3/09/2010

Las Bodegas Chaves de Tánger: alcachofas, caracoles y garbanzos sin igual

Olores, sabores, sonidos, luz, viento, mar, gente, todo forma parte del recuerdo de una ciudad y lo hacen amable. Los seres humanos pasamos hoy mucho tiempo ante los televisores viviendo la vida sentados. Antes estaban los cines, las playas y los bosques, las cafeterías y los bares. Medio centenar de bares, casi todos con alguna oferta distintiva, nos permiten ahora afirmar que Tánger era una ciudad viva y profundamente española. Luis Orchevecz recuerda aquí a las Bodegas Chaves, uno de aquellos bares emblemáticos e inolvidables de nuestra juventud.

Bodegas Chaves y Chaveta, bares de Tánger para el recuerdo


Por Luis Orchevecs (en realidad Orchevecz)

Mi primera cerveza, la bebí en un bar que se llamaba BODEGAS CHAVES. estaba situado en la calle Nacería, entre la Fuente Nueva y los Siaghins, cerca de la Papelería Elgaly, en la misma calle.
Tendría yo 17 años y me llevó un vecino diciéndome que ya tenía edad para tomar una cerveza. Solo me dejó beber una...

Recuerdo que era un bar grande, con un mostrador en forma de U muy abierta, y el suelo cubierto de serrín, lo que daba un olor particular a las tabernas de entonces y delataba en sus casas a los consumidores, porque siempre quedaba algo pegado a las suelas de los zapatos....Siempre me gusto el olor del serrín, aún lo tengo metido en la nariz, lástima que ya no se use en los bares y tabernas modernas.

Con el tiempo, los bares se trasladaron a la parte moderna de Tánger, uno de los hermanos Chaves abrió uno llamado CHAVETA, en la calle Méjico, justo al lado de lo que en su tiempo fue el Hotel Roma, y su hermano se instaló en un callejón paralelo a la misma calle, en un bar pequeñito. Algo más tarde cambió de local, y adquirió uno grande y luminoso, cerca del anterior y del que me hice cliente, ya que me pillaba camino de casa.

Tenía unas tapas excelentes, en ningún lugar he probado unas alcachofas como las que daba Paco ni unos caracoles como los suyos, por no hablar del potaje de garbanzos. En  ese local tan amplio, se jugaban unas estupendas partidas de dominó, a estilo antiguo, con golpes de fichas sobre el mármol, con sonoros cierres y estupendos comentarios sobre los fallos del compañero de turno...también se jugaba al tute, a la ronda y aunque menos, al ajedrez. El Chaveta desapareció un día, como desaparecieron otros bares tangerinos sobre los que hablaré otro día, pero el bar Chaves siguió en su sitio.

Paco era secundado admirablemente por el eficaz Abdeslam, que terminó convirtiéndose en el alter ego del propietario. En un momento dado, Chaves vendió su bar, con la intención de venirse a España, a Madrid concretamente. Toda la familia se instaló en esa ciudad, la mujer abrió una peluquería cerca de la calle General Perón, y él, esperó la ocasión de encontrar un local adecuado. No lo encontró, y eso unido a la nostalgia de Tánger, le impulsó a volver  y recomprar el bar que había vendido. Al que se lo había comprado no le había ido tan bien, el ambiente era diferente, yo había dejado de ir y como yo, la mayoría de la clientela.

Hay que decir que ya éramos pocos los que quedábamos y que a los musulmanes no les estaba permitido beber alcohol, al menos sobre el papel, porque muchos se saltaban a la torera la ordenanza. Volvieron las alcachofas, los caracoles y las partidas de dominó y de tute, y allí pasaba yo un ratito a mediodía cuando camino de casa, entraba al bar Chaves a tomar el aperitivo y gozar de ese ambiente, único ya en Tánger, donde señores de edad más que respetable, golpeaban el mármol de las mesas con las gastadas fichas de dominó,y  cantaban las cuarenta alto y claro.

Cuando me vine en 1984, - a mí también me tocó salir de Tánger-, aún seguía Paco regentando su bar, firme como una roca a pesar de su edad, y atendiendo a todos con su habitual tranquilidad y paciencia.
Hoy guardo contacto con la familia Chaves a través de su hija y amiga mía, Pepi, que vive en Málaga, y con la que comparto la afición, el gusanillo diría más bien, de la fotografía. Pero esas alcachofas...nunca las he vuelto a comer iguales, Los garbanzos y caracoles tampoco.
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Consumir uva obligatoriamente

En tiempos de crisis urgen recetas económicas imaginativas. Soy partidario de mirar siempre hacia adelante y de buscar soluciones nuevas a los problemas nuevos. Pero a veces resulta asombroso comprobar cómo del pasado nos pueden llegar fórmulas que asombran por su creatividad. Si no, vean este suelto del Diario España de Tánger de los años 40 que recoge la noticia de la implantación del consumo obligatorio de uva de Almeria en todos los hoteles y centros turísticos de España y a 150 gramos por comensal.

Para incrementar el consumo de la uva de Almería
Será obligatorio en todos los hoteles españoles

Almeria 19 (Mencheta)- El Sindicato de la Hostelería ha obligado a todas las provinciales la fiscalización oportuna a fin de incrementar el consumo de la uva de Almería. Todos los hoteles deberán adquirir obligatoriamente la fruta necesaria a razón de 150 gramos por comensal. En todas las provincias se realizará una estrecha fiscalización de los mercados.

Para el cumplimiento de la Orden del Ministerio de Gobernación y la oportuna aplicación de sanciones, ha sido puesto a la disposición de las autoridades gubernativas de toda España un servicio montado por la organización sindical.

Todos los comerciantes y exportadores de uva de Almería se pondrán en contacto inmediato con su Delegación Provincial con objeto de hacer lasa demandas normales en virtud de la anterior orden.

(Al pie de la información aparece el siguiente suelto:
"En esta hora suprema de zozobra universal,  España puede considerarse, entre todas las naciones de Europa, como el refugio sereno de la civilización y hasta de la tranquilidad de la vida, segura de inquietudes y amenazas."
(Del discurso del Caudillo en la Ciudad Universitaria) Leer más...!

3/07/2010

Tánger, síntesis entre Oriente y Occidente

El 24 de Febrero de 2010 se presentó en Tánger en el Instituto Cervantes, ante un numeroso público, el libro “Historia de Tánger, Memoria de la ciudad internacional”, de Leopoldo Ceballos López, editada por Almuzara. Participaron en la presentación junto al autor la directora del Instituto, Cecilia Fernández Suzor, Raquel Muyal, exdirectora de la Librairie des Colonnes, y el escritor tangerino Lotfi Akalay. Pinche en Leer más para ver el resumen de la presentación realizada por el autor.

Instituto Cervantes, Tánger
24 de Febrero de 2010
Intervención de Leopoldo Ceballos López

“He intentado, modestamente, hacer memoria y presentar una visión global de lo que era Tánger no solo desde el punto de vista histórico y político sino también religioso, social, económico, jurídico, etc y, también, señalar como eran y como vivían los tangerinos en ese mundo privilegiado.

Me he esforzado en argumentar que el Tánger internacional no fue una creación occidental como aseguran algunos autores sino que partió de su base principal musulmana y judía y que gracias a las aportaciones occidentales llegó a ser una ciudad híbrida, síntesis casi perfecta de Oriente y Occidente.

He intentado desmitificar la idea que muchos tienen de Tánger como ciudad tortuosa, triste e indecente cuya actividad se centraba, básicamente, en el contrabando, el libertinaje, las drogas y el espionaje. Esto no es cierto, ya que Tánger, con sus sombras, que sí que las tenía, era, principalmente, una ciudad libre, responsable, trabajadora, alegre, tolerante y bastante culta donde convivían, en libertad y considerable armonía, miembros de las más variadas etnias, religiones, procedencias y nacionalidades.

He deseado trascender el mito de Tánger y centrarme en la realidad de la ciudad única e irrepetible en la que concurrieron durante varios años distintas circunstancias excepcionales que expongo en mi libro. Cito algunas, muy brevemente.

Tánger ostentó la capitalidad diplomática de Marruecos desde finales del siglo XVIII hasta la segunda década del XX lo que obligó a residir en la ciudad a los cónsules de una decena de países que se rodearon de un considerable número de conciudadanos que junto con los marroquíes – musulmanes y judíos - imprimieron a la ciudad una personalidad multiétnica, plurinacional y multilingüe y, en definitiva, internacional y cosmopolita.

Tánger fue, además, durante su historia contemporánea, ciudad refugio donde acudieron, en distintas épocas y circunstancias, gran número de exiliados y de emigrantes que buscaban en Tánger la seguridad, la libertad, las oportunidades de trabajo o la paz que no tenían en sus países de origen.

Tánger funcionó institucionalmente, en la práctica y con ciertos matices, como una ciudad-estado sometida a la soberanía del Sultán. Los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, así como la administración de la zona correspondían a distintos órganos en los que trabajaban funcionarios de una decena de países. Este desarrollo institucional que ha sido único en la historia imprimió un carácter especial a la ciudad.

Tánger no estuvo sometida a un régimen colonial. La clase dominante que dirigía política y económicamente la ciudad estaba compuesta por extranjeros y, principalmente, por marroquíes, ya fueran musulmanes o judíos. Otro tanto ocurría en las otras clases sociales como la burguesía, la clase media y el proletariado. Las diferencias sociales se establecían, básicamente, en función del nivel económico y cultural de los individuos y – salvo algunas excepciones - no por la nacionalidad o la religión.

Por otra parte, gracias a la competencia que se estableció entre los principales países presentes en Tánger se crearon magníficos centros de enseñanza que rivalizaron entre sí. Existía, además, una amplísima oferta cultural a través de numerosas bibliotecas, librerías, cines, teatros y otros centros culturales.

Aunque las bases sociales y morales de la ciudad – musulmanas, judías y cristinas - eran muy conservadoras se aplicaban leyes liberales – vivre et laissez vivre - que permitieron que cada cual, a nivel personal, hiciera lo que le viniera en gana con tal de que no molestara al vecino. El excepcional liberalismo y permisividad que reinaba en Tánger atrajeron a la ciudad, desde principios del Estatuto, a una serie de escritores, artistas e intelectuales, muchos de ellos, internacionalmente famosos, y algunos de ellos geniales. Muchos de ellos, a través de sus escritos o de sus actividades crearon una visión de Tánger, promiscua y libertina, muy distinta a la que era en realidad, colaborando a la creación del mito que aún hoy perdura.

Por otra parte, las muy liberales leyes económicas y fiscales tangerinas y la seguridad que imperaba en Tánger hicieron que la ciudad fuera un mercado abierto y un paraíso fiscal donde los capitales afluyeron creando un emporio de riqueza al que acudió el oro y las inversiones de todo tipo financieras e inmobiliarias. Era el reino absoluto del laissez faire-laisser passer. Este esplendor favoreció la llegada de una plétora de profesionales de primera fila como ingenieros, arquitectos, abogados, financieros, médicos, etc. y multitud de técnicos, administrativos y auxiliares que encontraron en Tánger las oportunidades que no tenían en sus respectivos países.

En Tánger se impuso la tolerancia, entendida, en su significado más noble como respeto y consideración hacia las opiniones, creencias o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras. Tal tolerancia que en Tánger fue muy amplia fue fruto, en parte, de las leyes que garantizaban la más absoluta libertad religiosa y la neutralidad y libertad política y económica. También, fue el premio al equilibrio con el que funcionaban las diferentes instituciones internacionales de la ciudad en las que trabajaban individuos de muy diversas procedencias. Posiblemente, fuera también consecuencia del contrapeso que se estableció entre las distintas nacionalidades y religiones que convivían en Tánger ya que ninguna de ella, dominaba, totalmente, a las demás. En definitiva creo que las claves para entender lo que fue el Tánger internacional son la libertad, el equilibrio y la tolerancia.
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2/25/2010

En memoria de Leopoldo Ceballos. Artículo de Alberto España

Cada vez son más numerosos los libros y los sitios web sobre Tánger. La mayoría se refiere a ese período tan especial entre guerras europeas (1914-1918 y 1939-1945) y española (1936-1939) y las posguerras que siempre son peores que las guerras mismas. La ciudad acogió e integró a todos los exilios del signo que fuesen y su régimen internacional permitió unas libertades inexistentes en los países de origen. Pero Tánger fue mucho más que eso. Fue convivencia de culturas diferentes, no con la ñoñez con que hoy parece entenderse la convivencia, sino de la única forma en que es posible en el mundo real: con tensiones, con prejuicios, con rivalidades, pero al mismo tiempo con la disposición de superarlas y de llegar a compromisos. Y eso lo lograron los tangerinos de diferentes orígenes, de distintas confesiones, y de ideologías enfrentadas, famosos y anónimos. Todos hicieron aquel Tánger y todos tendrán cabida en esta página web. Leopoldo Ceballos Cabrera fue un tangerino singular de esos que forman parte indisociable del mosaico tangerino. A continuación le ofrecemos la nota que escribió en su memoria el periodista Alberto España con ocasión del fallecimiento de Leopoldo el 16 de septiembre de 1966. Pincha a continuación para leer el texto del artículo.


A Leopoldo Ceballos Cabrera

A una sombre fugitiva. Pleito fallado.
Por Alberto España
Diario España de Tánger 17 de Septiembre de 1966



No te conformaste, querido Leopoldo, con” morir un poco”, al partir de Tánger, como dijo el poeta que se muere en toda partida. Te fuiste del todo. Es decir, que la muerte fue definitiva. Al fin jurista, estableciste el “distingo” ante la parte contraria.. No pudiste, sin embargo, convencerla ni dejarla prendida en los anzuelos de tu locuacidad, porque la parte contraria era fría y pálida y nada humana como tú...

Hay quien disfruta de la vida en una muda y profunda contemplación. Otros, por el contrario, lo hacen en una constante eclosión de introversiones, no acordes con el encanto incongruente del silencio. Así eras tú. Tenías cosas que decir y las decir a tu aire, con enjundia y gracejo, hasta con su mijita de sal y pimienta andaluzas, en un júbilo contagioso que se desbordaba de tus labios... No todo el que calla tiene cosas que decir. También están cerrados -mudos— muchos armarios y por dentro están vacíos.

Conversador impenitente, sin la palabra languidecías... Era el verbo para ti como el “sine sole sileo” que rezaba en el frontispicio de los relojes de sol que los romanos prodigaban en sus jardines. Sin hablar eras tú como un pececillo fuera de su elemento, que se dijo tendido en la arena.

--¿Pero es que aquí no se va a hablar en todo el trayecto? —protestaste en cómica indignación ante el persistente silencio de tus compañeros de vagón en el tren.

Para ti, aquel silencio de plomo, mientras el tren corría por paisajes luminosos, itinerantes, henchidos de vida, era como una triste visita de pésame, en la que los reunidos intentan dar al silencio una significación peyorativa que el silencio no tiene... Permanecer callado era para ti la negación absoluta de aquella vivencia de humanidad que llevabas dentro. Una humanidad exuberante y entrañable en la que te hallabas inmerso todo entero, de la cabeza a los pies.
Cualquier tema era bueno. Tú los apoyabas todos con brillantez y acierto, intentando la charla de imágenes chispeantes... Nada importaba que el comentario se desenvolviera sobre un suceso nunca acaecido. Tu imaginación era tan fértil que hasta tú mismo llegabas a creerlo real...

Hablar y hablar de continuo, desflorando todos los temas... y no murmurar jamás de nadie, era en ti una gran virtud que denotaba tu bondad y casi humildad franciscana…Hablar y hablar de continuo, desflorando todos los temas... y no murmurar jamás de nadie, era en ti una gran virtud que denotaba tu bondad y casi humildad franciscana... ¿Por qué reticencias ni heridas —decías— para aquellos que al fin y al cabo fueron nuestros compañeros en el Arca bíblica de Noé?
“Humano, demasiado humano”, eras tú, según la estimación, aunque un poco desvía del filósofo Nietzsche...

Ibas alegre por el mar sereno de tu mundo en tu barquito saltarín y marinero, con todas las velas desplegadas, pero sin dejarlo encallar nunca en los bajos del pesimismo... Una cara nueva, una frase enjundiosa, cualquier ruta nueva, eran suficientes para que tu palabra brotase en vedijas lentas y serenas, con la misma sencillez que el humo del cigarro. La vida la amabas golosamente, por lo que tenía para ti de espectacular y varia. Rehuías y temías la muerte, más que por su hosquedad, por el silencio helado de su periferia...

En este viaje postrero tuviste una compañera, pálida y hermética, a la que no te fue posible convencer con el encanto de tu facundia. Te escuchaba indiferente y fría, con la mirada ausente. Tus argumentos le resbalaban. Ella, helada el alma, había fallado ya tu pleito, Y sonreía mientras hablabas, porque sabía que su fallo era inapenable. Tu humanismo, emoliente y frondoso, no te ha servido de nada.

¡Hasta pronto, querido amigo!... Que nadie está excluido de la lista de viajeros que han de pasar por esa frontera. A ninguno se perdona, aunque se otorguen ciertos plazos. Unos plazos cuyos vencimientos nadie conoce ni sospecha. Fuerza es llorar hacia adentro una querella constante y tardía
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2/12/2010

La Hafita, un lugar intemporal en el Mediterráneo

Aunque es un nombre evocador solo para iniciados, La Hafita, el café Hafa de Tánger tiene una historia mágica que se mezcla con la magia de otras leyendas tangerinas. Yo le recuerdo como un antro oscuro, lleno de alfombrillas y esteras donde los parroquianos se agolpaban alrededor de esas mesas redondas coronadas por grandes bandejas de bronce desde las que subía un olor característico a yerbabuena o a kif. Delante había un terreno con más mesas y sillas que no se parecía mucho a la Hafita actual, pero ayer como hoy, cuando uno se sienta ante la inmensidad del Estrecho entre España y Marruecos, lo único que apetece es que el tiempo se pare y no moverse de allí.



Por Luis Orchevecs

La Hafita es un cafetucho cutre, las sillas y mesas cojean, el servicio es medieval, pero el té con hierbabuena es una delicia, y si te molesta la pata coja de la mesa o de la silla, te puedes tomar tu brebaje tumbado en una estera, con las costas de España justo enfrente, en silencio, absorto en tus pensamientos o en amigable charla en voz baja si vas acompañado.

Al caer el día puedes ves los guiños del faro de Tarifa, y en las noches claras, las luces de los coches que circulan por su paseo marítimo. Y estás en Tánger, sentado o tumbado en ese lugar intemporal que es el café Hafa, o de la Hafita, como lo llamábamos los nacidos allí.

Luis Orchevecs y Francisco Cardoso en La Hafita, 1967. Foto L. Orchevecs

No pasa el tiempo por él, su pequeña historia se nota nada más entrar, contar y nombrar los personajes que pasaron y siguen pasando por él no es mi intención, otros lo han hecho y lo siguen haciendo. Yo solo quiero contar que he pasado muchas tardes allí, plácidamente tumbado en una democrática estera, que igual recibía a un millonario americano que a un vecino del barrio que venía a echarse su sebsi de kif.

A mi vuelta a Tánger, de donde salí en 1984, con 40 años a las espaldas, llevé allí a mi mujer y a mi hijo, nos tomamos un té en la misma mesa donde me solía sentar a veces y que 20 años después, conservaba las muescas que hice con una navajita poco antes de dejar mi ciudad natal. Borrosas ya por el tiempo, pero tenaces e imborrables, como los recuerdos de un abandono amoroso.

Marina Lorenzo y su hijo Carlos en La Hafita, 2004. Foto L. Orchevecs

Fue un placer que a mi mujer, madrileña, y a mi hijo, madrileño también, les gustara el sitio y aunque no volvimos ya que solo estuvimos 3 días allí, he sacado a relucir el cafelito de la Hafa cuando hablamos de Tánger o escuchan pacientemente alguna de mis batallitas tangerinas. No se debe ir a Tánger y no visitar ese lugar, tomarse un té verde con hierbabuena, e incluso charlar un rato con Cherif, el encargado del cafetín que conocí de niño, con 4 o 5 años y que entonces regentaba ya un cafetín en la misma calle donde yo vivía, la Calle Tidjania, esquina a Ben Raisul, a 20 escasos metros de la plaza del Oued Ahardan. Le cambiaron el nombre a la calle hace ya mucho y hoy se llama Ben Abdessadak. Comprobé desolado que a mi casa le habían cambiado la puerta de recia madera por una acristalada de hierro. El magnífico picaporte de bronce que la adornaba también había desaparecido.

Ahora solo quedan los recuerdos y naturalmente el Café de la Hafita, sentado sobre un impresionante acantilado, con su cutrez, sus sillas y mesas cojas, sus esteras brillantes por el roce, y su historia, su pequeña historia tangerina.
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Tánger 1940-1945: Juan Pérez Lobo, represaliado por masón

La única certeza que adquirido con el paso del tiempo es que Tánger, aquella ciudad internacional a la que tanto culto seguimos rindiendo con agrado, no puede ser resumida en una sola historia. Ni siquiera en varias historias. Cada tangerino es en sí mismo una historia. Esas historias son a veces similares, a veces contradictorias, pero todas pueden ser ciertas.


Domingo del Pino, con información de Manuel Iglesias Pérez,
Málaga Enero de 2010


No todos los viejos tangerinos están de acuerdo con el relato más frecuente de que Tánger fue una ciudad donde hombres y mujeres procedentes de tres culturas diferentes convivieron en paz y armonía. Tampoco todos comparten la imagen de bonanza general que otros promueven. Las visiones y recuerdos del pasado por los tangerinos son contradictorias por no decir opuestas. Cada tangerino es en sí mismo una historia, la historia de cómo le fue a él. Pero, y esto es otra particularidad única de Tánger, la verdad es que todas las historias, por diferentes que sean, pueden ser ciertas.

Convivieron ciudadanos de culturas, razas y religiones diferentes, y también es verdad que otros no lo hicieron. Es cierto que hubo bonanza y riqueza para muchos, europeos, judíos, musulmanes y cristianos. Pero es asimismo un hecho comprobado que para un número considerable de familias de los mismos orígenes antes mencionados Tánger fue un respiro político, pero no económico porque la pobreza siguió persiguiéndoles más allá de sus lugares de procedencia.

Lo mismo ocurre con la percepción de ese período, afortunadamente breve entre 1940 y 1945, cuando el régimen español surgido del levantamiento del Ejército de África se apoderó de Tánger. ¿Hubo persecución y represión política; no la hubo; sí la hubo pero relativamente moderada? Estoy seguro que los represaliados no vieron moderación por ninguna parte pero lo mejor es darle la palabra a quienes aún fuera de España conocieron el rigor del régimen.

El sistema político tangerino, una administración internacional integrada por representantes de todos los países firmantes del Acta de Algeciras, no permitía que ningún país se erigiese en dictador sobre los ciudadanos de las otras nacionalidades o de la suya propia. Los mismos militares, los mismos partidos, las mismas falanges, no podían actuar en Tánger, aunque hubiesen abolido temporalmente su Estatuto Internacional, de la misma manera que actuaron en territorio peninsular.

Fue la evolución de la guerra europea, unos primeros años dándole a quienes apoyaban a la Alemania nazi la convicción de una victoria, y los últimos años de la ocupación española de Tánger ya convencidos de que Alemania sería derrotada, la que obligó a moderar la represión política contra los españoles republicanos tangerinos o refugiados.

La intención de este apartado de mi página web, Guerra civil española y Tánger, es recoger todos los testimonios, procedan de donde procedan, que permitan aclarar ese periodo de la historia de la ciudad y de los tangerinos españoles. Empiezo con uno que me ha sido remitido
por un buen amigo, Manuel Iglesias Pérez:

"Mi tío, Juan Pérez Lobo, era hombre pacífico como el que más. Pertenecía a una de las logias masónicas que existían en la época en Tánger desde hacía años, seguramente desde antes de la Segunda República. Por ésta y única razón de su vinculación y pertenencia a la masonería, fue detenido, junto a otros compañeros masones y antiguos combatientes de la guerra civil española refugiados en Tánger, junto con otros de actividad e ideología izquierdista o republicana".

"Por parte de su esposa, mi tía política, su inmediata reacción fue pedir auxilio y ayuda a mi padre, que como te dije militaba por aquellos tiempos en la Falange de Tánger. Éste hizo un primer intento de liberar a su cuñado en la dependencia a donde fue internado sin resultado positivo y acto seguido se trasladó, junto a otros compañeros de mayor jerarquía, a la frontera de El Borch donde instaron a las autoridades militares para que lo dejaran bajo su responsabilidad y poder regresarlo a su domicilio de Tánger".

"Por supuesto el intento fue inútil, y mi padre solo recibió esta respuesta: ¿Pero bueno, tú estás con nosotros o con ellos? Con anterioridad mi padre había conseguido rescatar a algún amigo y a otros movido por la súplica de sus familiares".

"Mi tío Juan, estuvo preso en el presidio de El Hacho de Ceuta durante 8 años y fueron inútiles todos los intentos de conseguir su liberación. Podéis imaginaros todos la constancia y la insistencia con que se respondió a los desesperados ruegos de su esposa, de mi madre y de su otro hermano Francisco".

"Finalmente, transcurridos esos largos ocho años, fue puesto en libertad con la explícita prohibición de volver a Tánger. Por ello no se le concedió pasaporte y en su documentación figuraba como antiguo presidiario político. Residió con su esposa en Madrid durante un par de años con la obligación de presentarse periódicamente a las autoridades del régimen. Por medio de su hermano y tío mío Francisco, y algún otro correligionario, se contactó con un armador de Barbate que bajo el pago de una considerable suma, se arriesgó, en una operación relámpago, a llevarlo hasta Tánger y desembarcarlo una noche en la playa de la Grutas de Hércules, donde fue recogido por su hermano, mi padre y algún otro compañero masón".

"Más tarde, pasado unos años, se le pudo restablecer su completa documentación y hasta pudo entrar en España con toda legalidad y parabienes como súbdito español, y su expediente político fue sobreseído. Esto ocurría ya muy avanzada la década de los cincuenta. Aprovechó su reinserción como español libre de antecedentes, para viajar junto a su esposa (no tenían hijos), por toda la geografía española en múltiples ocasiones y siempre sin incidencias".

"Murió en la década de los 70 y desde entonces su esposa recibió con precisa regularidad un peculio mensual procedente de Canadá de algún Gran Maestre de la masonería, por lo que nunca le faltó nada. Estos masones son también dignos de admirar, pues no olvidan a los suyos. Puede que en esta historia haya algún error u omisión, pero yo era muy niño y estos son los hechos que he retenido en mi memoria".
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2/06/2010

Allied maneuvers in Tangier in 1940

El mando americano, que tenía planes secretos de golpear al Eje germano-italiano en el Mediterráneo, decidió establecer una red de espionaje en el Norte de Africa con Tánger como centro. Como cobertura establecieron varios centros comerciales con el gobierno de Vichy mediante los cuales les suministrarían gasolina, carbón, azúcar, algodón y otros en el Norte de Africa a condición de que no los revendieran. Para eso necesitaban observadores sobre el terreno.. La Oficina de Servicios Estratégicos OSS despacho a una docena de agentes disfrazados de vicecónsules.


Maniobras aliadas en Tánger en 1940
El jefe de todos ellos era el coronel William Hedí, nacido en Siria. Estableció cinco estaciones de radio secretas en Tánger, Casablanca, Orán, Argelia y Túnez y tenía como ayudantes en Tánger a Carleton Coon y Gordon Browne, ambos compañeros de Harvard, graduados en antropología y ambos vinieron a Tánger en 1924. Coon publicó Las Tribus del Rif (Tribes of the Rif) y dos novelas Flesh of the Wild Ox y The Rifian. Browne, que trabajaba desde 1941 par la Oficina Americana de Información y Coordinación, logró que Coon trabajara también para ellos..

Principal agente alemán en Marruecos el General Teddy Auer, homosexual. Browne y Coon Conocieron a dos amiguitos de Auer, un francés y un austríaco que vivían en Casablanca. Auer les había sacado de un campo de concentración. Auer había sido nombrado general y ahora estaba en la Comisión Alemana de Armisticio en Casablanca.
Datos tomados de:
Stars in the Firmament
David Woolman
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Moshito, el mago de los botones

La tendencia a hablar y escribir siempre de los personajes sobresalientes se impone en todas las literaturas. Todos olvidan a aquellos sin cuyo concurso la vida corriente se paralizaría, y las cosas dejarían de funcionar. Este relato de Luis Orchevecs sobre un personaje entrañable como Moshito el rey de los Botones tiende a subsanar en lo posible ese olvido.

Por Luis Orchevecs


En la calle Senmarín, también conocida como cuesta del francés, en la parte izquierda, bajando a la izquierda, acostumbraban a colocarse unos vendedores de hilos que exponían sus carretes, bobinas, botones y pressboutones, en unos carros muy bien concebidos, que divididos en dos partes, servían de expositor para toda la mercancía.

Cuando terminaban la jornada laboral, la parte superior del caro servía de tapadera, la cerraban con candados y empujaban el carro hasta donde solían guardarlo.

Entre los vendedores de este tipo de mercancía, había uno que era mi preferido, porque mi madre siempre le compraba a él. Se llamaba Moshito, y yo le consideraba un alquimista del hilo y del botón.

Cuando los carretes y bobinas, envejecían y se descoloraban por los efectos del sol, Moshito, iba y compraba hilos nuevos, carretes, bobinas, hilos para bordar y otros artículos de pasamanería, y con gran ceremonia, vertía el contenido de las cajas recién compradas, hilos nuevos y relucientes, botones brillantes, trencillas de vivos colores, sobre los viejos artículos descoloridos.

Luego metía sus manos, con cara de satisfacción y mezclaba hilos viejos y nuevos. Inmediatamente, la alquimia se producía. Después de unos breves instantes, todos los hilos se volvían….viejos y descoloridos, tomaban aspecto de haber estado expuestos al aire y al sol durante meses y lo mismo ocurría con los demás artículos.

No me cabe duda que conocía los secretos de la alquimia y eso, con el paso del tiempo, me llevó a llamarle, el Fulcanelli de los hilos. Seguro, que alguno de vosotr@s habréis conocido a Moshito, si es así, podéis dejar vuestro testimonio en esta web, que pretende revivir nuestros recuerdos. Con suerte quizá alguno de vosotros hayáis asistido alguna vez a la transmutación de los hilos...
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1/25/2010

El Cuarto de Los Niños y otros cuentos, viaje al interior de Angel Vázquez

Antonio/Ángel Vázquez fue un genio, con todos los atributos de los genios no "orgánicos": se alojaba en apartamentos que le avergonzaba mostrar a sus amigos; ganaba sueldos que no le llegaban a fin de mes, llevaba parches en los codos de las chaquetas para ocultar el tejido gastado, sus zapatos tenían siempre las suelas agujereadas, y no llegó a saber nunca qué era un billete de mil pesetas. Al recoger la obra cuentística dispersa de Antonio en un solo volúmen, El Cuarto de los niños y otros cuentos,de Editorial Pretexto, Virginia Trueba ha puesto de relieve lo que aquellos tienen de monumento a las cosas cotidianas y
pequeñas.













Cuarto de los Niños: Un viaje al interior de Ángel Vázquez
Por Domingo del Pino

Con el título de El Cuarto de los Niños y otros cuentos, la Editorial Pre-Texto de Valencia ha publicado el 20/04/2009 un libro en el que Virginia Trueba recoge todo el legado escrito de Ángel Vázquez, autor de La Vida Perra de Juanita Narboni. Con la complicidad que ya ha adquirido con la obra de Antonio – Ángel/ Vázquez, Virginia no solo nos ofrece una edición mimada y cuidada, sino la posibilidad de una visión de conjunto de la obra de aquel ser estupendo, gentil, y probablemente irrepetible, que dio Tánger. Bajo una apariencia de frivolidad en algunos casos, los doce cuentos ahora presentados se convierten en monumento literario de las cosas pequeñas y cotidianas de la vida, que es de lo que tratan.

El cuento El Cuarto de los Niños deja entrever ya al gran escritor que luego nos regalaría La Vida Perra de Juanita Narboni. Si La Vida Perra cierra el capítulo del sueño tangerino de Antonio Vázquez, los cuentos saldan cuentas con su niñez y su juventud, las etapas menos conocidas de su vida. Ángel Vázquez fue, durante todo el tiempo que le frecuenté, un niño con pantalón largo y necesidades de adulto. Sus cuentos, entre ellos uno inédito que yo publiqué en mi página web, Bárbara y los Cisnes, me fue regalado hace años por Carmencita Palma. Antonio lo había escrito expresamente para la hija de Carmencita y para agradecer el trozo de tarta con que le habían obsequiado en uno de sus cumpleaños.

Ángel Vázquez, un genio inorgánico


A su manera Antonio/Ángel Vázquez era un genio, con todos los atributos de los genios no “orgánicos”: se alojaba en apartamentos que le avergonzaba mostrar a sus amigos; ganaba sueldos que no le llegaban a fin de mes, llevaba parches en los codos de las chaquetas para ocultar el tejido gastado, sus zapatos tenían siempre las suelas agujereadas, y no llegó a saber nunca qué era un billete de mil pesetas.


Para Antonio Vázquez vivir era un ejercicio difícil y complicado; se sentía indefenso en un entorno de banqueros que hacían fortuna de la noche a la mañana, para algunos de los cuales trabajó. Le rodeaban contrabandistas que pasaban mercancías de Tánger a la Península o al Marruecos francés y español. Se codeó, sin saberlo, con espías alemanes y aliados durante la II Guerra Mundial y a partir de 1954 con agentes del FLN argelino, que duraron poco en Tánger porque unos “banqueros” americanos a los cuales habían confiado sus fondos, un buen día cerraron y se fueron a Panamá con la caja.


En el Tánger de esos años, mientras algunos perdían sus ahorros en bolsa persiguiendo el sueño de que la empresa surafricana en la que habían invertido encontrase una mina de oro que les hiciera millonarios, Antonio inventaba mundos mágicos en los cuales refugiarse y protegerse de la vida real. Escribía a trancas y barrancas en sus trabajos, en los cafetines, y en los bares. No era bohemia, era pura necesidad.


Aquel Tánger había alcanzado tal grado de bonanza para algunos que varias casas de prostitutas ofrecían los servicios de sus chicas a crédito. Los clientes consideraban estas deudas tan sagradas como las del juego. A fin de mes no dejaban de venir a pagarlas como pagaban al tendero o al de los electrodomésticos comprados a plazo. Estaba también la homosexualidad. Tánger no era solo una ciudad comprensiva: era el cuartel general de la flor y la nata de los homosexuales del mundo. Nada de petite homosexualité. Grandes homosexuales, aristócratas estirados, nobles, millonarios, escritores, pintores, ingleses, americanos, franceses, españoles y de todas las nacionalidades, vivían o pasaban temporadas en la ciudad.


La obra y la vida de Antonio Vázquez hubiera sido probablemente más difícil sin ese otro personaje irrepetible que ha dado Tánger que fue Emilio Sanz de Soto. Antonio y Emilio eran dos personalidades totalmente diferentes que se entendían a la perfección incluso sin hablar. Antonio llamaba a Emilio, con cierta ironía, el aristócrata o el mushasho. Pero entre los dos existía esa relación que a veces surge entre el genio incapaz de probar que lo es, y quien es capaz de convencer a los demás de que comparten el mundo con un gran escritor.

Emilio Sanz, un gran escritor verbal

Antonio y Tánger no tendrían seguramente la actualidad que hoy tienen si Emilio Sanz, un prolífico autor-verbal, no los hubiera lanzado. Desde tiempos remotos Tánger era una de esas insólitas escalas autónomas de Levante en la que todos podían considerarse en su casa porque no era la casa de nadie en particular pero si la de todos. La Vida Perra le proporcionó el espacio literario, la referencia simbólica, la patria de papel, que buscaban todos aquellos que en el Mediterráneo habían sido expulsados, se habían tenido que marchar, o se habían sentido agobiados, en su patria de origen.


Tánger ha sido y puede ser contada y fabulada de mil maneras, la mayoría de ellas sin ninguna correspondencia con la realidad. Tánger fue sobre todo una aventura histórica hispano-sefardí-árabe que había reconstituido extramuros de Sefarad/España, amablemente – hasta allí donde las culturas se tratan con amabilidad – la utopía de la España multicultural que no pudo ser. Pero los cuentos de Antonio no tienen mucho que ver con La Vida Perra que es obra de madurez.


Los cuentos recogen las fabulaciones de un niño adulto que tiene que explicarse a sí mismo cómo salir adelante en la rutina y en los ritos de la vida diaria, no siempre amables. En Tánger ricos y pobres, españoles, judíos y árabes soñaban las mismas cosas, aunque los primeros las alcanzaban y los segundos no. Pese a esa limitación, el solo hecho de vivir en aquel Tánger y en aquellas épocas podía ser entendido como un privilegio en una Europa donde se moría de una guerra a otra y en una España de guerra y de muerte civil.


Si Tánger constituye hoy un lugar virtual de peregrinaje emocional y retrospectivo, si acapara todas las nostalgias de mundos libres y de comprensión entre las culturas, es sobre todo porque Emilio Sanz así lo ha contado y Antonio Vázquez así lo ha escrito. Los cuentos permiten conocer mejor a Antonio Vázquez pero solo se entienden con el complemento de la palabra de Emilio Sanz que nos pide, bajo parole, que creamos que un mundo mejor es posible.
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12/26/2009

La contribución de los catalanes a la formación del Tánger moderno

Las contribuciones españolas al devenir de Tánger son numerosas y muy diversas. Los andaluces hicieron de Tánger desde los tiempos más remotos una ciudad andaluza que en cierta medida prolongó al otro lado del Estrecho el mítico "al andalus". Los exiliados y refugiados políticos de todas las épocas, que acudieron a ella en busca de refugio, los últimos de ellos los republicanos españoles y los judíos europeos, le imprimieron un carácter liberal y libre. Los catalanes, principalmente el exilio catalán republicano, hicieron una extraordinaria aportación al desarrollo eeconómico y arquitectónico de la ciudad.




Domingo del Pino Gutiérrez.
Artículo publicado en Afkar Ideas nº 1 Diciembre 2003


El convencimiento de que la historia la escriben los vencedores es un tópico muy arraigado sobre el que no existe acuerdo. El historiador Josep Fontana sostiene que los vencedores no escriben la historia pero son los únicos que disponen de medios para presentar su versión. François Furet, por el contrario, cree que el historiador, eterno reductor de virtualidades de una situación a un futuro único es quien posee esa capacidad de recrear para los contemporáneos su pasado.

Las controversias entre historiadores sobre qué es la historia, cuál el papel del historiador, qué parte de los hechos indiscutibles o de las memorias colectivas se toman o se abandonan para reconstruir el pasado, permiten no obstante acoger con escepticismo las historias producidas en un entorno vencedor.

Los relatos orales, cada vez más admitidos como fuente, tienden a corregir esa insuficiencia y a moderar ese futuro único que promueve el grupo dominante.

Existen historias orales de republicanos, exiliados o no, que corren el riesgo de quedar en el olvido. Una de ellas concierne a la contribución de algunos catalanes a la construcción y expansión urbanística y empresarial del Tánger moderno, que es consecuente con el interés histórico de los “espacios” catalán y andaluz por Tánger y por Marruecos.

Andreu i Abello y Dencás Puigdollers

Entre los muchos catalanes que, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, llegaron a Tánger destacan, con mucha diferencia, Josep Andreu i Abelló y Josep Dencàs Puigdollers. Pero no son los únicos. En la estructuración económica y empresarial de la ciudad desempeñaron también un notable papel ciudadanos catalanes o del espacio lingüístico catalán como Antoni Pedrol Rius, Enrique Morgades Huguet, Juan Valls Royo, Asis Viladeval Marfá, Esteban y Emilio Feliu, Josep Toscas, Mariano Alapont Baixauli y otros muchos.

La historia, ese conjunto de virtualidades que los historiadores convierten en un futuro único, ha sido y sigue empeñada en ser injusta con el pasado predominantemente español de Tánger. Un grupo de escritores británicos y norteamericanos, apoyados en el poder mediático puesto a su disposición, parecen haber logrado que el pasado de Tánger quede reducido a las vivencias de sus compatriotas, a fin de cuentas episódicas y marginales en la vida cotidiana de la ciudad.

Todos sabemos hoy que Paul y Jane Bowles, William Burroughs, Jack Kerouac, Tennessee Williams, la millonaria Bárbara Hutton, y otros muchos, pasaron en Tánger años, temporadas o sólo días, pero hemos leído con detalle de sus fiestas, de su frenesí por vivir y por gozar de todos los placeres, desde la droga y el alcohol a la más variada sexualidad.

Douceur de vivre?

Se nos han contado cientos de historias, verdaderas o falsas, sobre la douceur de vivre en esa ciudad a la que según su leyenda afluían sin cesar capitales, reales o imaginarios, traídos por acaudalados judíos que huían de las persecuciones del nazismo, y por nobles y magnates de Rusia y de otros países europeos que cayeron bajo la bota del comunismo.

El número considerable de instituciones benéficas y de auxilio social que todas las comunidades nacionales de la ciudad tuvieron que crear, en todos los tiempos, sugiere que esa bonanza no alcanzaba para todos.

Resume todas las injusticias sobre el pasado español – o portugués – de Tánger el libro Stars in the firmament.Tangier Characters 1660-1960 de David S. Woolman, que en los tres siglos que analiza recoge como personajes para la historia de Tánger a todos los ingleses y americanos algunbos de los cuales quizá merezcan un puesto en ella, pero también a un centenar de barmen, cocineros, aventureros y estafadores. En esos tres siglos Woolman, por el contrario, solo encuentra dignos de mención a dos españoles, por cierto no los más importantes.


Emilio Sanz inspirador de una generación

Puede que el escritor tangerino y amigo Emilio Sanz, que a fin de cuentas tanto contribuyó a abrir los ojos a toda una generación de tangerinos españoles, que tantos horizontes culturales y ambición democrática despertó en sus conciudadanos, pero que al mismo tiempo es quien más ha contribuido a familiarizarnos con ese lado tangerino sajón y lúdico tan peculiar, lleve razón cuando sostiene que a fin de cuentas Tánger no puede ser contada en una sola historia sino en mil historias, y que la americana festiva y despreocupada es una más de ellas.

En todo caso es imposible ignorar que las primeras medidas de prevención de higiene y sanitarias, el primer alumbrado eléctrico, los primeros colegios, las primeras misiones humanitarias, los primeros teléfonos, los primeros periódicos y entre los primeros servicios de correos y telégrafos, fueron aportados y puestos en servicio por empresas españolas.

La presencia de los franciscanos en la ciudad se remonta al siglo XIII y su labor en el rescate de cautivos primero y en la educación de generaciones de españoles después, merece, al igual que la acción de España en su conjunto, un reconocimiento que, a falta de historiadores propios los ajenos le regatean.

La escritora Elisa Chimenti, asidua colaboradora de la revista Mauritania que editaba la Misión Franciscana, escribía en los años treinta que “Tánger es una ciudad andaluza, enclavada en tierra africana por capricho de la geografía”. Durante siglos los andaluces constituyeron el núcleo de población más importante de la ciudad, cuatro o cinco veces superior, cuando estalló la guerra civil española, al de todas las otras nacionalidades juntas.

Durante siglos también, del entorno catalán procedieron las principales llamadas de atención al Estado español sobre la importancia de la proyección humana y económica hacia Marruecos y el norte de Africa y los primeros diseños de penetración empresarial en aquellas tierras.

Domingo Badia (alias Ali Bey) el gran aventurero

En el siglo XIX, el catalán Domingo Badia i Leblich vio su vida profesional truncada cuando el político D. Manuel de Godoy, decidió transformar el viaje científico que proyectaba en una misión de espionaje destinado a averiguar las posibilidades de ocupación de Marruecos. Bajo el disfraz de príncipe árabe Ali Bey el Bagdadi, Domingo Badia llegó a Tánger en 1803 y después de ser autorizado por el Sultán recorrió el Marruecos entonces conocido para cumplir una misión de la que para entonces la Corte ya se había olvidado.

Diecinueve años más tarde, D. Tomás de Comin, en sus cartas de 1822 al político liberal D. Manuel José Quintana, recogidas posteriormente en un libro titulado “Ligera ojeada o breve idea del Imperio de Marruecos en 1822”, ofrecerá unas observaciones de gran interés sobre la posibilidad de tomar aquella ciudad, como punto de partida para la penetración en el Imperio jerifiano. Como las de Ali Bey, sus recomendaciones no tendrán ningún efecto porque cuando sus cartas llegan a su destinatario los liberales han perdido el poder y D. Manuel José Quintana ha caído en desgracia.

A fines del siglo XIX, el Marqués de Comillas, que también financió la construcción de las Escuelas Casa Riera (Marianistas), pidió al arquitecto Antoni Gaudi que proyectara una catedral para la misión franciscana de la ciudad. Gaudí llegó a Tánger en 1892 y después de recorrer el Atlas marroquí para inspirarse de la arquitectura bereber, presentó un impresionante proyecto. Si éste hubiera sido aceptado, la Sagrada Familia estaría hoy en Tánger y no en Barcelona.

Una ciudad de exilio que hay que reinventar

Tánger fue siempre una de esas ciudades de exilio y multi-
confesional como Alejandria, Beirut, Nicosia, Malta, que solo la civilización mediterránea ha sabido producir. En ellas, religiones, culturas e ideologías que en sus espacios nacionales de origen estaban a matar, convivieron puerta con puerta con toda naturalidad.

El secreto de esa convivencia, hoy añorada, está aún por estudiar, pero algunas claves son ostensibles: poco Estado, pocos impuestos, poco peso institucional, y un gran espacio común, generalmente diurno y políglota, para intercambios comerciales y sociales, en el que todos encontraban interesante estar presentes.
Algunos autores pretenden que en esas ciudades se vivía mejor que en los paraísos que cada religión prometía por separado a sus fieles.

Obras maestras de la literatura, como el Cuarteto de Alejandria de Lawrence Durrell, y La Vida Perra de Juanita Narboni del español Antonio Vázquez, dan cuenta de esa ciudadanía universal mediterránea que sólo tiene parecido, en otros registros más raciales, en El Caribe tan magistralmente descrito por el cubano Alejo Carpentier en El Siglo de las Luces.

Después de Ali Bey, la próxima gran descripción de Tánger la encontramos en un Album Recuerdo de Tánger, editado a finales de los años veinte por la Casa Bailly-Bailliere (Tessio de Costamagna) de Barcelona, realizado sobre el terreno con la valiosa colaboración del periodista Alberto España.

La ocupación española, un paréntesis

Después del paréntesis de la ocupación española (1940-1945), Tánger conoció una bonanza económica extraordinaria. Los catalanes exiliados o expatriados que acudieron, constituyeron el grupo cualitativamente más importante de la ciudad. Entre los primeros destacan Josep Andreu i Abelló y Josep Dencàs Puigdollers dos personalidades relevantes de la historia republicana de Cataluña.

Para entonces Abelló, que llegó a Tánger en 1949, no era ya un exiliado más. Entró en Tánger por la puerta ancha y fue reconocido de inmediato como un miembro destacado de la elite económica e influyente tangerina. Contaba para ello con el respaldo que le proporcionaba su condición de Director General del Banco Inmobiliario de Marruecos (BIM, a partir de 1953 también Mercantil, BIMM) que había creado con quien sería presidente de la entidad, Antoni Pedrol Rius.

Josep Dencàs llegó casi al mismo tiempo de su exilio italiano, abrió una consulta médica y contó desde el inicio con el apoyo del banco de Andreu, que estableció con él una “iguala” para la atención gratuita de sus empleados. En un Tánger donde la protección social era inexistente, aquella prestación del BIMM constituía una ayuda inestimable. Dencàs mantuvo una relación estrecha de amistad con Andreu en cuya residencia se reunían todos los domingos por la mañana.

En la casa de Andreu pasó una corta temporada también, a principios de la segunda mitad de los años cincuenta, el President Joseph Tarradellas, y allí, entre largas conversaciones con Andreu y Dencàs, escribió las Cartas que tanta influencia tuvieron en la política catalana de entonces.

Aunque relativamente pequeño en comparación con otros grandes bancos de la ciudad, el BIMM fue pionero en su política inmobiliaria y con sus urbanizaciones residenciales, Atlantic en Beni Makada y California en el Zoco de los Bueyes, abrió el camino para la expansión moderna de la ciudad en esas dos direcciones aún hoy válidas.

A caballo entre exiliados y expatriados estaban Esteban Feliú y su hijo Emilio, y el brazo derecho de ambos, Josep Toscas, que administraban e invertían dineros que les habían confiado otros catalanes. Los expatriados catalanes o del área lingüística del catalán, poseían algunos de los principales negocios y empresas de la ciudad, asociados a veces entre ellos o con importantes hombres de negocio de confesión judía como los Hassán y los Bendrien.

Empresarios, banqueros e industriales

En este grupo se encontraban los directores de banco Carlos Soler Cabot (Exterior de España) y Mariano Alapont Baixauli (Central), Juan Valls, propietario de Cementos Tánger, Juan Bonvilá, dueño del grupo de tiendas de Lámparas Bonvilá y de las ferreterías Almacenes Orbea, y otros varios como Enrique Morgades Huguet, propietario de la empresa Sacotec, y los arquitectos Asís Viladeval Marfá y Alfonso Siena Ochoa del estudio de ingenieros y arquitectos Arquin, instalados en la misma planta de la sede original del BIMM.

Joan Estelrich, fue director por un tiempo del Diario España; Antonio Llardent, propietario de una fábrica de losetas y socio de la Lotería Benéfica de Tánger. Su esposa, Isabel Viciana López, leridana, se convirtió en uno de los personajes quizá más admirados por la juventud de Tánger a la que ella, una magnifica soprano, animó y ayudó a desarrollar la Peña Lírica de la ciudad. Gracias a su diligencia, la iglesia del Sagrado Corazón de Tánger cuenta desde entonces con una imagen de la Virgen de Monserrat, que ofrecieron los catalanes.

La mayoría de los grandes negocios de ese grupo de catalanes se concertaba entonces en distendidas reuniones en un lujoso club privado creado por éstos en el centro de la ciudad. Josep Andreu i Abelló mantendrá con ellos una relación cordial pero distante hasta que desde el Comité de Iniciativas empresariales de Tánger, que le eligió vicepresidente en 1958, creó su propio Club Gandori, con un carácter igualmente selecto y privado, pero internacional.

El mismo año Andreu fue nombrado miembro de la Academia del Mediterráneo, con sede en Niza, en reconocimiento a sus constantes esfuerzos por imbricar a la economía de Tánger en la economía del Mediterráneo. Es quizá esa conciencia suya de la mediterraneidad la que le llevará en 1959, cuando el Sultán Mohammed V ya había decidido derogar la Carta Real que garantizaba un estatuto especial a Tánger, a formar parte de la delegación de hombres de negocios tangerinos que visitó en Rabat al rey marroquí para pedirle que no cortara los lazos de Tánger con el Mediterráneo y exhortarle a que concediese a la ciudad el régimen de puerto franco.

Pero Marruecos digería entonces su reciente independencia y el monarca, preocupado sobre todo por establecer su soberanía sobre el territorio, no accedió a los deseos de los tangerinos. Por ese motivo y al igual que el antiguo Protectorado español, Tánger conoció un periodo de vacas flacas responsable de buena parte de los problemas estructurales que padece aún.

La voluntad para comenzar a solucionarlos es de muy reciente aparición y en lo que a Tánger concierne los proyectos se articulan sobre la zona franca que tantos años atrás propuso Andreu i Abelló, y las esperanzas puestas en un gran y nuevo puerto mediterráneo.

Después de aquella negativa, el BIMM y otros bancos y empresas tangerinas trasladaron su centros de actividades a otros lugares. El BIMM abrió una sucursal en Andorra con algunos de sus empleados de Tánger, y parte del grupo de catalanes expatriados emigró a una Venezuela que, en la segunda mitad de los años cincuenta, despuntaba como el nuevo Eldorado que sustituiría a Tánger.

Andreu i Abelló regresó a Barcelona en 1961 para residir en la casa que se había visto obligado a abandonar en 1939.

De entre los catalanes más destacados de ambos grupos sólo Josep Dencàs permanecerá con su gabinete médico en Tánger hasta su fallecimiento en 1965.

Unos años antes había visitado Barcelona porque creía que ya había sido levantada la prohibición contra él de regresar a España pero no era así, aunque el falleció sin saberlo. Algunos refieren que este hombre singular dejaba como por descuido dinero para medicinas debajo de la almohada de sus pacientes más pobres.

Los empleados y colaboradores de Josep Andreu consultados para este trabajo le recuerdan todos con afecto y algunos llegan a decir que quien fuera fundador de Esquerra Republicana de Cataluña y Presidente del Tribunal de Casación de la Audiencia de Barcelona, les cambió radicalmente y para bien sus vidas. Algunos recuerdan con simpatía que cuando Andreu í Abelló llegó a Tánger aún hablaba con un marcado acento mexicano. Otros refieren que el BIMM, bajo su dirección, se convirtió en un auténtico consulado de Cataluña en Tánger donde ninguna petición razonable de ayuda quedó desatendida.

Aparte de Josep Dencàs, uno de los más importantes protegidos del banco fue Luis Mestres Capdevila, exgobernador de Tarragona, quien durante un tiempo vendió parcelas y pisos propiedad del banco. Josep Masdeu también le debe a Andreu su empleo en el Casino de Tánger. Cuando casi todos tuvieron que emigrar, Mestres regresó a Monterrey, de donde había venido, y allí rindió su vida.

El habano de Don Josep Andreu

A Andreu i Abelló se le recuerda como un hombre elegante, fumador de habanos, que siempre se desplazaba en un impresionante coche negro conducido también por un chofer negro impecablemente uniformado. Su situación social nunca le impidió seguir siendo un irreductible antifranquista. Su hijo Narcis Andreu Musté recuerda que cuando el nuevo embajador de España en Marruecos, Cristóbal del Castillo, quiso conocerle personalmente, su padre le dijo: “Embajador, no pretenderá Usted que yo vaya a la embajada. Venga usted a mi casa. Tendré mucho gusto en invitarle a almorzar”, a lo que de Castillo respondió: “Hombre, tampoco pretenderá Usted que yo vaya a su casa”.

Los dos hombres se vieron finalmente en el Hotel Minzah. Andreu tenía un especial interés en aquel encuentro. En 1939 él había salido para el exilio con el Presidente Lluis Companys y ambos se habían establecido en Paris. De allí Andreu fue a México vía Nueva York, pero Companys permaneció en la capital francesa, lo que finalmente le resultaría fatal cuando los alemanes ocuparon Francia.

Fue detenido por la Gestapo y recluido en la prisión de la Santé de La Baule y de allí conducido por la policía de Franco a la comisaría de la Puerta del Sol, donde fue maltratado antes de ser trasladado a Monjuïc para ser fusilado después de un juicio sumarísimo.

Cristóbal del Castillo era entonces el segundo del embajador en Paris José Félix de Lequerica, y Andreu quería saber cual había sido el papel desempeñado por ambos en la detención de Companys y cómo se había gestado ésta. Al parecer del Castillo negó rotundamente que él o Lequerica hubieran tomado parte en ello y le dijo que había sido una operación exclusiva de la Gestapo en colaboración con la policía de Franco.

Otros testigos han señalado al autor de este artículo que la única acción de reafirmación republicana y antifranquista de cierta repercusión llevada a cabo en Tánger en esos años fue iniciativa de Andreu que la financió. En España el partido comunista llevaba a cabo allá por 1957 y 1958 una importante campaña a favor de la liberación de los presos políticos y por la democracia.

A través de un excapitán vasco republicano exiliado en Tánger, Andreu entró en contacto con el grupo del PCE de Tánger y les propuso llevar a cabo una acción simbólica que recordase a todos los confiados tangerinos que sus compatriotas de la Península luchaban todavía por la libertad.

Decidieron que las mayores repercusiones simbólicas se podían alcanzar con una acción contra lo que a su vez representaba el mayor símbolo del franquismo. El monumento del Llano Amarillo, en Ketama, zona del anterior Protectorado español cercana a Tánger, había sido erigido para recordar el juramento de levantarse contra la República que se habían hecho los oficiales que participaban allí el 12 de julio de 1936 en unas maniobras. Simbolizaba, para el franquismo, la primera llamada concreta a la rebelión.

Operación Llano Amarillo

Estudiada la acción, una madrugada, cinco miembros del partido comunista de Tánger, Mendizábal, Guia, Avila, Pedreira y Manolo “el pastelero”, tomaron asiento en el Opel Capitán del primero, cubiertos de guardapolvos grises, transportando grandes botes de pintura y brochas en el maletero, y se dirigieron al Llano Amarillo para dejar en el monumento pintadas reclamando Amnistía y Libertad para los presos políticos. El conductor del coche dejó a los otros cuatro al pie del objetivo y se marchó para no llamar la atención de la Gendarmería marroquí próxima, con la intención de regresar media hora después a recogerles.

La operación estuvo a punto de fracasar porque los “complotados” no podían abrir las latas de pintura. Cuando al fin lo lograron, el automóvil que debía recogerles estaba a punto de regresar, así es que las pintadas tuvieron que ser hechas a toda prisa lo cual contribuyó a empeorar el estado en que quedó el obelisco.

Aquella acción conmocionó a toda la población de Tánger: los franquistas se sintieron ultrajados; los demás lo celebraron. De Tánger salían autobuses de “turistas” para ver el estado en que había quedado el monumento y sacar fotografías. El propio Mendizábal fue uno de los que con su cámara, al día siguiente, tomó fotos que luego fueron vendidas entre los miembros y simpatizantes del PCE.

El importe de esas ventas, junto con el dinero que sobró de lo que dio Andreu Abelló, fue enviado como ayuda a las familias de algunos presos políticos. Las especulaciones, a cual más fantasiosa, animaron los corrillos de la ciudad durante un tiempo. La revista Mauritania, órgano de la misión franciscana de Tánger, fue la más expresiva de ese sentimiento ultrajado.

En un artículo firmado por el Padre Pazos se mencionaba la conmoción que los hechos habían causado al Padre Juan, quien nada más enterarse de lo sucedido se dirigió al monumento para limpiarlo él mismo y allí pedir a Dios el castigo de los culpables. El artículo, ilustrado con una foto del citado padre al pie del monumento, señalaba, como los rumores, que “el nocturno profanador hablaba ruso, francés y español” mientras que otros afirmaban que el coche utilizado estaba matriculado en un país del Este.

Los organizadores podían estar satisfechos. La acción estaba recibiendo mucha más publicidad de la esperada. Más tarde el PCE en colaboración con algunos marroquíes nacionalistas e izquierdistas de la ciudad, como el ex ministro marroquí y actual presidente del Partido Liberal de Marruecos, Ahmed Ziane, hicieron campaña para que el gobierno marroquí destruyera aquel monumento, lo cual no fue necesario pues antes de que la
“temperatura” nacionalista subiese, un centenar de camiones enviados por el gobierno español, trasladaron piedra a piedra el obelisco a la ciudad de Ceuta, donde aún se encuentra.

Cuando todos se animen a contar sus versiones, puede que la historia reciente de España deje de tener esa versión única de que hablaba François Furet.
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