12/25/2007

Tánger, Tetuán, Larache, Alcázarquivir, pasos perdidos de España

El recordar se hace con vista en el porvenir, solía decir Ortega y Gasset. La historia, incluido su género menor, la leyenda, tiene menos sentido si no sirve para el futuro. Hombres de a caballo y espadín al cinto, políticos y gobernantes llenan las pinacotecas. Ellos, a veces, sólo necesitaron estar bien colocados en un escalafón de linajes reconocidos para pasar a la posteridad. El resto de los mortales necesita realizar alguna acción heroica o tener una muerte exótica para ser recordado.




Por Domingo del Pino Gutiérrez.Publicado en El País semanal de 10 de Noviembre de 1985

En los pasos oficialmente reconocidos de España en Marruecos quedaron olvidados algunos nombres e incluso ciudades. La importancia de los judíos sefardíes expulsados de los territorios de los reinos de Castilla en la propagación de la lengua y la cultura españolas en Marruecos, por ejemplo, permanece aún entre brumas.

Sin embargo, lo que más sorprendía a los españoles que iban llegando al otro lado del Estrecho era la existencia de una importantísima colonia de judíos sefardíes. Chantal de Veronne, en una tesis doctoral presentada en la Sorbona en 1957 sobre Tánger bajo la ocupación británica, cuenta que en 1674, en el convento de monjas portuguesas de Tánger, se representaban ya obras de Lope y Tirso y que el público habitual eran judíos españoles.

Algunos hombres clave en las huellas de España no están suficientemente resaltados, como el padre Boltas o la orden franciscana, o Jorge Juan de Santacilia, capitán de caballeros guardias marinas de Cádiz, nombrado embajador en Marruecos por Carlos III aunque no era de la carrera; a él se debe el tratado de 1767 entre Su Majestad Católica e Imperial Carlos III y Sidi Mohamed que, hasta el presente es el mejor de los firmados entre España y Marruecos. Domenech Badia i Leblic, alias Alí Bey, fue precursor espontáneo de los servicios secretos. En este siglo debería hablarse también de Esperanza Orellana, la judía Sol Hachuel, Emilio Sanz Barriopedro y Antonio Vázquez.

Después de la implantación oficial del Protectorado, en 1912, Tánger, la ciudad irrepetible que durante más de 10 siglos jugó un papel primordial para las relaciones entre Europa y Africa -que casi siempre fueron relaciones entre España y Marruecos- quedó en un cierto olvido oficial y debido a ello, libre para continuar su experiencia de convivencia de razas y religiones diferentes que sólo ha producido la civilización mediterránea.

El infatigable viajero Paul Nizan sugiere esos mundos en su libro Aden-Arabia; Lawrence Durrell y Pierre Benoit los poetizan en Bitter lemons, El cuarteto de Alejandría y La castellana de Líbano. Juan Goytisolo y Terenci Moix los traducen a claves moderno-históricas en El conde don Julián y Terenci del Nil. No es casualidad que aquel universo judeo-cristiano-musulmán por donde comienza la penetración española en Marruecos lo hayan contado el judío venezolano Isaac Chocron en un libro excepcional titulado Rómpase en caso de incendio y, sobre todo, el español Antonio Vázquez en La vida perra de Juanita Narboni.

El asesinato del zar en Sarajevo en 1914, el paso por el Estrecho de Gibraltar del convoy de la victoria y la invasión de otras naciones europeas por los ejércitos del Führer - la I Guerra Mundial, la guerra civil española y la II Guerra Mundial - llenaron de muertos los campos de Europa y cambiaron su destino. Todos los actores de esos dramas intentaron trasladar sus querellas a Tánger, pero ésta acabó con ellos a su manera.

Las guerras redujeron los espacios de libertad en el viejo continente y sobre todo en España. Todos los desplazados encontraron refugio tolerante en Tánger, ya fuesen duques o princesas rusas, republicanos españoles, judíos europeos o nazis alemanes. Los españoles constituyeron siempre la colonia extranjera más numerosa de la ciudad, y desde tiempos inmemoriales fueron, junto con los notables beréberes y los judíos sefardíes el arbotante de esa historia singular.

Refugio de exiliados de todas partes

Las princesses de Likastcheff y Rosspoli se recuperaron en las playas de Tánger de los sobresaltos bolcheviques, mientras madame Kamalakar, cuyos títulos nobiliarios no recuerdo, tostaba su cuerpo desnudo al sol en su casa del Marshán, en un top-less - en su caso - desgraciadamente sexagenario y gelatinoso. Por los cafés de Tánger se contaba, para poner en evidencia hasta qué punto era corrosivo el tangerinismo lúdico, hedonista y librepensante, que los espías que envió Stalin a vigilarles nunca regresaron a Moscú.

La guerra civil española dio lugar a una numerosa emigración, en parte política y en parte económica, no sólo de republicanos, sino de falangistas y requetés. Los hijos de todos ellos convivieron en los colegios del Pilar de la Fundación Casa Riera de Tánger y Tetuán, junto con judíos y musulmanes sin ningún problema.

La clave de ese éxito de tolerancia marianista, ejemplar en la historia de la penetración de España en Marruecos, fue la prohibición estricta de hablar de política en sus colegios. Yudíos -en Tánger la jota, dura y despectiva, se sustituía por una afectuosa Y pronunciada como la letra ll argentina- , de la misma manera que el moro y el nazarani distanciadores eran sustituídos por la mayor familiaridad de moritos y cristianitos, como llamaban los judíos a los demás.

Todos aprendíamos juntos en una permanente fiesta de sabbaths, mezquitas los viernes, iglesias los domingos, kippures, ramadanes, aides, circuncisiones, tefelines y semanas santas.

Los nacionales se reunían en el Casino Español a leer el Abc, Pueblo y El Alcázar. Los republicanos se congregaban en tertulias nocturnas en la Brasserie de Tánger, alrededor del coronel Fernández, para discutir sobre cómo hubiera podido ganar el Ejército republicano las batallas que perdió. Los comunistas acudían por las noches al bar de Mariano, en la calle de las Viñas, y durante más de 20 años intentaron sin éxito organizar la huelga nacional pacífica que propugnaba Santiago Carrillo.

Varias veces, hasta 1956, apareció en la bahía de Tánger la elegante silueta del yate Giralda, de don Juan de Borbón. Ello siempre daba lugar a una orgásmica excitación del Consulado español, que quería saberlo todo de las reuniones de don Juan en el hotel Minzah con los monárquicos españoles de Tánger.
A finales del siglo XIX España introdujo en el norte de Marruecos, desde Tánger, el primer servicio de correos, que se instaló en pleno Zoco Chico. Luego fue creando estafetas que sirvieron a todo el Marruecos entonces reconocido que sólo llegaba hasta Marraquech. Los carteros, o rekkas, llevaban a pie la correspondencia, en marchas que duraban de uno a cinco días. En poco tiempo, Francia, Alemania y el Reino Unido siguieron el ejemplo de español e instalaron sus propios correos.
A principios del siglo XX, el doctor Cenarro creó el primer servicio de higiene de la ciudad. La calle donde se instaló llegó a la independencia de Marruecos con el nombre de paseo del Doctor Cenarro. Ese primitivo servicio fue luego ampliado con un soberbio hospital en Tánger y otro en Tetuán que siguen abiertos aún hoy, mientras que monjitas españolas colaboran abnegada y anónimamente en hospitales marroquíes.

Como símbolo de la época, el doctor Navarro, Pito para los amigos, sigue extrayendo o empastando dientes sin importarle la religión del pacient a la par que arranca aullidos de dolor a cabileños, yudíos y españoles que a veces no le pagan, con una vieja y pavorosa fresadora que compró después de la II Guerra Mundial.

Toros en Tanger

La primera corrida de toros española en Marruecos tuvo lugar en Tánger en 1911, tres años antes de que el conde de Romanones visitara la ciudad para no ser menos que el Káiser. La afición taurina se propagó tanto que la colonia española logró construir,
con la tenaz oposición de las sociedades protectoras de bichos británicas, una plaza monumental. El edificio, un gran coso con graderíos de cuatro pisos que nunca llegó a poder disfrutar la afición debido a la independencia, sobrevive hoy convertidos sus pasillos en viviendas de ocasión y la arena en terreno de pasto para cabras y ovejas.

El marqués de Comillas trajo a Tánger la luz eléctrica, que luego extendería por todo el protectorado español la compañía Electras Hispano-Marroquíes, propiedad del grupo Urquijo. El marqués de Comillas también hizo venir a Tánger a Antoni Gaudí, quien después de pasar un tiempo recorriendo el Atlas y tomando apuntes sobre la arquitectura beréber diseñó, en 1892 un primer y formidable proyecto de catedral para la misión franciscana de Tánger que, desgraciadamente, nunca llegó a realizarse.

La pendencia, como llamaron los rifeños de manera no por abreviada menos exacta a la independencia, fue para muchos de ellos motivo de insatisfacción porque en una primera fase se había quedado en un simple Protocolo con el cual los franceses pretendian diferirla. Cuando los marroquíes tangerinos se quejaban del olvido en que les tenía el Majzén del sultán de Rabat, los españoles siempre respondían: Aiua, jai. ¿Tú no querías pendencia pues toma Protocolo"?

En 1913, y gracias a la generosidad de Manuel de la Peña y su esposa, Esperanza Orellana, fue inaugurado el Teatro Cervantes, donde vinieron a cantar Enrico Caruso, Raquel Meller e Imperio Argentina. El edificio pertenece en la actualidad al Patrimonio Artístico y Monumental de Marruecos, pero se cae a pedazos porque el Gobierno marroquí no dispone de los cinco millones de pesetas que cuesta su restauración.

A finales de los años veinte vino por primera vez a Tánger Raquel Meller. Entonces todavía no había puerto. Los judíos sefardíes alquilaron todos los botes y fueron a recibirla hasta el barco para -dicen los cronicones de la época- "llenarle la bahía de rosas y violetas".

Emilio Sanz Barriopedro, que fue director del Banco de España y de la Bolsa de Tánger, se opuso tenazmente, después de la guerra civil española, a los intentos de los militares de anexionar Tánger a la zona del Protectorado español. Él creía que a España le interesaba mucho más que Tánger siguiera independiente para establecer allí una bolsa que pudiera levantar la peseta, que entonces estaba por los suelos.

El general Juan Beigbeder transmitió un informe suyo en este sentido a Serrano Suñer, que mandó rápidamente venir a Madrid a Emilio Sanz. Después de oír al detalle su idea, le instó a que regresara enseguida a Tánger y la llevara a cabo. Antes, según los contemporáneos, le dijo: "Ah, y por favor, no entretenga a su excelencia con estas sutilezas económicas, que no las entendería".

La historia reciente de Tánger, que nadie ha escrito, tendrá que recoger algún día a uno de sus personajes inolvidables, el hijo de Barriopedro, Emilio Sanz de Soto, mecenas siempre sin dinero, aunque proveedor inagotable de ilusiones e ideas. Toda una generación de españoles tangerinos leimos a Sartre, Camus, Cocteau, Kafka, Genet, cuando en España se cultivaban las lecturas ilustradas del Pulgarcito y el TBO.

Un cineclub español animado por Pepe Carleton y Emilio Sanz pasaba ciclos de Resnais, Truffaut, Bergman, Saura y Buñuel con 30 años de anticipación a que en España se permitiera proyectar sus peliculas. En esos años, Eduardo Haro Tecglen dirigía el Diario España de Tánger, que se vendía en toda la zona española. Al amparo inicial de la cultura introdujo las primeras brisas de libertad y tolerancia entre aquellos españoles del norte de Africa de la posguerra.

Durante mucho tiempo hombres y mujeres de Tánger piropearon a Manolito Chica, un hermoso niño que, vestido de pantaloncito corto, parecía niña a los hombres y adolescente romántico y amador a las mujeres. Con el tiempo, y siempre piropeado por varones y hembras, Manolito Chica se convirtió en Bibi Andersen.

El actual político aliancista Jorge Verstrynge, del que los viejos tangerinos guardan una memoria ambigüa, es recordado por algunos con trajecito de marinero y pantalón corto, probable resto de una primera comunión. Su padre adoptivo regenta todavía, por cierto muy eficazmente, el hotel Tanjah-Flandria.

La belle epoque: Barbara Hutton y la beat generation

De aquella belle époque tangerina que atrajo a Barbara Hutton, Orson Welles, Malcom Forbes y Rita Hayworth, entre otros muchos, nacieron el pintor hoy de fama internacional Pepe Hernández y el escritor Antonio Vázquez, que en su novela La vida perra de Juanita Narboni, rescatada, por cierto, del olvido en las páginas de El País por Rafael Conte, describe magistralmente aquel mestizaje tangerino del paso de España por Marruecos.
Cuando en toda Europa estaba de moda la literatura colonialista y algunas grandes plumas sucumbían a los mimetismos del momento, los escritores españoles que pasaron por Marruecos o tuvieron relación con españoles de Marruecos criticaron ferozmente las guerras coloniales de España. Entre ellos Ramón J. Sender con Imán, Ernesto Giménez Caballero con Notas marruecas de un soldado,José Díaz Fernández con El blocao y Arturo Barea en el segundo volumen de La forja de un rebelde.

Algunas calles del norte de Marruecos llevan hoy el nombre de Abdelkrim al Khattab, en memoria de Mohamed Bin Abdelkrim, Abdelkrim a secas para los españoles, quien tantos pulsos hubo de echar España entre 1920 y 1926. Los historiadores marroquíes ya pueden hablar de aquel muchacho inicialmente protegido de España, colaborador de los servicios indígenas, redactor de El Telegrama del Rif, confidente y agente de España en un principio. Eso no le impidió después llegar casi a matar en embrión el intento colonizador español y francés.

Los historiadores coinciden también en que Abdelkrim se adelantó demasiado a su tiempo, pero es cierto que el destino de Marruecos y de los alauís podía haber sido otro si la figura de Mohamed Bin Abdelkrim hubiese surgido 20 años después. Lo histórico es que -a pesar de aquellas grandes derrotas de España- perdura, paradójicamente, hasta nuestros días un sentimiento del rifeño hacia lo español difícil de definir, pero que les ha llevado en ocasiones críticas, como la revuelta del Rif de 1958, dos años después de la independencia, a solicitar la protección e incluso la intervención de España.

Cuando España se fue del Rif y la Yebala esas regiones contaban ya con una cierta infraestructura vial, sanitaria y educacional. Por supuesto no la que el Majzén central de Rabat hubiera deseado ni tampoco comparable con la dejada en el Sur por Francia, porque el desarrollo económico de Francia y España entonces no eran en absoluto comparables. De todas maneras, hasta hoy el Gobierno central marroquí tampoco ha mejorado sustancialmente las condiciones de vida y el Norte se siente hoy preterido, e incluso postergado en las preferencias del Majzén con respecto al Sáhara.

Al final del Protectorado, en 1956, España y Marruecos firmaron un acuerdo cultural destinado esencialmente a garantizar la relación de los españoles con la metrópoli. Desde entonces, la acción cultural española se ha adaptado a los cambios e intenta orientarse al servicio del marroquí, motivada en gran medida por el hecho de que la colonia española actual en Marruecos, dispersa entre varias ciudades, no sobrepasa las 10.000 personas.

Un nuevo acuerdo cultural, firmado en 1980 pero no ratificado por el rey Hassan II hasta agosto de 1985, debe servir de marco a esta cooperación. En los años transcurridos España llegó a gastarse anualmente en Marruecos unos 350 millones de pesetas, cifra que constituye su mayor presupuesto individual para acción cultural en el extranjero.

Con esos millones se pagan cuatro centros en Fez, Rabat, Casablanca y Tánger, otro de reciente creación en Tetuán, dos institutos de enseñanza media y ocho colegios de enseñanza básica, además de un centro de formación profesional. Cinco mil alumnos, de ellos un 75% marroquíes, cursaron estudios el año pasado en esas instituciones, que están atendidas por 200 profesores españoles y unos 30 marroquíes.

La cultura española en Marruecos en la actualidad

La enseñanza que en ellos se imparte, a diferencia de la ofrecida por los centros franceses, es gratuita. El Instituto Español de Tánger, en particular, está hoy considerado como uno de los mejores centros docentes de su tipo en todo Marruecos. Desde hace dos o tres años los marroquíes y el Gobierno marroquí han comenzado a interesarse por el idioma español, y en las escuelas y universidades marroquíes comienza a estudiarse el español como segunda lengua extranjera.

Al amparo de ese creciente interés, que motiva a su vez un mayor interés de Marruecos por América Latina, han surgido organizaciones de profesores y periodistas marroquíes de expresión española. Las estadísticas parecen indicar, curiosamente, que los marroquíes del Sur, de la antigua zona de protectorado francés, se interesan más por el español que los del Norte.

Si el norte de Marruecos conserva aún el español como segunda lengua se debe fundamentalmente a los repetidores de Televisión Española de Andalucía que colocan sus imágenes en los hogares marroquíes desde Tánger y Tetuán hasta Larache, Kenitra e incluso Rabat, con mayor nitidez que la televisión local.

Gracias a esos repetidores, la paulatina sustitución del español por el francés en el Norte, iniciada después de la independencia de 1956, se vio parcialmente frenada. Sin embargo, los satélites de comunicaciones europeos que servirán el Mediterráneo a partir de 1986 restablecerán de nuevo la ventaja para la oferta televisiva francesa.

En cualquier caso, el fútbol, las comedias musicales y las películas es lo que más interesa a los marroquíes, que no se pueden sustraer a ese fenómeno universal de cansancio y aburrimiento de la información oficial, la política y los debates partidarios. En todo Marruecos es costumbre ver la televisión en colectivo en los cafés, sobre todo porque en buena parte de los hogares no se dispone de ella.

En el Norte, por el precio de un té moruno, se tiene derecho a toda una tarde de televisión española. Por eso, cuando habla el rey Hassan II o en grandes ocasiones como las revueltas del pan de enero de 1984 la policía marroquí tiene que recorrer los cafés para invitar perentoriamente a sus propietarios a conectar con el canal nacional.

Los antiguos casinos españoles han sido sustituidos por Casas de España, que por primera vez en la historia de la presencia española en Marruecos comienzan a reunir a los españoles de todas las tendencias políticas. Las casas más importantes son las de Tánger, Casablanca, Tetuán y Larache. Estos centros, antaño exclusivos para unas ciertas elites españolas, comienzan a abrir sus puertas, no sin desgarramientos, a los marroquíes. Desde su pequeña dimensión contribuyen a mantener una fraternización, la mayoría de las veces gastronómica.

Resulta imperdonable viajar por Marruecos y no detenerse a almorzar en la Casa de España de Larache, cuya cocina, sin ser la del Maxim's parisiense, es excelente. Se pueden comer angulas del Lukkus de lomo negro por 20 dirhams (280 pesetas) la ración; lenguados recién pescados, carabineros y langostinos frescos, todo ello a precios de antes de la guerra, y unas aceitunas partidas y aliñadas como sólo se sabe hacer en algunos pueblecitos andaluces.

Una buena parte de los 10.000 españoles que aún residen en Marruecos son pensionistas o jubilados. Algunos tienen serios problemas de subsistencia que no logran remediar las escasas ayudas que les pueden proporcionar las tres o cuatro asociaciones españolas de beneficencia que existen. Otros han iniciado un movimiento asociativo de carácter sindical que se plasma en la Asociación de Españoles Residentes en Marruecos (Aderma), que tiene su sede en Tánger y filiales en Casablanca y Rabat.

Al igual que el español peninsular, o por lo menos como el español peninsular de hace 30 años, que es el tipo de compatriota que se encuentra hoy en Marruecos, los residentes en el Marruecos, los residentes en el reino vecino colocan casi tantas esperanzas en la suerte como en su propio esfuerzo: juegan a la lotería española en décimos que les traen de contrabando desde Ceuta y Melilla, llevan participaciones de la lotería marroquí -que según las malas lenguas nunca ha tocado-, rellenan boletos del Tiercé y siguen las carreras de caballos de Francia.

Los más evolucionados compran el Financial Times y viven con pasión las páginas de la bolsa. Sueñan con poder adquirir acciones en minas surafricanas o australianas y con que éstas encuentren filones de oro que les hagan millonarios de la noche a la mañana.

Como delicada herencia de la época en que los yudíos controlaban todas las casas de cambio del Boulevard Pasteur o la calle de Siaghins - fue el español Emilio Sanz Barriopedro quien les enseñó actividades cambiarias en la escuela de comercio que fundó en Tánger allá por los años veinte -, los judíos y otros españoles que quedan viviendo de rentas exiguas se reúnen en los cafés céntricos para hablar de unas operaciones financieras que en realidad sólo ven pasar por su lado como el cajero de los bancos el dinero.

"Dime, mi rey, ¿a cómo está el cambio del dólar hoy?", sigue siendo una fórmula casi ritual de saludo. Conocen la cotización diaria de los luises y napoleones de oro en por lo menos cinco o seis bolsas del mundo, aunque nunca tengan ninguno que vender, y manejan mentalmente las cifras de los negocios que otros realizaron.

Es verdad que la historia del protectorado español sobre Marruecos no habla de muchos de los nombres mencionados, pero existen otros que no aparecen por voluntad propia. Se trata del poder económico que se lanzó a la colonización detrás de las campañas de Africa.

Grandes familias coloniales

Algunas familias económicas destacadas fueron la de Alejandro Gandarias, cuñado del general Varela; Miguel de Bustos, ex gobernador de Guinea; Enrique Carrión y Vecin, propietario de la Tabacalera; Eusebio Güell y López, de Minas de Río Tinto, Trasmediterránea y otros; Juan O'Donnell y Vargas, conde de Tetuán y ministro de la Guerra en los años veinte; José Luis Oriol y Estanislao Urquijo, propietarios de Electras Hispano-Marroquíes, entre otros negocios; Pablo Garnica, del Banesto, y Tomás Zubiría Ybarra, conde de Zubiría.

La Papelera de Tetuán, las Electras Marroquíes, La Valenciana, las Minas del Rif, empresas del sector de tabacos, rape y hachís, así como seguros, fueron los negocios más lucrativos. Los apoyaban el Banco de Vizcaya, el Español de Crédito, el Hispano Americano, el Urquijo y Otros.

En la actualidad, La Línea, San Roque, Ceuta, Melilla, los peñones, Tánger, Tetuán, Alhucemas y Nador constituyen una suerte de espacio intercultural hispano-marroquí, promiscuo, donde españoles y marroquíes viven su vida, comercian y negocian a su manera, eluden impuestos cuando pueden y se quejan permanentemente del olvido en que les tienen sus respectivos Gobiernos, pero deseando en el fondo que no se ocupen de ellos para que nada cambie y todo siga igual.

4 comentarios:

  1. hola estoy buscando fotos antiguas mas omenos de los años 40 al 60 si teneis algunas me gustaria verlas ya que mi abuela es de alcazarquivir y quiere ver algun recuerdo muchas gracias

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  2. Hola anonimo, yo naci en Alcazarquivir y tengo alguna que otra foto, tambien tenemos una pagina
    con paisanos del protectorado español.
    Saludos

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    1. Soy coleccionista, compro documentos con pólizas del Marruecos español y Tanger.

      erevan@terra.es

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    2. Yo viví en Alcazar hasta tener once años, asistí a clase en Los Hermanos Maristas, con los que hice la Primedra Comunión en el año 1934. Un saludo a todos los Alcazareños Antª Gª-Galán.-

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