagonizaron y contaron, su mismo paso por Tánger a veces tan fugaz como un fin de semana, transcurrieron la mayoría de las veces ignorados y sin consecuencias para la vidas y la actualidad de la ciudad.

Ellos trajeron consigo su mundo a Tánger, vivieron dentro de él integrando ocasionalmente retazos mal digeridos de la larga y rica historia de la ciudad, y cuando se marcharon se lo volvieron a llevar con ellos en sus relatos. La mayoría de las veces se trata de vivencias y ensoñaciones personales íntimas, de goces y placeres que ellos se permitieron con una apariencia de libertad sin límites en un entorno humano y geográfico muy marcado e influido por las tres religiones dominantes y sus reglas del juego delicadas y a veces contradictorias.

En cierta medida congelaron un pequeño momento de la vida de la ciudad y les dieron animación lejos de Tánger como esos tomates y esos frutos que se llevan al natural del lugar donde se producen y se nos devuelven etiquetados y enlatados.


Tánger, lugar de reencuentro hispano-sefardí



Pero esos episodios marginales y personales que ellos protagonizaron y vivieron, por la fuerza de los medios en que los publicaron y la indudable calidad narrativa con que los expusieron, han cobrado mucho más relieve que la verdadera historia de Tánger. Siempre discutí con Emilio Sanz, en mi opinión la persona que más ha acreditado y animado con su poder de persuasión y de fabulación, con la fuerza hipnótica de su manera de contar, esa microscópica parte de la historia de Tánger, la responsabilidad que esa visión tiene en la relegación de la historia global y real de Tánger.

Siempre le dije, aunque él también lo sabía y lo creía, que Tánger era mucho más que ese momento importante, interesante, que más o menos asociamos con la beat generation. En nuestras discusiones habíamos llegado a una especie de acuerdo entre caballeros según el cual aceptábamos que a fin de cuentas no existe un Tánger único sino que Tánger es la superposición de numerosas historias paralelas cuya verdadera originalidad, cuyo verdadero valor, es que siempre y de alguna forma, reúnen según los tiempos y según las circunstancias a todos sus diversos actores que intervienen en ella para algo común. Creo que también coincidíamos en que el valor del caso de Tánger reside ante todo en el reencuentro de lo que el tiempo y la intransigencia había separado, a las culturas hispana (cristiana) y sefardí (judía).

El reencuentro hubiera podido también ser hispano, sefardí y musulmán pero el islam desterrado de España desde los reyes católicos se había establecido y dotado de instituciones y formas de gobierno en lo que hoy es Marruecos y veía aquel reencuentro con una hostilidad que justo es reconocer era con frecuencia correspondida por los hispanos.

Las circunstancias históricas no ayudaban a que fuese de otra manera porque 1492 no había sido el fin de aquella guerra civil entre españoles cristianos y musulmanes sino su comienzo. Los enfrentamientos en el Mediterráneo de los siglos XVI y XVII, las guerras del XVIII y XIX, y la colonización y el protectorado del XX habían alimentado un enfrentamiento histórico que aún hoy día me parece no solventado. Tánger era el primer intento de reconstrucción de una historia pasada de convivencia triconfesional que no siempre fue como la hemos idealizado e interiorizado.

Pero es una reconstrucción que permite a cada parte elaborar un relato a su medida para unas comunidades cuya historia transcurrió en otras partes del mundo hasta confluir en Tánger. Tánger me recuerda mucho a otras ciudades del Mediterráneo donde por motivos de trabajo he tenido la suerte de vivir o visitar con frecuencia como Nicosia y Kyrenia, La Valetta, Beirut, Alexandria, Túnez, Orán, Mogador, Ceuta, y yo añadiría a esa otra ciudad que injustamente permanece sin mencionar en la mayoría de los relatos mediterráneos, como Tetuán.

Pero ¿Qué Tánger nos está apasionando? ¿Qué Tánger lleva en sí misma un mensaje todavía no descifrado totalmente? ¿Qué Tánger conserva un valor no siempre evidente para los contemporáneos? Pienso que La Vida Perra de Juanita Narboni constituye la primera revelación, de forma intuitiva por supuesto como suelen ser las obras maestras, de un mundo que sin poder estar seguro de que hubiera realmente existido, nos sigue atrayendo como posible solución. Mi amistad con Antonio Vázquez me permite decir que él no era consciente de la envergadura del mundo imaginario que había creado ni del diagnóstico que había formulado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada