2/06/2010

Allied maneuvers in Tangier in 1940

Maniobras aliadas en Tánger en 1940
El mando americano tenía planes secretos de golpear al Eje germano-italiano en el Mediterráneo decidió establecer una red de espionaje en el Norte de Africa con Tánger como centro. Como cobertura establecieron varios centros comerciales con el gobierno de Vichy mediante los cuales les suministrarían gasolina, carbón, azúcar, algodón y otros en el Norte de Africa a condición de que no los revendieran. Para eso necesitaban observadores sobre el terreno.. La Oficina de Servicios Estratégicos OSS despacho a una docena de agentes disfrazados de vicecónsules.


El jefe de todos ellos era el coronel William Hedí, nacido en Siria. Estableció cinco estaciones de radio secretas en Tánger, Casablanca, Orán, Argelia y Túnez y tenía como ayudantes en Tánger a Carleton Coon y Gordon Browne, ambos compañeros de Harvard, graduados en antropología y ambos vinieron a Tánger en 1924. Coon publicó Las Tribus del Rif (Tribes of the Rif) y dos novelas Flesh of the Wild Ox y The Rifian. Browne, que trabajaba desde 1941 par la Oficina Americana de Información y Coordinación, logró que Coon trabajara también para ellos..


Principal agente alemán en Marruecos el General Teddy Auer, homosexual. Browne y Coon Conocieron a dos amiguitos de Auer, un francés y un austríaco que vivían en Casablanca. Auer les había sacado de un campo de concentración. Auer había sido nombrado general y ahora estaba en la Comisión Alemana de Armisticio en Casablanca.
Datos tomados de:
Stars in the Firmament
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Moshito, el mago de los botones

Por Luis Orchevecs


En la calle Senmarín, también conocida como cuesta del francés, en la parte izquierda, bajando a la izquierda, acostumbraban a colocarse unos vendedores de hilos que exponían sus carretes, bobinas, botones y pressboutones, en unos carros muy bien concebidos, que divididos en dos partes, servían de expositor para toda la mercancía.

Cuando terminaban la jornada laboral, la parte superior del caro servía de tapadera, la cerraban con candados y empujaban el carro hasta donde solían guardarlo.

Entre los vendedores de este tipo de mercancía, había uno que era mi preferido, porque mi madre siempre le compraba a él. Se llamaba Moshito, y yo le consideraba un alquimista del hilo y del botón.

Cuando los carretes y bobinas, envejecían y se descoloraban por los efectos del sol, Moshito, iba y compraba hilos nuevos, carretes, bobinas, hilos para bordar y otros artículos de pasamanería, y con gran ceremonia, vertía el contenido de las cajas recién compradas, hilos nuevos y relucientes, botones brillantes, trencillas de vivos colores, sobre los viejos artículos descoloridos.

Luego metía sus manos, con cara de satisfacción y mezclaba hilos viejos y nuevos. Inmediatamente, la alquimia se producía. Después de unos breves instantes, todos los hilos se volvían….viejos y descoloridos, tomaban aspecto de haber estado expuestos al aire y al sol durante meses y lo mismo ocurría con los demás artículos.

No me cabe duda que conocía los secretos de la alquimia y eso, con el paso del tiempo, me llevó a llamarle, el Fulcanelli de los hilos. Seguro, que alguno de vosotr@s habréis conocido a Moshito, si es así, podéis dejar vuestro testimonio en esta web, que pretende revivir nuestros recuerdos. Con suerte quizá alguno de vosotros hayáis asistido alguna vez a la transmutación de los hilos...
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1/25/2010

El Cuarto de Los Niños y otros cuentos, viaje al interior de Angel Vázquez

Antonio/Ángel Vázquez fue un genio, con todos los atributos de los genios no "orgánicos": se alojaba en apartamentos que le avergonzaba mostrar a sus amigos; ganaba sueldos que no le llegaban a fin de mes, llevaba parches en los codos de las chaquetas para ocultar el tejido gastado, sus zapatos tenían siempre las suelas agujereadas, y no llegó a saber nunca qué era un billete de mil pesetas. Al recoger la obra cuentística dispersa de Antonio en un solo volúmen, El Cuarto de los niños y otros cuentos,de Editorial Pretexto, Virginia Trueba ha puesto de relieve lo que aquellos tienen de monumento a las cosas cotidianas y
pequeñas.













Cuarto de los Niños: Un viaje al interior de Ángel Vázquez
Por Domingo del Pino

Con el título de El Cuarto de los Niños y otros cuentos, la Editorial Pre-Texto de Valencia ha publicado el 20/04/2009 un libro en el que Virginia Trueba recoge todo el legado escrito de Ángel Vázquez, autor de La Vida Perra de Juanita Narboni. Con la complicidad que ya ha adquirido con la obra de Antonio – Ángel/ Vázquez, Virginia no solo nos ofrece una edición mimada y cuidada, sino la posibilidad de una visión de conjunto de la obra de aquel ser estupendo, gentil, y probablemente irrepetible, que dio Tánger. Bajo una apariencia de frivolidad en algunos casos, los doce cuentos ahora presentados se convierten en monumento literario de las cosas pequeñas y cotidianas de la vida, que es de lo que tratan.

El cuento El Cuarto de los Niños deja entrever ya al gran escritor que luego nos regalaría La Vida Perra de Juanita Narboni. Si La Vida Perra cierra el capítulo del sueño tangerino de Antonio Vázquez, los cuentos saldan cuentas con su niñez y su juventud, las etapas menos conocidas de su vida. Ángel Vázquez fue, durante todo el tiempo que le frecuenté, un niño con pantalón largo y necesidades de adulto. Sus cuentos, entre ellos uno inédito que yo publiqué en mi página web, Bárbara y los Cisnes, me fue regalado hace años por Carmencita Palma. Antonio lo había escrito expresamente para la hija de Carmencita y para agradecer el trozo de tarta con que le habían obsequiado en uno de sus cumpleaños.

Ángel Vázquez, un genio inorgánico


A su manera Antonio/Ángel Vázquez era un genio, con todos los atributos de los genios no “orgánicos”: se alojaba en apartamentos que le avergonzaba mostrar a sus amigos; ganaba sueldos que no le llegaban a fin de mes, llevaba parches en los codos de las chaquetas para ocultar el tejido gastado, sus zapatos tenían siempre las suelas agujereadas, y no llegó a saber nunca qué era un billete de mil pesetas.


Para Antonio Vázquez vivir era un ejercicio difícil y complicado; se sentía indefenso en un entorno de banqueros que hacían fortuna de la noche a la mañana, para algunos de los cuales trabajó. Le rodeaban contrabandistas que pasaban mercancías de Tánger a la Península o al Marruecos francés y español. Se codeó, sin saberlo, con espías alemanes y aliados durante la II Guerra Mundial y a partir de 1954 con agentes del FLN argelino, que duraron poco en Tánger porque unos “banqueros” americanos a los cuales habían confiado sus fondos, un buen día cerraron y se fueron a Panamá con la caja.


En el Tánger de esos años, mientras algunos perdían sus ahorros en bolsa persiguiendo el sueño de que la empresa surafricana en la que habían invertido encontrase una mina de oro que les hiciera millonarios, Antonio inventaba mundos mágicos en los cuales refugiarse y protegerse de la vida real. Escribía a trancas y barrancas en sus trabajos, en los cafetines, y en los bares. No era bohemia, era pura necesidad.


Aquel Tánger había alcanzado tal grado de bonanza para algunos que varias casas de prostitutas ofrecían los servicios de sus chicas a crédito. Los clientes consideraban estas deudas tan sagradas como las del juego. A fin de mes no dejaban de venir a pagarlas como pagaban al tendero o al de los electrodomésticos comprados a plazo. Estaba también la homosexualidad. Tánger no era solo una ciudad comprensiva: era el cuartel general de la flor y la nata de los homosexuales del mundo. Nada de petite homosexualité. Grandes homosexuales, aristócratas estirados, nobles, millonarios, escritores, pintores, ingleses, americanos, franceses, españoles y de todas las nacionalidades, vivían o pasaban temporadas en la ciudad.


La obra y la vida de Antonio Vázquez hubiera sido probablemente más difícil sin ese otro personaje irrepetible que ha dado Tánger que fue Emilio Sanz de Soto. Antonio y Emilio eran dos personalidades totalmente diferentes que se entendían a la perfección incluso sin hablar. Antonio llamaba a Emilio, con cierta ironía, el aristócrata o el mushasho. Pero entre los dos existía esa relación que a veces surge entre el genio incapaz de probar que lo es, y quien es capaz de convencer a los demás de que comparten el mundo con un gran escritor.

Emilio Sanz, un gran escritor verbal

Antonio y Tánger no tendrían seguramente la actualidad que hoy tienen si Emilio Sanz, un prolífico autor-verbal, no los hubiera lanzado. Desde tiempos remotos Tánger era una de esas insólitas escalas autónomas de Levante en la que todos podían considerarse en su casa porque no era la casa de nadie en particular pero si la de todos. La Vida Perra le proporcionó el espacio literario, la referencia simbólica, la patria de papel, que buscaban todos aquellos que en el Mediterráneo habían sido expulsados, se habían tenido que marchar, o se habían sentido agobiados, en su patria de origen.


Tánger ha sido y puede ser contada y fabulada de mil maneras, la mayoría de ellas sin ninguna correspondencia con la realidad. Tánger fue sobre todo una aventura histórica hispano-sefardí-árabe que había reconstituido extramuros de Sefarad/España, amablemente – hasta allí donde las culturas se tratan con amabilidad – la utopía de la España multicultural que no pudo ser. Pero los cuentos de Antonio no tienen mucho que ver con La Vida Perra que es obra de madurez.


Los cuentos recogen las fabulaciones de un niño adulto que tiene que explicarse a sí mismo cómo salir adelante en la rutina y en los ritos de la vida diaria, no siempre amables. En Tánger ricos y pobres, españoles, judíos y árabes soñaban las mismas cosas, aunque los primeros las alcanzaban y los segundos no. Pese a esa limitación, el solo hecho de vivir en aquel Tánger y en aquellas épocas podía ser entendido como un privilegio en una Europa donde se moría de una guerra a otra y en una España de guerra y de muerte civil.


Si Tánger constituye hoy un lugar virtual de peregrinaje emocional y retrospectivo, si acapara todas las nostalgias de mundos libres y de comprensión entre las culturas, es sobre todo porque Emilio Sanz así lo ha contado y Antonio Vázquez así lo ha escrito. Los cuentos permiten conocer mejor a Antonio Vázquez pero solo se entienden con el complemento de la palabra de Emilio Sanz que nos pide, bajo parole, que creamos que un mundo mejor es posible.
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12/26/2009

La contribución de los catalanes a la formación del Tánger moderno

Las contribuciones españolas al devenir de Tánger son numerosas y muy diversas. Los andaluces hicieron de Tánger desde los tiempos más remotos una ciudad andaluza que en cierta medida prolongó al otro lado del Estrecho el mítico "al andalus". Los exiliados y refugiados políticos de todas las épocas, que acudieron a ella en busca de refugio, los últimos de ellos los republicanos españoles y los judíos europeos, le imprimieron un carácter liberal y libre. Los catalanes, principalmente el exilio catalán republicano, hicieron una extraordinaria aportación al desarrollo eeconómico y arquitectónico de la ciudad.




Domingo del Pino Gutiérrez.
Artículo publicado en Afkar Ideas nº 1 Diciembre 2003


El convencimiento de que la historia la escriben los vencedores es un tópico muy arraigado sobre el que no existe acuerdo. El historiador Josep Fontana sostiene que los vencedores no escriben la historia pero son los únicos que disponen de medios para presentar su versión. François Furet, por el contrario, cree que el historiador, eterno reductor de virtualidades de una situación a un futuro único es quien posee esa capacidad de recrear para los contemporáneos su pasado.

Las controversias entre historiadores sobre qué es la historia, cuál el papel del historiador, qué parte de los hechos indiscutibles o de las memorias colectivas se toman o se abandonan para reconstruir el pasado, permiten no obstante acoger con escepticismo las historias producidas en un entorno vencedor.

Los relatos orales, cada vez más admitidos como fuente, tienden a corregir esa insuficiencia y a moderar ese futuro único que promueve el grupo dominante.

Existen historias orales de republicanos, exiliados o no, que corren el riesgo de quedar en el olvido. Una de ellas concierne a la contribución de algunos catalanes a la construcción y expansión urbanística y empresarial del Tánger moderno, que es consecuente con el interés histórico de los “espacios” catalán y andaluz por Tánger y por Marruecos.

Andreu i Abello y Dencás Puigdollers

Entre los muchos catalanes que, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, llegaron a Tánger destacan, con mucha diferencia, Josep Andreu i Abelló y Josep Dencàs Puigdollers. Pero no son los únicos. En la estructuración económica y empresarial de la ciudad desempeñaron también un notable papel ciudadanos catalanes o del espacio lingüístico catalán como Antoni Pedrol Rius, Enrique Morgades Huguet, Juan Valls Royo, Asis Viladeval Marfá, Esteban y Emilio Feliu, Josep Toscas, Mariano Alapont Baixauli y otros muchos.

La historia, ese conjunto de virtualidades que los historiadores convierten en un futuro único, ha sido y sigue empeñada en ser injusta con el pasado predominantemente español de Tánger. Un grupo de escritores británicos y norteamericanos, apoyados en el poder mediático puesto a su disposición, parecen haber logrado que el pasado de Tánger quede reducido a las vivencias de sus compatriotas, a fin de cuentas episódicas y marginales en la vida cotidiana de la ciudad.

Todos sabemos hoy que Paul y Jane Bowles, William Burroughs, Jack Kerouac, Tennessee Williams, la millonaria Bárbara Hutton, y otros muchos, pasaron en Tánger años, temporadas o sólo días, pero hemos leído con detalle de sus fiestas, de su frenesí por vivir y por gozar de todos los placeres, desde la droga y el alcohol a la más variada sexualidad.

Douceur de vivre?

Se nos han contado cientos de historias, verdaderas o falsas, sobre la douceur de vivre en esa ciudad a la que según su leyenda afluían sin cesar capitales, reales o imaginarios, traídos por acaudalados judíos que huían de las persecuciones del nazismo, y por nobles y magnates de Rusia y de otros países europeos que cayeron bajo la bota del comunismo.

El número considerable de instituciones benéficas y de auxilio social que todas las comunidades nacionales de la ciudad tuvieron que crear, en todos los tiempos, sugiere que esa bonanza no alcanzaba para todos.

Resume todas las injusticias sobre el pasado español – o portugués – de Tánger el libro Stars in the firmament.Tangier Characters 1660-1960 de David S. Woolman, que en los tres siglos que analiza recoge como personajes para la historia de Tánger a todos los ingleses y americanos algunbos de los cuales quizá merezcan un puesto en ella, pero también a un centenar de barmen, cocineros, aventureros y estafadores. En esos tres siglos Woolman, por el contrario, solo encuentra dignos de mención a dos españoles, por cierto no los más importantes.


Emilio Sanz inspirador de una generación

Puede que el escritor tangerino y amigo Emilio Sanz, que a fin de cuentas tanto contribuyó a abrir los ojos a toda una generación de tangerinos españoles, que tantos horizontes culturales y ambición democrática despertó en sus conciudadanos, pero que al mismo tiempo es quien más ha contribuido a familiarizarnos con ese lado tangerino sajón y lúdico tan peculiar, lleve razón cuando sostiene que a fin de cuentas Tánger no puede ser contada en una sola historia sino en mil historias, y que la americana festiva y despreocupada es una más de ellas.

En todo caso es imposible ignorar que las primeras medidas de prevención de higiene y sanitarias, el primer alumbrado eléctrico, los primeros colegios, las primeras misiones humanitarias, los primeros teléfonos, los primeros periódicos y entre los primeros servicios de correos y telégrafos, fueron aportados y puestos en servicio por empresas españolas.

La presencia de los franciscanos en la ciudad se remonta al siglo XIII y su labor en el rescate de cautivos primero y en la educación de generaciones de españoles después, merece, al igual que la acción de España en su conjunto, un reconocimiento que, a falta de historiadores propios los ajenos le regatean.

La escritora Elisa Chimenti, asidua colaboradora de la revista Mauritania que editaba la Misión Franciscana, escribía en los años treinta que “Tánger es una ciudad andaluza, enclavada en tierra africana por capricho de la geografía”. Durante siglos los andaluces constituyeron el núcleo de población más importante de la ciudad, cuatro o cinco veces superior, cuando estalló la guerra civil española, al de todas las otras nacionalidades juntas.

Durante siglos también, del entorno catalán procedieron las principales llamadas de atención al Estado español sobre la importancia de la proyección humana y económica hacia Marruecos y el norte de Africa y los primeros diseños de penetración empresarial en aquellas tierras.

Domingo Badia (alias Ali Bey) el gran aventurero

En el siglo XIX, el catalán Domingo Badia i Leblich vio su vida profesional truncada cuando el político D. Manuel de Godoy, decidió transformar el viaje científico que proyectaba en una misión de espionaje destinado a averiguar las posibilidades de ocupación de Marruecos. Bajo el disfraz de príncipe árabe Ali Bey el Bagdadi, Domingo Badia llegó a Tánger en 1803 y después de ser autorizado por el Sultán recorrió el Marruecos entonces conocido para cumplir una misión de la que para entonces la Corte ya se había olvidado.

Diecinueve años más tarde, D. Tomás de Comin, en sus cartas de 1822 al político liberal D. Manuel José Quintana, recogidas posteriormente en un libro titulado “Ligera ojeada o breve idea del Imperio de Marruecos en 1822”, ofrecerá unas observaciones de gran interés sobre la posibilidad de tomar aquella ciudad, como punto de partida para la penetración en el Imperio jerifiano. Como las de Ali Bey, sus recomendaciones no tendrán ningún efecto porque cuando sus cartas llegan a su destinatario los liberales han perdido el poder y D. Manuel José Quintana ha caído en desgracia.

A fines del siglo XIX, el Marqués de Comillas, que también financió la construcción de las Escuelas Casa Riera (Marianistas), pidió al arquitecto Antoni Gaudi que proyectara una catedral para la misión franciscana de la ciudad. Gaudí llegó a Tánger en 1892 y después de recorrer el Atlas marroquí para inspirarse de la arquitectura bereber, presentó un impresionante proyecto. Si éste hubiera sido aceptado, la Sagrada Familia estaría hoy en Tánger y no en Barcelona.

Una ciudad de exilio que hay que reinventar

Tánger fue siempre una de esas ciudades de exilio y multi-
confesional como Alejandria, Beirut, Nicosia, Malta, que solo la civilización mediterránea ha sabido producir. En ellas, religiones, culturas e ideologías que en sus espacios nacionales de origen estaban a matar, convivieron puerta con puerta con toda naturalidad.

El secreto de esa convivencia, hoy añorada, está aún por estudiar, pero algunas claves son ostensibles: poco Estado, pocos impuestos, poco peso institucional, y un gran espacio común, generalmente diurno y políglota, para intercambios comerciales y sociales, en el que todos encontraban interesante estar presentes.
Algunos autores pretenden que en esas ciudades se vivía mejor que en los paraísos que cada religión prometía por separado a sus fieles.

Obras maestras de la literatura, como el Cuarteto de Alejandria de Lawrence Durrell, y La Vida Perra de Juanita Narboni del español Antonio Vázquez, dan cuenta de esa ciudadanía universal mediterránea que sólo tiene parecido, en otros registros más raciales, en El Caribe tan magistralmente descrito por el cubano Alejo Carpentier en El Siglo de las Luces.

Después de Ali Bey, la próxima gran descripción de Tánger la encontramos en un Album Recuerdo de Tánger, editado a finales de los años veinte por la Casa Bailly-Bailliere (Tessio de Costamagna) de Barcelona, realizado sobre el terreno con la valiosa colaboración del periodista Alberto España.

La ocupación española, un paréntesis

Después del paréntesis de la ocupación española (1940-1945), Tánger conoció una bonanza económica extraordinaria. Los catalanes exiliados o expatriados que acudieron, constituyeron el grupo cualitativamente más importante de la ciudad. Entre los primeros destacan Josep Andreu i Abelló y Josep Dencàs Puigdollers dos personalidades relevantes de la historia republicana de Cataluña.

Para entonces Abelló, que llegó a Tánger en 1949, no era ya un exiliado más. Entró en Tánger por la puerta ancha y fue reconocido de inmediato como un miembro destacado de la elite económica e influyente tangerina. Contaba para ello con el respaldo que le proporcionaba su condición de Director General del Banco Inmobiliario de Marruecos (BIM, a partir de 1953 también Mercantil, BIMM) que había creado con quien sería presidente de la entidad, Antoni Pedrol Rius.

Josep Dencàs llegó casi al mismo tiempo de su exilio italiano, abrió una consulta médica y contó desde el inicio con el apoyo del banco de Andreu, que estableció con él una “iguala” para la atención gratuita de sus empleados. En un Tánger donde la protección social era inexistente, aquella prestación del BIMM constituía una ayuda inestimable. Dencàs mantuvo una relación estrecha de amistad con Andreu en cuya residencia se reunían todos los domingos por la mañana.

En la casa de Andreu pasó una corta temporada también, a principios de la segunda mitad de los años cincuenta, el President Joseph Tarradellas, y allí, entre largas conversaciones con Andreu y Dencàs, escribió las Cartas que tanta influencia tuvieron en la política catalana de entonces.

Aunque relativamente pequeño en comparación con otros grandes bancos de la ciudad, el BIMM fue pionero en su política inmobiliaria y con sus urbanizaciones residenciales, Atlantic en Beni Makada y California en el Zoco de los Bueyes, abrió el camino para la expansión moderna de la ciudad en esas dos direcciones aún hoy válidas.

A caballo entre exiliados y expatriados estaban Esteban Feliú y su hijo Emilio, y el brazo derecho de ambos, Josep Toscas, que administraban e invertían dineros que les habían confiado otros catalanes. Los expatriados catalanes o del área lingüística del catalán, poseían algunos de los principales negocios y empresas de la ciudad, asociados a veces entre ellos o con importantes hombres de negocio de confesión judía como los Hassán y los Bendrien.

Empresarios, banqueros e industriales

En este grupo se encontraban los directores de banco Carlos Soler Cabot (Exterior de España) y Mariano Alapont Baixauli (Central), Juan Valls, propietario de Cementos Tánger, Juan Bonvilá, dueño del grupo de tiendas de Lámparas Bonvilá y de las ferreterías Almacenes Orbea, y otros varios como Enrique Morgades Huguet, propietario de la empresa Sacotec, y los arquitectos Asís Viladeval Marfá y Alfonso Siena Ochoa del estudio de ingenieros y arquitectos Arquin, instalados en la misma planta de la sede original del BIMM.

Joan Estelrich, fue director por un tiempo del Diario España; Antonio Llardent, propietario de una fábrica de losetas y socio de la Lotería Benéfica de Tánger. Su esposa, Isabel Viciana López, leridana, se convirtió en uno de los personajes quizá más admirados por la juventud de Tánger a la que ella, una magnifica soprano, animó y ayudó a desarrollar la Peña Lírica de la ciudad. Gracias a su diligencia, la iglesia del Sagrado Corazón de Tánger cuenta desde entonces con una imagen de la Virgen de Monserrat, que ofrecieron los catalanes.

La mayoría de los grandes negocios de ese grupo de catalanes se concertaba entonces en distendidas reuniones en un lujoso club privado creado por éstos en el centro de la ciudad. Josep Andreu i Abelló mantendrá con ellos una relación cordial pero distante hasta que desde el Comité de Iniciativas empresariales de Tánger, que le eligió vicepresidente en 1958, creó su propio Club Gandori, con un carácter igualmente selecto y privado, pero internacional.

El mismo año Andreu fue nombrado miembro de la Academia del Mediterráneo, con sede en Niza, en reconocimiento a sus constantes esfuerzos por imbricar a la economía de Tánger en la economía del Mediterráneo. Es quizá esa conciencia suya de la mediterraneidad la que le llevará en 1959, cuando el Sultán Mohammed V ya había decidido derogar la Carta Real que garantizaba un estatuto especial a Tánger, a formar parte de la delegación de hombres de negocios tangerinos que visitó en Rabat al rey marroquí para pedirle que no cortara los lazos de Tánger con el Mediterráneo y exhortarle a que concediese a la ciudad el régimen de puerto franco.

Pero Marruecos digería entonces su reciente independencia y el monarca, preocupado sobre todo por establecer su soberanía sobre el territorio, no accedió a los deseos de los tangerinos. Por ese motivo y al igual que el antiguo Protectorado español, Tánger conoció un periodo de vacas flacas responsable de buena parte de los problemas estructurales que padece aún.

La voluntad para comenzar a solucionarlos es de muy reciente aparición y en lo que a Tánger concierne los proyectos se articulan sobre la zona franca que tantos años atrás propuso Andreu i Abelló, y las esperanzas puestas en un gran y nuevo puerto mediterráneo.

Después de aquella negativa, el BIMM y otros bancos y empresas tangerinas trasladaron su centros de actividades a otros lugares. El BIMM abrió una sucursal en Andorra con algunos de sus empleados de Tánger, y parte del grupo de catalanes expatriados emigró a una Venezuela que, en la segunda mitad de los años cincuenta, despuntaba como el nuevo Eldorado que sustituiría a Tánger.

Andreu i Abelló regresó a Barcelona en 1961 para residir en la casa que se había visto obligado a abandonar en 1939.

De entre los catalanes más destacados de ambos grupos sólo Josep Dencàs permanecerá con su gabinete médico en Tánger hasta su fallecimiento en 1965.

Unos años antes había visitado Barcelona porque creía que ya había sido levantada la prohibición contra él de regresar a España pero no era así, aunque el falleció sin saberlo. Algunos refieren que este hombre singular dejaba como por descuido dinero para medicinas debajo de la almohada de sus pacientes más pobres.

Los empleados y colaboradores de Josep Andreu consultados para este trabajo le recuerdan todos con afecto y algunos llegan a decir que quien fuera fundador de Esquerra Republicana de Cataluña y Presidente del Tribunal de Casación de la Audiencia de Barcelona, les cambió radicalmente y para bien sus vidas. Algunos recuerdan con simpatía que cuando Andreu í Abelló llegó a Tánger aún hablaba con un marcado acento mexicano. Otros refieren que el BIMM, bajo su dirección, se convirtió en un auténtico consulado de Cataluña en Tánger donde ninguna petición razonable de ayuda quedó desatendida.

Aparte de Josep Dencàs, uno de los más importantes protegidos del banco fue Luis Mestres Capdevila, exgobernador de Tarragona, quien durante un tiempo vendió parcelas y pisos propiedad del banco. Josep Masdeu también le debe a Andreu su empleo en el Casino de Tánger. Cuando casi todos tuvieron que emigrar, Mestres regresó a Monterrey, de donde había venido, y allí rindió su vida.

El habano de Don Josep Andreu

A Andreu i Abelló se le recuerda como un hombre elegante, fumador de habanos, que siempre se desplazaba en un impresionante coche negro conducido también por un chofer negro impecablemente uniformado. Su situación social nunca le impidió seguir siendo un irreductible antifranquista. Su hijo Narcis Andreu Musté recuerda que cuando el nuevo embajador de España en Marruecos, Cristóbal del Castillo, quiso conocerle personalmente, su padre le dijo: “Embajador, no pretenderá Usted que yo vaya a la embajada. Venga usted a mi casa. Tendré mucho gusto en invitarle a almorzar”, a lo que de Castillo respondió: “Hombre, tampoco pretenderá Usted que yo vaya a su casa”.

Los dos hombres se vieron finalmente en el Hotel Minzah. Andreu tenía un especial interés en aquel encuentro. En 1939 él había salido para el exilio con el Presidente Lluis Companys y ambos se habían establecido en Paris. De allí Andreu fue a México vía Nueva York, pero Companys permaneció en la capital francesa, lo que finalmente le resultaría fatal cuando los alemanes ocuparon Francia.

Fue detenido por la Gestapo y recluido en la prisión de la Santé de La Baule y de allí conducido por la policía de Franco a la comisaría de la Puerta del Sol, donde fue maltratado antes de ser trasladado a Monjuïc para ser fusilado después de un juicio sumarísimo.

Cristóbal del Castillo era entonces el segundo del embajador en Paris José Félix de Lequerica, y Andreu quería saber cual había sido el papel desempeñado por ambos en la detención de Companys y cómo se había gestado ésta. Al parecer del Castillo negó rotundamente que él o Lequerica hubieran tomado parte en ello y le dijo que había sido una operación exclusiva de la Gestapo en colaboración con la policía de Franco.

Otros testigos han señalado al autor de este artículo que la única acción de reafirmación republicana y antifranquista de cierta repercusión llevada a cabo en Tánger en esos años fue iniciativa de Andreu que la financió. En España el partido comunista llevaba a cabo allá por 1957 y 1958 una importante campaña a favor de la liberación de los presos políticos y por la democracia.

A través de un excapitán vasco republicano exiliado en Tánger, Andreu entró en contacto con el grupo del PCE de Tánger y les propuso llevar a cabo una acción simbólica que recordase a todos los confiados tangerinos que sus compatriotas de la Península luchaban todavía por la libertad.

Decidieron que las mayores repercusiones simbólicas se podían alcanzar con una acción contra lo que a su vez representaba el mayor símbolo del franquismo. El monumento del Llano Amarillo, en Ketama, zona del anterior Protectorado español cercana a Tánger, había sido erigido para recordar el juramento de levantarse contra la República que se habían hecho los oficiales que participaban allí el 12 de julio de 1936 en unas maniobras. Simbolizaba, para el franquismo, la primera llamada concreta a la rebelión.

Operación Llano Amarillo

Estudiada la acción, una madrugada, cinco miembros del partido comunista de Tánger, Mendizábal, Guia, Avila, Pedreira y Manolo “el pastelero”, tomaron asiento en el Opel Capitán del primero, cubiertos de guardapolvos grises, transportando grandes botes de pintura y brochas en el maletero, y se dirigieron al Llano Amarillo para dejar en el monumento pintadas reclamando Amnistía y Libertad para los presos políticos. El conductor del coche dejó a los otros cuatro al pie del objetivo y se marchó para no llamar la atención de la Gendarmería marroquí próxima, con la intención de regresar media hora después a recogerles.

La operación estuvo a punto de fracasar porque los “complotados” no podían abrir las latas de pintura. Cuando al fin lo lograron, el automóvil que debía recogerles estaba a punto de regresar, así es que las pintadas tuvieron que ser hechas a toda prisa lo cual contribuyó a empeorar el estado en que quedó el obelisco.

Aquella acción conmocionó a toda la población de Tánger: los franquistas se sintieron ultrajados; los demás lo celebraron. De Tánger salían autobuses de “turistas” para ver el estado en que había quedado el monumento y sacar fotografías. El propio Mendizábal fue uno de los que con su cámara, al día siguiente, tomó fotos que luego fueron vendidas entre los miembros y simpatizantes del PCE.

El importe de esas ventas, junto con el dinero que sobró de lo que dio Andreu Abelló, fue enviado como ayuda a las familias de algunos presos políticos. Las especulaciones, a cual más fantasiosa, animaron los corrillos de la ciudad durante un tiempo. La revista Mauritania, órgano de la misión franciscana de Tánger, fue la más expresiva de ese sentimiento ultrajado.

En un artículo firmado por el Padre Pazos se mencionaba la conmoción que los hechos habían causado al Padre Juan, quien nada más enterarse de lo sucedido se dirigió al monumento para limpiarlo él mismo y allí pedir a Dios el castigo de los culpables. El artículo, ilustrado con una foto del citado padre al pie del monumento, señalaba, como los rumores, que “el nocturno profanador hablaba ruso, francés y español” mientras que otros afirmaban que el coche utilizado estaba matriculado en un país del Este.

Los organizadores podían estar satisfechos. La acción estaba recibiendo mucha más publicidad de la esperada. Más tarde el PCE en colaboración con algunos marroquíes nacionalistas e izquierdistas de la ciudad, como el ex ministro marroquí y actual presidente del Partido Liberal de Marruecos, Ahmed Ziane, hicieron campaña para que el gobierno marroquí destruyera aquel monumento, lo cual no fue necesario pues antes de que la
“temperatura” nacionalista subiese, un centenar de camiones enviados por el gobierno español, trasladaron piedra a piedra el obelisco a la ciudad de Ceuta, donde aún se encuentra.

Cuando todos se animen a contar sus versiones, puede que la historia reciente de España deje de tener esa versión única de que hablaba François Furet.
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Rosalinda Powell Fox: ¿Espía, amante, aventurera aristocrática?

La historia está llena de hechos y acontecimientos protagonizados por mujeres que no son conocidos o solo son parcialmente conocidos porque no han tenido quien los cuente. El caso de Rosalinda Powell Fox es el paradigma de esas mujeres anónimas que tuvieron un papel importante durante el protectorado y en Tánger. Este relato solo se propone sacarla del ovlido



Artículo publicado en la revista Afkar Ideas nº 6 Primavera de 2005, con el título de Rosalinda Powell Fox: ¿Espía, amante, aventurera aristocrática? Una vida llena de misterios.

Domingo del Pino Gutiérrez

Rosalinda Powell Fox cambió, según Churchill, el curso de la Segunda Guerra Mundial.


El presente ya no es lo que era; el futuro tampoco es lo que será. Nuestro pasado y todo lo que hacemos o somos en el presente es sistemáticamente digitalizado e incluido en bancos de datos sin alma, propiedad de empresas privadas que lo comercializan, venden e intercambian como cosa propia cuando le ven algún valor.

Nuestra existencia no es un secreto para nadie, excepto para nosotros mismos. Un gran hermano Orwelliano sin estados de ánimo, que puede tomar la apariencia corporal de un inspector de Hacienda, de un banquero, o de cualquier vendedor de chatarrería telefónica innecesaria, dispone ya de muchos más datos sobre nuestra vida de los que nosotros mismos somos humanamente capaces de recordar.

Tenemos la ¿suerte? de vivir en plena era digital y la red nos ha recogido en ella para bien y para mal. El destino, la moira tan importante en la tragedia griega, es ahora alfanumérico, convertible a bytes, kilobytes que miden la importancia de cada individuo. Se trata de una importancia que siempre será relativa porque depende del azar; de las veces que los robots que vigilan permanentemente el ciberespacio hayan encontrado nuestro nombre. El futuro es lo que la red recoge y esa cosecha deja fuera a grandes personajes, a pueblos y naciones enteros, que no salgan en las páginas de los periódicos o en las reseñas de libros.

Rosalinda Powell Fox es un caso típico de esas injusticias alfanuméricas que se preparan. Cuando quise saber de ella recurrí a la red y sólo encontré una mención, la del libro de memorias que escribió muy avanzada ya su vida. *The Grass and the Asphalt* sólo vio la luz gracias a la generosidad de un grupo de amigos de Sotogrande.

Muerte en Guadarranque


Rosalinda Fox ha declinado su vida el pasado mes de diciembre en aquel Guadarranque gaditano donde pasó media existencia, desde un asfalto español que mira a la hierba vecina de Marruecos. A sus 96 años de edad sobrevivió a todos aquellos que desde la pubertad le auguraban corta vida y le prescribían reposo porque había contraído en la India del Imperio, British of course, una tuberculosis bovina incurable de las que, salvo contadas excepciones, llevan a la tumba.

Su vida, como todas las vidas interesantes, suscitó pasiones y odios, elogios y vituperios. Los dos más recurrentes fueron la de ser espía británica y querida de Juan Luis Beigbeder quien, en el tiempo que la conoció, fue agregado militar en Berlín en 1936, Alto Comisario en Marruecos desde el mismo año, ministro de Asuntos Exteriores en 1939, y desde 1940, general sin funciones, el peor estado en que puede encontrarse un militar. A partir de 1950, según lo describe Rosalinda Fox, era ya un “hombre roto y enfermo”.

En este presente feliz, alfanumérico, democrático y universalizante podemos preguntarnos qué sentido, qué utilidad, tienen los espías de carne y hueso o qué puede ser espiar. Los nostálgicos dirán, parafraseando a Jorge Manrique, que cualquier tiempo pasado fue mejor; los evolucionistas, que vivimos en el mejor de los mundos. En cualquier caso, felices los tiempos en que espías y espiados tenían como escenario de combate restaurantes famosos, salones alfombrados, y lechos de sábanas de satén y baldaquines.

En tiempos de cambio, todos compartían la emoción, la atracción irresistible de vivir la vida como si cada momento, cada gesto y cada palabra, pudiera ser el último.

No me refiero a esa lotería de la vida y de la muerte que la literatura o nosotros mismos cuando nos ponemos trascendentes llamamos destino. Me refiero al otro destino, que se juega también entre la vida y la muerte, el amor y el odio, pero que es consecuencia de actos conscientes, y nos mantiene pendientes de otras circunstancias que no sean las expectativas de vida ni las estadísticas de accidentes de carretera.


Las mujeres espías ignoradas por machismo


Una cierta tradición machista ha dado lugar a que el espionaje haya sido percibido en todos los tiempos como una cuestión de hombres y como una actividad relacionada con la guerra y los militares. La literatura y el cine han popularizado a algunas mujeres espías, desde Cleopatra a Mata-Hari. La última conocida, Alina de Romanones, autora de La Espía de las botas Rojas, como todas, se cuida de incluirse ella misma en un Gotha en el que ni están todas las que son ni son todas las que están.

Pero que fue la británica Rosalinda Powell Fox ¿espía, amante, o quizá última aventurera romántica de aquellas que desde finales del siglo XVII y el siglo XIX recorrieron el mundo? Rosalinda Fox ¿de quien está más cerca, de Mata-Hari o de la Comtesse de Gasparin? ¿De Vera Chalbur o de Lady Montagu? ¿De Caridad del Rio, para quien la razón ideológica impregna todos sus actos y pasiones, o de las dos mujeres del relato de Los Baibares y los doce capitanes de policía de Las Mil y Una Noches?

Fuese lo que fuese, Rosalinda Fox en su libro niega, página tras página, haber sido espía, aunque página tras página se adivina entre líneas una especie de secreto placer en sugerir que ha sido lo que dice que no fue. ¿Pero, quién fue y qué fue en verdad?

Rosalinda Powell Fox nació a principios de siglo de una familia inglesa acomodada de las muchas que vivían en India en la época del British Empire. La desposaron cuando tenía dieciséis años con un comerciante rico que también vivía en Calcuta. Cuando dos años después nació su hijo Johnny, Rosalinda contrajo una tuberculosis bovina incurable por la que los médicos solo le auguraban un rápido tránsito hacia la muerte.

Su marido, muy absorto en sus negocios para ocuparse de su esposa, prefirió enviarla a Inglaterra primero y a Suiza después con una generosa pensión mensual de 30 libras, una pequeña fortuna en su tiempo. El resto de la vida de Rosalinda es una lucha constante contra los pronósticos, sobre los que triunfó muriendo a los 96 años, en diciembre pasado, y después de haber enterrado a todos los seres que quiso en vida.

Con Gibraltar al fondo

A principios de los años cincuenta, Juan Luis Beigbeder, un hombre “roto y enfermo” según ella misma lo describe, le pidió que comprara una casita en algún lugar de la costa sur española desde donde se pudiera ver Marruecos. Rosalinda se decidió por Guadarranque, un pueblecito andaluz de la bahía de Algeciras cuya playa solo tenía como telón de fondo el Peñón de Gibraltar, una satisfacción para la propia Rosalinda, y detrás la costa norte marroquí, un último placer para Beigbeder. Último y breve porque Beigbeder falleció a las pocas semanas de haberse instalado en Guadarranque.

Los pocos que han escrito sobre la vida de Rosalinda afirman que hasta ese proyecto, convertir a Guadarranque en un apacible lugar de retiro para sus amigos y compatriotas, fue un fracaso porque una refinería de petróleo y una zona industrial vinieron a instalarse a la puerta del summer resort que había logrado edificar. Su existencia, sin embargo, sugiere todo lo contrario. Haber llegado a los 96 años padeciendo una tuberculosis bovina terminal es toda una proeza; que Winston Churchill dijera, según recuerda la señora Fox, que la guerra hubiera seguido un curso diferente de no ser por Rosalinda Fox supone una existencia llena de recodos misteriosos.

Para juzgar solo tenemos el libro de la propia Rosalinda. Rosalinda tuvo el curioso don de los grandes personajes de la historia de encontrarse siempre en el lugar apropiado en el momento adecuado: En Cascaes cuando un exiliado español de categoría, el General Sanjurjo, preparaba la insurrección contra la República y se disponía a presidir el gobierno que de ella resultase; en el hotel Adler de Berlín, en los prolegómenos del nazismo, donde ve de nuevo a Sanjurjo y conoce a un joven y culto agregado militar español llamado Juan Luis Beigbeder; en Tánger, coincidiendo con el nombramiento de Beigbeder como Alto Comisario de España en Marruecos con sede en la vecina Tetuán; en Tetuán a donde se traslada durante todo el tiempo que Beigbeder fue Alto Comisario; en Madrid en 1939 junto a un Beigbeder ministro de Asuntos Exteriores; y en 1950 en Guadarranque, de nuevo con Beigbeder, cuando ya el curso de la historia les ha dejado a ambos a un lado. Para entonces Rosalinda tenía 42 años de edad y en realidad había llenado su vida de suficientes emociones.

Inclinar a España por Inglaterra y a Inglaterra por España

¿Qué emociones? Las que su corazón les dicta seguir. Escribe Rosalinda que no me agradaba que los nacionales considerasen a Inglaterra una potencia inamistosa para España y se propuso convencer a Beigbeder de inclinarse por Inglaterra y a Inglaterra por España. ¿Demasiado para una mujer sola? En cualquier caso parece haber tenido cierto éxito: Yo preferiría que nos apoyase Gran bretaña en vez de Alemania le confiesa Beigbeder, pero la decisión es británica y no mía.

Para influir en la decisión de su país visitó en Tánger a sus amigos el Coronel Hal Durand y a Mary Beynon, ambos amigos del Secretario de Estado para Asuntos Exteriores, Lord Halifax. Duran y Beynon viajaron a Londres como facilitadores. La misión tendrá resultado positivo más tarde, cuando Juan Luis Beigbeder sea ya ministro de Asuntos Exteriores, e Inglaterra decida nombrar en Madrid a Sir Samuel Hoare para aplanar la falta de comunicación del anterior embajador británico con el ministro español.

Antes, en 1939, cuando Rosalinda se entera – porque Beigbeder se traía los documentos de la Alta Comisaría a casa para trabajar y compartía sus inquietudes con ella – que los franceses concentraban tropas en las fronteras del Protectorado español con la intención de ocuparlo si España entraba en guerra del lado de Alemania, Rosalinda decide averiguarlo por si misma y en su pequeño Austin 7 se lanza a las carreteras marroquíes y a las fronteras. Fue detenida por los franceses pero los encantos de mujer puedieron más que el deseo del general francés al mando de fusilarla por espía. De regreso a Tetuán pudo confirmar a Beigbeder la veracidad de la inteligencia recibida y el Alto Comisario, en consecuencia, decidió armar a las poblaciones fronterizas.

Aquel gesto hubiera podido precipitar las hostilidades con Francia y Rosalinda logró que el agregado militar británico en Gibraltar efectuase una mediación con los franceses como resultado de la cual éstos retiraron a la mayor parte de las fuerzas que habían concentrado en las fronteras de la zona española, y Beigbeder desarmó de nuevo a las poblaciones fronterizas. ¿A cambio de qué? El libro no lo dice pero sugiere que pudo haber sido la promesa, que Beigbeder entonces no podía garantizar aunque fuese su deseo, de que España no se aliaría con el Eje.

Curiosa promesa, si existió, pues en esos mismos meses al representante alemán, barón de Langenheim, el Jalifa le concedió, a instancias de Beigbeder, la Orden de la Mendubía por haber conseguido que Alemania proporcionase los grandes Junkers de transporte de tropas para trasladar al Ejército de Africa a la Península y que a fines de 1938 unidades de la flota alemana al mando del Almirante Roeder visitaran el puerto de Ceuta y Beigbeder les agasajara en la Alta Comisaría.

Inglaterra no ha perdido una sola guerra en mil años

¿Beigbeder era aún pro-alemán? Pudiera ser. Rosalinda Fox escribe que “me tomé como tarea personal hacer que Juan Luis viera el punto de vista de Inglaterra en la contienda”. Como todos los ingleses, siempre que discute con Beigbeder termina pidiéndole que no olvide que “Inglaterra no ha perdido ni una sola guerra en miles de años”. Sin embargo, money is money incluso o sobretodo para una nación que nunca perdió una guerra. Rosalinda, a pesar de que lo intentó, no logró nunca que Inglaterra le prestase a España los cinco millones de libras que Beigbeder le sugería que le prestase para saldar la deuda de España con Italia y poder adoptar una actitud neutral.

Pero en Madrid el ministro de Asuntos Exteriores y sus aspiraciones neutralistas se quedaron solos. El gobierno, dice Rosalinda, es unánimemente pro-alemán y mientras Beigbeder intentaba convencer al embajador Hoare de que podía influir para que España fuera neutral, Serrano Suñer viajaba el 15 de septiembre de 1939 a Alemania para participar en un cóctel que el mismísimo Hitler ofrecía a sus íntimos aliados para celebrar la victoria sobre Inglaterra. ¿Qué victoria? Para esas fechas, Alemania aún no había atacado a Inglaterra, así es que la información sobre el viaje de Serrano Suñer y sus motivos podía ser de vital importancia para Londres y Beigbeder se lo comunicó a Sir S. Hoare.

Para entonces Rosalinda ya había pasado a encabezar una lista negra de la Gestapo en España y Juan Luis Beigbeder le aconsejó, preocupado por su vida, que regresase a Estoril. El 17 de octubre de 1940 Beigbeder sería destituido como ministro de Asuntos Exteriores, sustituido por Serrano Suñer, cuñado de Franco, y confinado bajo arresto domiciliario en Ronda.

De esa privación de libertad no saldrá y por un tiempo breve, hasta después de terminada la II Guerra Mundial, cuando Franco le envió en misión especial para ayudar a restablecer los lazos con Estados Unidos, deteriorados durante la guerra. Su rehabilitación será breve y pronto caerá de nuevo en las redes de la historia acusado de complotar contra el propio Franco. Es la época en que Rosalinda Fox le verá de nuevo y dirá de él que es una “hombre roto y enfermo”.

Su vida había transcurrido en el glamour de los acaudalados retirados británicos que buscaban el sol, la comodidad y el cambio favorable de la libra con las monedas locales. Cascaes, Estoril, Tánger, Madrid, los grandes hoteles de lujo, el Palace y el Ritz, un piso de 44 habitaciones en Lisboa, otro más grande aún en Madrid. Cuando se instaló en Guadarranque toda la propiedad había sido puesta a su nombre y su viejo Austin 7 había dejado paso a un Rolls-Royce.

Combate al fascismo pero simpatiza secretamente con el franquismo

Su alma aristocrática, no obstante, no le permitía ver hechos que no hubieran escapado a una auténtica espía. Rosalinda era muy consciente de la importancia de la historia en la que estaba participando, pero no de la tragedia humana que ésta provocaba en los dos lados. Luchó con todos sus encantos porque España no se alíase con Alemania, pero al igual que su contemporánea Isabelle de France, Duchesse de Guise, parecía simpatizar con un franquismo que ella había interiorizado como la necesidad de poner de rodillas al comunismo en España para evitar ese “monopolio capitalista estatal que se denomina a si mismo socialismo”. Su implicación no era ideológica sino simplemente practica, para que no se cumpliese el intercambio que Hitler ofrecía a Franco, Gibraltar por el apoyo en la guerra.

Esta misma percepción era la de los gobiernos aliados de la época y la razón última por la cual fracasaron incluso los intentos republicanos de sublevar a los marroquíes contra el Ejercito español de Africa, algo que de haberse producido hubiera podido cambiar el curso de la historia de España. La cuestión es ¿son los otros los únicos responsables? ¿La República en su conjunto puede seguir siendo tratada desde esta perspectiva acrítica que 65 años después aún prevalece en ambos bandos? ¿El fracaso de los intentos de sublevar a los marroquíes contra el Ejército africano, a su vez sublevado contra la República, solo es imputable a las ingenuidades de Carlos de Baraibar?

El libro de Rosalinda incluye algunos indicios para un análisis critico: en plena guerra civil y cuando la Armada de Franco solo disponía de dos barcos, Beigbeder le pidió y Franco lo concedió sin vacilar, que prestase uno de ellos para trasladar a los peregrinos marroquíes a La Meca. “Era”, escribe Rosalinda,
“como pedirle a Whitehall la mitad de la Royal Navy en medio de una guerra”. “Juan Luis Beigbeder”, señala en otro contexto, “tenía un respeto genuino por las tradiciones y el modo de vida árabes, no calificaba de feudales a sus instituciones como hacían otros con desprecio en aras de un realismo socialista”.

Prejuicios de izquierda impidieron que Marruecos apoyase a la República

La lectura de los documentos relacionados con este intento de sublevar a Marruecos de los archivos de la CNT de Amsterdam demuestra que al menos esta corriente política, tan capital en la historia de la II República española, albergaba hacia los marroquíes no solo los prejuicios inscritos en el imaginario colectivo español como consecuencia de la descripción de siete siglos de la historia de España como una Cruzada religiosa contra el Islam magrebí, sino todos aquellos de ese comunismo de estilo soviético que consideró desde el inicio a la religión como el opio de los pueblos. Pero esto es otra historia sobre la que valdría la pena volver en otro lugar.

Su libro está lleno de comentarios pertinentes y sugestivos que permiten reflexionar sobre hechos importantes de nuestra historia y aunque algunos hechos relevantes escaparon a la perspicacia de Rosalinda, no dejan de constituir una poderosa llamada a la reflexión. Por ejemplo, porqué el Ejército español de Africa, sublevado en el 36 contra la República, logró movilizar a numerosos marroquíes en su apoyo.

“Juan Luis”, dice Rosalinda refiriéndose al hombre con el que compartió buena para de su vida, el Coronel Juan Luis Beigbeder, a la sazón Alto Comisario de España en Marruecos, “tenía un respeto auténtico por las tradiciones árabes, por su modo de vida, y jamás sintió el más mínimo desprecio por su religión, sus instituciones, ni jamás las consideró feudales o supersticiosas, ni intentó barrerlas en aras e un realismo socialista como hacían los soviéticos en las repúblicas musulmanas”.

En Marruecos se jugaba una partida decisiva para los destinos de España y Juan Luis Beigbeder fue un actor destacado en ella; en Burgos y Madrid, más tarde y siendo ministro de Asuntos Exteriores, se jugaría otra partida importante para el destino mismo de Europa, en la que Beigbeder, no obstante la brevedad de su ejercicio como ministro, dejaría su impronta.

Gracias a él ¿y él gracias a Rosalinda Fox? el régimen del 18 de Julio peregrinó de una abierta simpatía con las potencias del Eje, a una neutralidad más o menos respetada que le permitió sobrevivir en 1945 cuando triunfaron los Aliados.

Rosalinda Fox y Juan Luis Beigbeder, independientemente de los hechos y acusaciones que jalonaron sus vidas después, merecerían ser recordados por haber abogado por la alianza con Inglaterra, ella por razones estratégicas y Beigbeder tal vez por motivos tácticos, nadando contra una corriente general en el poder que tenía sus ojos fijos en el Führer, sus pensamientos en el nacionalsocialismo, y su corazón en la Legión Cóndor.

Pero una esposa extranjera, o una amante como era el caso de Rosalinda Fox, era entonces un talón de Aquiles demasiado fácil de atacar tratándose de un ministro tan vistoso como el de Asuntos Exteriores. La historia les dio la razón, pero como siempre la historia da la razón pero no rehabilita a las personas que la tuvieron en su momento dado.
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12/16/2009

Conmemoración del " Alzamiento Nacional" en Tánger

Reseña publicada por el diario España de Tánger el 19 de julio de 1944 con el título de Las fiestas conmemorativas del Alzamiento Nacional en Marruecos. Aquí se recoge sólo la reseña de relacionada con Tánger.



Conmemoración del Alzamiento Nacional en Tánger

Ayer se celebraron brillantes actos con motivo del VIII aniversario del Glorioso Alzamiento Nacional. Por la mañana se dijo una misa rezada en la iglesia de la Purísima. Asistieron las autoridades, jerarquías, representaciones militares y civiles. El templo se hallaba lleno de fieles.
A las doce y media se celebró en el Consulado General de España una recepción oficial, ante el general Uriarte, delegado de Su Excelencia el Alto Comisario, y rodeado de las autoridades españolas, musulmanas, Cuerpo Diplomático acreditado en Tánger, y agregados militares y navales extranjeros. Desfilaron todos los elementos representativos de la Administración Marroquí y del Protectorado, Junta Municipal, funcionarios, Falange Española Tradicionalista y de las JONS, Comercio, Industria,
Banca, colonia española, musulmana e israelita, jefes y oficiales del Ejército y la Marina.

Rindió honores una compañía de Infantería con bandera, banda y música. Después de la recepción el general Uriarte, acompañado de autoridades y jefes de Cuerpo y Servicios de la guarnición se trasladó al Bajalato para cumplimentar al Ilmo. Sr. Bajá de la ciudad en acto de gratitud por la cooperación del pueblo musulmán en nuestra campaña de liberación. Entre el general Uriarte y la primera autoridad marroquí de Tánger se cambiaron afectuosos discursos.

Por la noche tuvo lugar una animadísima verbena popular en la Avenida de España. En la residencia del general delegado de la Alta Comisaría se efectuó un reparto de donativos a las viudas v huérfanos del Ejército. El general Uriarte les dirigió cariñosas palabras enalteciendo la memoria de aquellos que sacrificaron sus vidas por la Patria. Los concurrentes fueron obsequiados con la proverbial gentileza de la señora de Uriarte, presidente delegada en Tánger de la Asociación de Viudas y Huérfanos del Ejército.

En el Comedor de Ancianos se sirvió una comida extraordinaria. Entre los acogidos se distribuyeron prendas de vestir, se hizo un reparto de pan blanco y los hombres fueron agasajados también con tabaco. La esposa del general Uriarte, acompañada de distinguidas damas de la localidad recorrió los hospitales entregando obsequios a los enfermos.
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Primera Comunión, Marianistas curso 1953-1954

Esta foto es cortesía de Ricardo Bustos. Agradecería a quienes se puedan
identificar que me lo digan indicando dónde están y asi añado sus nombres debajo de la foto.

 
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Marianistas 1953-1954 Ricardo Bustos

 
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11/23/2009

La magnanimidad de Franco, según el diario España de Tánger

En estos tiempos en que tanto se habla de Tánger se dice que el Diario España de Tánger representó “una bocanada de aire fresco”, que “ayudó al advenimiento de la democracia en España”, y otras expresiones parecidas. Admito que no se puede hablar de un Diario España único; no fue el mismo el que crearon en 1938 Juan Luis Beigbeder y Gregorio Corrochano, que el dirigido por Haro Tecglen casi un cuarto siglo después. Pero de lo que no cabe duda es de que el Diario España de Tánger en todas sus etapas, cumplió su cometido de intentar presentar al mundo un rostro amable del régimen franquista. El editorial que se reproduce a continuación, publicado menos de un año antes de la entrada de las tropas de Franco en Tánger y antes de una desbandada de españoles demócratas y republicanos, pero también de una nueva preocupación de los judíos que pronto vieron circular por las calles de la ciudad los uniformes militares alemanes, es ilustrativo de esa primera época del Diario.



Meridiano de Tánger
Diario España de Tánger de 4 de Octubre de 1939

Magnanimidad de franco

El gesto del Caudillo al firmar un indulto tan amplio como el que ha concedido en el aniversario de su consagración como jefe supremo del Estado español, demuestra una vez más —estas pruebas son diarias en su actuación de jefe de la paz— no sólo la magnífica generosidad de su corazón, sino estas dos cosas: la consecuencia de su política de unidad y la exactitud de su apreciación y de sus modos en aplicarla.

Franco quiere y ordena la unidad espiritual de todos los españoles, y sabe que esa unidad es ardientemente deseada también por toda la nación, que él encarna y dirige. Por eso, a medida que los rigores de la guerra, que no
existieron únicamente en la materialidad de las destrucciones y de la lucha, se convierten en el orden y en la fecundidad de la paz, su corazón se abre a la indulgencia para los que cometieron delitos, a fin de sumarlos de un modo muy español, por medio de la generosidad, a la tarea común, y concede la libertad a muchos centenares de españoles, la mayoría de los cuales procedieron, sin duda alguna, engañados por falsas predicaciones y malos ejemplos.

Pero esta generosidad de Franco está informada, como todas sus decisiones, por un espíritu de suprema equidad y por una norma ecuánime que le da su verdadero valor de generosidad consciente y serenamente decidida. No se trata de un gesto alegre, abierto sin más ni más a un olvido que llevaría dentro de las bellas hojas de la magnanimidad la espina de la anulación de la ejemplaridad, y por ello los indultos son concedidos de modo que sólo sean como un escalón en el camino del perdón.

Su generosidad ha sido, sin embargo, total, ya que todos los que sufrieron condena, aun por los delitos más graves, recibirán la gracia de una disminución en la pena, o la suprema gracia de la vida quedando únicamente excluidos de aquélla los que son responsables de delitos de sangre.

Brilla también en este gesto de Franco una magnifica continuidad en su norma 'edifica'. Su espíritu ha estado siempre abierto y patente a España y todos y cada uno de los españoles, en los que ve, incluso en los descarriados, a hijos de la misma nación y de la misma sangre. Admite en todos, con arreglo al supremo ideal de la Hispanidad,la posibilidad de una recuperación total, como las doctrinas católicas disciernen a cada hombre, aun al sumido más profundamente en la abyección, si media la Gracia. Franco, que desea la perfección de todos los españoles, pone al alcance de cada uno, incluso de los que más se alejaron de sus deberes para con la Patria, la Gracia suprema, la posibilidad inmediata de poder rehacer su vida y de poder volver al seno común de la Patria para servirla
y honrarla.

Y en su ánimo, como en el de todos los españoles dignos, no queda, una vez concedido el perdón, ningún rencor, ninguna mancha en el recuerdo que pueda enturbiar la pureza de la magnanimidad.
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11/19/2009

Colonialismo y anticolonialismo español de los siglos XIX y XX

El político Gabriel Maura Gamazo y el diplomático Gonzalo de Reparaz, representan una visión alternativa del pensamiento colonialista español tan claramente expresado por políticos como Canalejas, y Costa. Recojo aqui opiniones del primero para recordar que, aunque no prevalecieron, el colonialismo español no se abrió camino sin oposición intelectual.


Datos tomados de:
Gonzalo de Reparaz
Páginas turbias de la historia de España que ahora se ponen en claro.Bosquejo de una nueva orientación de la historia y de la política españolas
M. Aguilar, editor
Madrid, 1926

Tánger (1), la población menos mora del Imperio, era, y seguirá siendo, campo de nuestra emigración. Abundan allí los españoles pobres, que hacen gran competencia à los indígenas en el desempeño de los oficios más humildes. Un hermoso barrio de la ciudad se llama de San Francisco, y contiene el magnífico hospital que pregona nuestra ya antigua acción civilizadora.

Pero Tánger la perra, como la nombran los marroquíes viéndola por tantos cristianos profanada, no es productora, sino comercial, y si en la estadística del capítulo anterior vimos que, España ocupa el segundo lugar, tanto en lo que se refiere al número de navíos que entraron en el puerto, como en su total tonelaje; ello procede de que el vapor Joaquín del Piélago, de la Compañía Trasantlántica, que sirve de correo entre Algeciras y Cádiz, con escala en Gibraltar y Tánger, entra en este puerto trescientas veces al año, y cada una de ellas se inscribe en los registros consulares todo su tonelaje.

Este es, sin embargo, el único puerto marroquí en el que nuestro comercio ocupó en 1901 el segundo lugar (el primero correspondió al inglés), sumando importaciones y exportaciones; pero mientras Francia importaba allí por valor de dos millones y exportaba sólo seiscientos mil y pico francos, nuestras importaciones no llegaban à cuatrocientos mil francos y nuestras exportaciones de Marruecos, por Tánger, pasaban de dos millones y medio.

También en Tetuán hay recuerdos españoles; no sólo las tumbas de los héroes del 60, situadas en una colina, al noroeste de la población, sino el camino que une à la ciudad con el puerto, en la desembocadura del Gelú; poco más de dos leguas, cruzadas por la mejor, si no la única carretera marroquí, construida por los españoles durante su ocupación, y respetada luego por los moros, que no hicieron otro tanto con las importantes obras urbanas, entonces también realizadas.

(1) Aprovecho en todo esto capítulo los datos y noticias acopiados en la obra de Budgett Meakin, The Land of the Moors, que con las otras dos del mismo autor, tantas veces citadas, constituyen lo más completo de cuanto acerca de Marruecos se ha escrito.
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